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martes, 29 de octubre de 2013

El buen vivir, un concepto en disputa

Remedios Sánchez
lalineadefuego.info

La persistencia y recrudecimiento de varios problemas sociales, económicos, ambientales y culturales, evidencian que el planeta atraviesa en la actualidad una crisis que amenaza no solo la estabilidad política de varios países, sino que pone en tela de duda los supuestos sobre los que se ha levantado la llamada modernidad. Obsesionados por vivir “mejor”, en términos de tener cada vez más posesiones materiales y supuestos satisfactores, los seres humanos no hemos tenido empacho en echar mano de todo lo que nos rodea bajo la creencia de que la tecnología suplirá los daños que provocamos al planeta y nos permitirá resarcir, posteriormente, la pérdida de ecosistemas, biodiversidad y especies. Poco ha importado que en esta desenfrenada voracidad por vivir mejor, grandes contingentes de seres humanos hayan quedado relegados de la consecución de sus más elementales derechos, o que hayamos olvidado que somos parte de un sistema mayor en el que cada uno de sus componentes tiene una función que alimenta la trama de la vida. Menos importancia hemos dado a la erosión y pérdida de culturas, de lenguas y saberes milenarios, de los que con mayor humildad y una menor devoción a la “verdad” de occidente, podríamos aprender –o haber aprendido- nuevas formas de relacionarnos entre nosotros y con la naturaleza.

En esta lógica de crecimiento económico ilimitado, con un gran simplismo confundimos los medios con los fines, y otorgamos al mercado y al dinero un papel decisivo en la definición del rumbo por el que debería transitar la humanidad (Leff 2006). No hemos concedido oídos a lo señalado un siglo atrás por el economista húngaro Polanyi al advertir la falacia de considerar como mercancías a la naturaleza y a la fuerza de trabajo (Alimonda2011).

Las astronómicas cifras económicas en términos de producción interna bruta de los países, deuda externa, flujos financieros internacionales, no han podido paliar un descontento social cada vez más amplio respecto a la forma en cómo el mundo está organizado. Los problemas ambientales contemporáneos como los impactos generados por el calentamiento global, el debilitamiento de la capa de ozono, el achicamiento de la masa polar, las crecientes dificultades en el acceso a agua y merma significativa de su calidad, la pérdida de especies y bosques, erosión y pérdida de suelos, contaminación atmosférica, constituyen motivos de alerta para pensar que la carrera por el crecimiento económico continuo es claramente insostenible y que no podemos mantener los mismos patrones de producción y consumo, menos aún reproducir la forma de vida de las economías más ricas del planeta. Hay sobradas evidencias para afirmar que el “perfil metabólico”[1](Fischer-Kowalski y Haberl 2000)- los flujos de energía y materiales que utilizan estos países para satisfacer sus estilos de vida-no alcanzan para todos y que es imperativo comenzar a tomar en serio los límites finitos de la tierra, la escasez de recursos y las restricciones en sus funciones de absorción de residuos y ritmo de reposición natural de los recursos no renovables.

En medio de este panorama complejo, si algo positivo puede desprenderse de la crisis contemporánea que atravesamos es el llamado de atención a la necesidad de reubicar el centro de nuestras motivaciones y a considerar que la complejidad de los problemas actuales demanda respuestas integrales, innovadoras y contundentes, que den sentido a la vida, que doten nuevamente a la naturaleza de su significado propio, independientemente de la economía, y que identifiquen puntos de encuentro entre lo natural y lo social, la ecología y la cultura, lo material y lo simbólico(Leff 2006). Entre los inmensos cambios que debemos introducir, resulta ineludible el desafío de proponer una nueva epistemología que interpele el discurso occidental homogenizante y aportar en lo que hoy se denomina como “pensamiento de frontera”, “que cuestiona la modernidad (…) y se interroga sobre caminos y lógicas alternativas” (Alimonda2011: 26). Para decirlo en palabras de Escobar, “la habilidad de la modernidad para proveer soluciones a los problemas modernos es cada vez más estrecha, haciendo (…) factible una discusión sobre una transición más allá de la modernidad” (2011: 83).

En este contexto, y recogiendo el conocimiento milenario de los pueblos ancestrales, en los últimos años ha comenzado a configurarse un nuevo paradigma que contradice la noción del progreso sin fin: la noción del Buen Vivir, inspirada en el “Sumak Kawsay” o “Suma Qamaña” de los pueblos indígenas de los andes ecuatorianos y del altiplano boliviano, respectivamente, y que puede equiparse al "UtzK'aslemal" de los pueblos Mayas. Aunque no existe una definición única y compartida del Buen Vivir (lo que desde otra perspectiva también podría ser entendido como una poderosa potencialidad de este concepto en ciernes), resulta interesante discutir algunos de sus fundamentos sobre los que parecería identificarse cierto consenso alrededor de su acepción y alcance.

La noción del Buen Vivir busca la consecución de un equilibrio entre los seres humanos y la naturaleza. En este sentido, propone romper con la visión antropocéntrica que ha colocado a la naturaleza al servicio de los seres humanos y la ha convertido en su objeto de manipulación, dominio y apropiación. Al llamar a modificar nuestra actitud frente a la naturaleza, el Buen Vivir parte del principio de que todo forma parte de una sola unidad y que la alteración de un elemento fractura la estabilidad del flujo vital. Apela por tanto a recrear una forma de co-existencia con la naturaleza que en lugar de asentarse sobre la explotación de los recursos hasta su agotamiento, promueva su optimización para el bienestar colectivo.

Pero, lejos de ser una postura que únicamente aboga por las causas ecológicas, el Buen Vivir reconoce la necesidad de garantizar una vida plena para las comunidades humanas, desligada de la mercantilización a la que inevitablemente nos ha conducido el capital y un proceso de acumulación sin fin que ha desdibujado el sentido mismo de la existencia. De ahí que el Buen Vivir ponga énfasis, en la reciprocidad como principio fundacional de la convivencia humana y en la complementariedad según la que cada ámbito, sector o dimensión de la realidad se corresponden de manera armoniosa con otro ámbito, sector o dimensión del mundo. En la búsqueda de una vida plena, el Buen Vivir está íntimamente ligado a la interculturalidad y a la plurinacionalidad y en esa medida sugiere, por un lado, la necesidad de repensar nuevas formas de organización social y política de la mano con un nuevo modelo económico y aboga por otro lado, el encuentro entre saberes ancestrales, prácticas basadas en el lugar –para usar el lenguaje propuesto por Arturo Escobar (2011)- y lo mejor del pensamiento occidental y de los logros alcanzados en el mundo contemporáneo.

El Buen Vivir atraviesa la Constitución del Ecuador y consta como un derecho en la Constitución de Bolivia gracias a la lucha de movimientos sociales –principalmente de los pueblos indígenas- de ambos países y de una correlación de fuerzas que facilitó, en su momento, canales de interlocución y diálogo social. La construcción y concreción de sus postulados y principios está sin embargo aún pendiente. No basta que la incorporación del Buen Vivir conste en los más importantes cuerpos legales nacionales. Esta aparente conquista puede ser al mismo tiempo su mayor debilidad debido a los riesgos de institucionalizar su sentido.

La institucionalización del Buen Vivir y su consiguiente tecnocratización podría coartar y desviar la dimensión contestataria al orden establecido que está implícita en la génesis de esta noción pues con demasiada frecuencia el tradicional concepto de desarrollo, ese ideal de progreso (acumulación) incesante que promueve el capitalismo, es suplantado indiscriminada y acríticamente por el Buen Vivir. En última instancia, al ser cooptado por la institucionalización, el Buen Vivir es solo el ropaje bajo el que, con un aparentemente nuevo léxico, continúa un modelo de crecimiento económico fundamentalmente orientado a satisfacer la demanda externa, una democracia de baja intensidad y un manejo centralizado del poder político. Esta afirmación no es lamentablemente lejana al caso ecuatoriano en donde, antes que cambios estructurales, procesos de redistribución serios y sostenidos y rupturas profundas, bajo el régimen del Buen Vivir impulsado por el gobierno de la Revolución Ciudadana, hay cada vez más cercanía con una política de desarrollo basada en las denominadas ventajas competitivas –patrimonio natural- del que dispone el país y con un estilo de gestión política poco propenso a la participación y el diálogo.

Aunque podría argumentarse que en consideración del lapso transcurrido desde la aprobación de la Constitución ecuatoriana vigente (2008) a la actualidad es aún prematuro plantear una suerte de regresión en el alcance del concepto del Buen Vivir que instrumenta la institucionalidad del poder, algunos elementos de la coyuntura permiten corroborar tal afirmación. En efecto, es poco probable pensar que las excepcionales condiciones con las que ha contado el gobierno –importante respaldo social, control de todos los poderes del Estado, elevados ingresos producto de los altos precios del petróleo- puedan redituarse en los siguientes años a fin de introducir los cambios que aspiraba el país para transitar hacia el Buen Vivir y que posibilitaron el ascenso al poder del Presidente Correa. Estos cambios no se han producido en la magnitud y la forma que se esperaban; más bien se ha acentuado una orientación de la gestión pública distinta a la volcada en el primer plan de campaña y que ha provocado el distanciamiento con sus iniciales aliados: indígenas, ambientalistas y sectores de izquierda.

El proceso de institucionalización del Buen Vivir en el Ecuador ha dado poco espacio al diálogo intercultural, al juego democrático y a una real descentralización de la gestión pública, menos aún ha sentado las bases para avanzar en la construcción del Estado Plurinacional. La participación se circunscribe actualmente, como en el pasado, a los procesos electorales; sin diálogo ni espacios para procesar diferencias. El disenso es sinónimo de traición y no en pocos casos ha significado la criminalización de la protesta social.

En el plano económico, pese a la disponibilidad de un régimen de Buen Vivir y del reconocimiento de la naturaleza como sujeto de derechos[2], el énfasis de las actuales políticas públicas descansa aún en el extractivismo–que en el corto plazo se pretende extender hacia regiones relativamente alejadas de la dinámica del mercado- y en una concepción según la quees necesario inyectar importantes recursos económicos para avanzar en la superación de la pobreza y corregir las asimetrías sociales que soporta el Ecuador. En esta carrera hacia el progreso siguen pendientes políticas para modificar la estructura de propiedad de la tierra, una de las más inequitativas en la región, y disminuyen cada vez más las expectativas sobre los prometidos cambios para modificar la matriz productiva e iniciar la transición hacia una economía post-extractiva.

La propuesta más difundida al respecto, la Iniciativa ITT-Yasuní que proponía mantener en tierra las reservas petroleras de los campos Ishpingo-Tambococha-Tiputini (estimadas en 920 millones de barriles) localizadas al interior del Parque Nacional Yasuní, a cambio de una compensación internacional equivalente al 50% de los ingresos netos de las potenciales exportaciones de dichas reservas (estimadas en 7,2 millones de dólares), fue unilateralmente abandonada por el gobierno a mediados de agosto del 2013. A cambio de esta compensación, Ecuador se comprometía a no emitir 420 millones de toneladas métricas de CO2 a la atmósfera del planeta (cantidad equiparable a lo que cada año emiten Francia o Brasil).

Tal iniciativa constituía una oportunidad excepcional para sentar las bases de una nuevo pacto civilizatorio entre seres humanos y naturaleza, incorporaba el criterio de responsabilidades comunes y diferenciadas, abría las puertas para otro tipo de cooperación y para el reclamo de la deuda ecológica, protegía diversidad biológica única contenida en el Parque Yasuní y la vida de pueblos en aislamiento voluntario; constituía una respuesta efectiva para enfrentar el calentamiento global y el cambio climático. Así lo entendieron pueblos indígenas, jóvenes y diversos sectores sociales que se identificaron con la Iniciativa Yasuní-ITT y que, a raíz de la decisión gubernamental, presionan por la realización de una consulta ciudadana que decida su futuro.

El abandono de la Iniciativa Yasuní ITT por parte del gobierno ecuatoriano es solo el corolario de una tendencia que comenzó a manifestarse con más claridad hacia mediados de su segundo mandato (2009-2013) y sobre la que el Presidente Correa no ha tenido empacho en reiterar su adhesión: una economía sustentada en las riquezas hidrocarburíferas y minerales del país, una constante minimización de los impactos ambientales y sociales bajo el argumento de las bondades tecnológicas y una división de la sociedad entre supuestos defensores y detractores del progreso.

En este contexto, la posibilidad de mantener la noción del Buen Vivir como una “ilusión movilizadora”, como una postura política que confronte la racionalidad dominante, que haga eco de otras y diversas visiones e identidades y que reivindique los saberes plurales (Leff 2006; Escobar 2011),no puede supeditarse a lo que haga o deje de hacer el poder. El hecho de que el Buen Vivir siga siendo parte de una epistemología alternativa –y de una ecología política renovada- dependerá en gran medida de la correlación de fuerzas existente en cada sociedad, de la capacidad de organización y propuesta de los sectores sociales, de la necesaria reapropiación política de los conceptos, de la profundización de una democracia participativa y con espacios para la resolución de conflictos y disensos. Ventajosamente, el Sur global presenta evidencias de la construcción de una voluntad social cada vez más grande para iniciar una reconciliación entre los seres humanos y la Tierra y para establecer el cimiento de un nuevo pacto civilizatorio. Disputemos entonces el verdadero sentido del Buen Vivir.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Acosta, Alberto y Esperanza Martínez (comp.). El Buen Vivir. Una vía para el desarrollo. Ediciones Abya-Ayala. Quito, 2009.
Alimonda, Héctor. La colonialidad de la naturaleza. Una aproximación a la ecología política latinoamericana. En: La naturaleza colonizada. Ecología política y minería en América Latina. Alimonda, Héctor (coord.). Colección Grupos de Trabajo. CLACSO. Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Ediciones CICCUS. Buenos Aires, 2011. ISBN: 978-987-1543-84.7
Escobar, Arturo. Ecología política de la globalidad y la diferencia. En: La naturaleza colonizada. Ecología política y minería en América Latina. Alimonda, Héctor (coord.). Colección Grupos de Trabajo. CLACSO. Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Ediciones CICCUS. Buenos Aires, 2011. ISBN: 978-987-1543-84.7
Fischer-Kowalski, Marina y Helmut Haberl. El metabolismo socioeconómico. En: Ecología Política. No. 19. Cuadernos de Debate Internacional. Fundación Hogar del Empleado. Icaria Editorial. Barcelona, 2000. ISBN: 1138-6738.
Leff, Enrique. La ecología política en América Latina. Un campo en construcción. En publicación: Los tormentos de la materia. Aportes para una ecología política latinoamericana. Alimonda, Héctor. CLACSO. Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Buenos Aires, 2006. ISBN: 987-1183-37-2
Santos, Boaventura de Sousa. Refundación del Estado en América Latina.Perspectivas desde una epistemología del Sur. Ediciones Abya-Ayala. Quito, 2010.

Otros documentos consultados
República del Ecuador. Constitución del Ecuador. Asamblea Nacional Constituyente. Montecristi, 2008.
 República del Ecuador. Documento base de posición nacional. Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible Río+20. Martha Moncada (coord.). Ministerio Coordinador de Patrimonio. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Quito.2012.
SENPLADES.PlanNacionalparaelBuenVivir2009-2013.SecretaríaNacionaldePlanificaciónyDesarrollo.Quito, 2009.
SENPLADES. Evaluación. Plan Nacional para el Buen Vivir. Secretaría Nacional de Planificación. Quito, 2012.

Notas
[1]Según algunas estimaciones, las necesidades materiales totales –que incluye los insumos materiales directos y los denominados flujos ocultos- de los países industrializados ascienden a más de 80 toneladas por persona al año (Fischer-Kowalski y Haberl 2000:25).


[2]El reconocimiento de la naturaleza como sujeto de derechos consta por primera vez a nivel mundial en la Constitución ecuatoriana del 2008.

sábado, 26 de octubre de 2013

El boom del Coltán y el exterminio de los pueblos indígenas

Por: Linda Manaka Infante

En días recientes mucho se ha escrito en relación a este mineral estratégico localizado al sur de Venezuela. El coltán en Territorio Venezolano se encuentra en el estado Amazonas y la parte oeste del estado Bolívar. Allí habitan los pueblos indígenas Baniva, Piaroa, Yekuana y Jivi, la relación de estos pueblos indígenas con sus tierras y territorios tradicionales constituye, una parte fundamental de su identidad y espiritualidad y está profundamente arraigada en su cultura y en su historia. Estos pueblos indígenas también son profundamente conscientes de la relación existente entre las consecuencias ambientales de diversos tipos de desarrollo en sus tierras y las consecuencias ambientales y las posteriores repercusiones para la salud de sus pueblos. A través de su profunda comprensión de la tierra y su conexión con ella, las comunidades indígenas han administrado su entorno en forma sostenible durante generaciones. A su vez, la flora, la fauna y otros recursos disponibles en las tierras y territorios indígenas les han proporcionado sus medios de vida y han nutrido a sus comunidades.

En estas comunidades, se vive de la agricultura, la caza, la pesca, la cestería. Para cazar realizan un viaje de 7 días.  La Comunidad selecciona lo que consume, y así no destruye los recursos naturales. Las tierras son trabajadas por toda la Comunidad. Nadie es individualmente dueño de la tierra, los derechos de propiedad son colectivos.  Si la persona no pertenece a la Comunidad no puede explotar la tierra. Aquí nadie se concibe a sí mismo sin su territorio, ya que los indígenas tienen un arraigo con el territorio que va más allá de la concepción material de las cosas, partiendo de lo espiritual consideran a sus mayores con admirable veneración, de igual manera lo son sus sitios ceremoniales, lugares sagrados como la misma tierra a quien llaman MADRE.

Es al mismo tiempo, un territorio con histórica ausencia estatal, víctimas de  garimpeiros, grupos armados, hasta masacres y agentes exógenos de toda índole que frecuentemente arremeten contra ellos, uno de los principales peligros contra la existencia misma de quienes han vivido allí desde tiempos milenarios, es precisamente el pecado de vivir en territorios con recursos naturales, sobre todo del llamado “oro azul”, que sin exagerar es más valioso que el oro negro, el oro blanco y el amarillo.

En una visión intercultural de la territorialidad indígena, como  la establecida en el ordenamiento jurídico venezolano, los pueblos indígenas son propietarios de sus territorios y de los recursos naturales que en ellos se encuentren. La Seguridad Territorial indígena es una obligación reconocida por el Estado venezolano a nivel constitucional y legal. Así, el artículo 119 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) señala lo siguiente:
 “El Estado reconocerá la existencia de los pueblos y comunidades indígenas (…) así como su hábitat y derechos originarios sobre las tierras que ancestralmente y tradicionalmente ocupan y que son necesarias para desarrollar y garantizar sus formas de vida.  Corresponderá al Ejecutivo Nacional, con la participación de los pueblos indígenas, demarcar y garantizar el derecho a la propiedad colectiva de sus tierras, las cuales serán inalienables, imprescriptibles, inembargables e intransferibles de acuerdo a lo establecido en esta Constitución y la ley”.
Del igual modo, el Estado venezolano suscribió el Convenio Nº 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas, que reconoce la Autonomía territorial indígena; y promulgó la Ley de Demarcación y Garantía del Hábitat y Tierras Indígenas (LDGHTI) y la Ley Orgánica de Pueblos y comunidades Indígenas (LOPCI), que establece lineamientos procedimentales para llevar a cabo la demarcación de Tierras y Territorios indígenas en Venezuela.

Más aún, la garantía de efectiva protección de la Territorialidad indígena -establecida en el Convenio Nº 169- supone una protección real y en la práctica, y no solamente una protección legal. Por ello, la obligación primaria del Estado es la de garantizar la demarcación territorial indígena, la cual realizará el Ejecutivo, por órgano de la Comisión Nacional de Demarcación (cuya Secretaria Ejecutiva está adscrita al Ministerio del Ambiente).

Simultáneamente, como garantía de los derechos territoriales de los Pueblos Indígenas, el Estado está en la obligación de abstenerse o de impedir cualquier intervención exógena en los territorios y tierras indígenas aún no demarcadas ni tituladas. Según los Datos del Censo Indígena Oficial (INE, año 2001), existen en Venezuela 35 Pueblos Indígenas, que hacen parte de 2.054 comunidades, que hacen un total de 534.816 habitantes indígenas del país.  Hasta ahora el Gobierno Nacional sólo ha entregado a las Comunidades Indígenas 21 Títulos de propiedad colectiva sobre sus Tierras, cifra la cual representa el 1,02 % del Total de Comunidades existentes.

En consecuencia, en la práctica no se encuentra totalmente garantizada en Venezuela la Seguridad Territorial para los Pueblos Indígenas, lo cual supondría la garantía estatal de su permanencia pacífica y auto-desarrollo, en el espacio histórica y culturalmente identificado como propio.

Un mineral “estratégico” ubicado en territorio indígena, con la intervención de terceros que explotan ilegalmente el coltán, no sólo impide a los indígenas la permanencia pacífica en su territorio, sino que además genera todo tipo de problemas que afectan principalmente a estos pueblos, como son; la proliferación de enfermedades, la emergencia de nuevas figuras de poder y autoridad que chocan culturalmente con las autoridades tradicionales indígenas, reclutamiento de niños soldados, situación de semi-esclavitud para las mujeres indígenas, entre tantos otros flagelos igualmente graves.

Ante todo ello, y a pesar que el tema adquiere relevancia en los medios de comunicación en días recientes, es un problema que data desde tiempo atrás. El pueblo Baniva a través de la Asociación de Pueblos Indígenas de Venezuela APIVEN desde 2006, ha acudido ante la Comisión de Demarcación  a los fines de titular su territorio de conformidad con la ley, han transcurrido más de cuatro (04) años sin recibir respuesta alguna. También elevaron petición ante la Gobernación del estado Amazonas, a los fines de solicitar su intervención para la implementación de la demarcación y titulación prevista en la ley, y su actuación ante la presencia de grupos que explotan ilegalmente el coltán en las comunidades del Eje Carretero Norte de Puerto Ayacucho, de ello tampoco se obtuvo respuesta.

Acciones de protesta de la mano de etnias hermanas (yukpas, barís, entre otros) para exigir la efectiva demarcación y titulación  de nuestras tierras, sin embargo, insisten en tratar de invisibilizar las luchas.

Es el caso que desde el año 2009 se han realizado actividades de exploración sobre la existencia de yacimientos de coltán en el norte del estado Amazonas, específicamente en las comunidades indígenas del eje carretero Norte hasta el poblado de Puerto Nuevo, conocido como “El Burro”. No obstante, el problema llega hasta el interior del estado Amazonas, afecta principalmente al Municipio Guainía, en los afluentes del Río Guainía, sector este que está en frontera con Colombia, donde se encuentra el Municipio Guainía Colombiano, que también tiene grandes reservas de coltán, explotado ilegalmente desde hace un par de años y de reciente inicio de explotación por parte del Estado Colombiano.

A la vez se ha realizado una explotación minera ilegal de coltán a pequeña escala que ha ocasionado la contaminación de algunos afluentes de ríos y la muerte de varios hermanos indígenas a causa de la contaminación de aguas producida por la explotación ilegal.

El Ministerio de Industrias Básicas y Minería de Venezuela a finales de 2009 publicó un informe de sobre los proyectos de exploración del Coltán en el Amazonas Venezolano. En el mismo, se informaba que ya se tenía previsto crear una empresa mixta para la explotación del coltán en 176.300 Kilómetros cuadrados del estado Amazonas, comenzando las primeras concesiones por los yacimientos ubicados en las adyacencias de las comunidades Piaroa y Baniva. El propio informe del MIBAN destaca:

“Se considera que la superficie total del área a explorar es de aproximadamente 176.300 Km2. Esta superficie representa casi un quinto del territorio nacional, es decir el 19%. A los fines de sensibilizar la magnitud del área a explotar, la misma equivale aproximadamente al 73% de la superficie del estado Bolívar (240.528 Km2) o aproximadamente al 96% del estado Amazonas (184.250 Km2)[1]”.

Así mismo señaló el Presidente de la República en Enero de 2010 la implementación del Plan Oro Azul[2], que comprende la militarización de la zona a explorar hasta tanto comiencen la explotación desde entonces nuestras tierras han estado militarizadas, impidiéndonos el acceso a muchos lugares sagrados y ocasionando agresiones contra los miembros de la comunidad.

En fecha reciente, anunció el Presidente de la República en cadena nacional que la Dirección de Concesiones Mineras del Ministerio para el Poder Popular de las Industrias Básicas y Minería, ya tiene elaborada la concesión a una empresa mixta para iniciar la exploración “sustentable” de los yacimientos.

El 96% del estado Amazonas será expuesto a la exploración del mineral, cuya actividad ha ocasionado la muerte de más de 5 millones de personas en el Congo, y que el Consejo de Seguridad de la ONU en su resolución 1952[3] adoptó un conjunto de resoluciones ante la persistencia de las violaciones a los derechos humanos, incluyendo el asesinato y el desplazamiento de un número significativo de civiles, el reclutamiento y la utilización de niños soldados y la violencia sexual generalizada, destacando  que los autores deben ser llevados ante la justicia, y reiterando su condena de todas las violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario en ese país.

No es difícil colegir entonces, que el Estado Venezolano desconoce el derecho a la consulta de los pueblos indígenas por estar afectados directa e indirectamente por dicha concesión. Ha violado el  derecho a la demarcación y titulación del territorio que tradicional y ancestralmente hemos tenido porque no ha creado los mecanismos eficaces para materializar este derecho. Así como también nos impide el uso de nuestro territorio por la militarización ordenada en el marco del Plan “Oro Azul”.

Según Erica Irene Daes, Relatora Especial de las Naciones Unidas en 2002, “El deterioro gradual de las sociedades indígenas se remonta al no reconocimiento de la profunda relación que los pueblos indígenas tienen con sus tierras, sus territorios y sus recursos.”

Es por ello, que observamos con preocupación que los temas de debate en relación a la existencia de coltán en Venezuela, se circunscriban a intereses de índole económico, transferencia de tecnología, potencial energético y su ofrecimiento al mercado internacional; el asunto no es sólo de interés estratégico, se trata de los seres humanos que allí viven, los pueblos indígenas que no consideran su existencia sin su territorio y que de ninguna forma el Estado ha obtenido su consentimiento previo, libre e informado (como es su obligación de acuerdo a la ley) para avanzar cualquier plan de desarrollo. El Estado avanza en exploración y creación de empresas mixtas para explotar coltán, cuando antes de cualquier acción debe emprender un proceso amplio de consultas a los pueblos indígenas a los fines de obtener su consentimiento previo libre e informado. Se espera de un gobierno que se precie de ser socialista, dar prioridad al ser humano antes que al capital, los pueblos indígenas afectados por la explotación del coltán deben ser tema prioritario en la agenda gubernamental. Esperemos que el Gobierno Bolivariano no cometa los mismos errores que los sandinistas, que no supieron entender las razones de los miskitos.

Twitter: @LindaManaka
lindamanakainfante@gmail.com



lunes, 21 de octubre de 2013

Diálogo con Correa por el parque Yasuní: Documento de Esteban Emilio Mosonyi presentado en el Celarg

Dr. Esteban Emilio Mosonyi – Antropólogo y lingüista
Rector de la Universidad Nacional
Experimental Indígena del Tauca

Comienzo esta intervención mía saludando al Presidente Correa de la hermana República del Ecuador, figura política mundialmente reconocida y hace muchos años esperanza de la humanidad progresista. Después del muy lamentable fallecimiento del Presidente Hugo Chávez, no cabe duda acerca del liderazgo de Rafael Correa en lo que concierne a la conducción de la ALBA y, más allá de esta, de todo el bloque de UNASUR, por no nombrar otros escenarios, también interesantes. Es hasta difícil sintetizar los logros de Correa, quien ha estabilizado como nunca antes a la República del Ecuador, resolviéndole una crisis secular, ha encaminado la Revolución Ciudadana obteniendo con ello –después de estar más de siete (7) años en el poder– una fuerte mayoría al cosechar una entusiasta reelección. Se le reconoce, pues, desde las filas revolucionarias como un conductor de pueblos capaz de poner en marcha y hacer avanzar grandes iniciativas prácticas, enrumbadas hacia utopías concretas.

Digo todo esto en homenaje de una experiencia política exitosa y en plena etapa de cumplimiento. Pero también hago estos señalamientos iniciales para dar a entender, despejando todo malentendido, desde dónde me dirijo al Presidente del pueblo ecuatoriano, sin irrespeto o malicia alguna; como a un hermano y aliado en la noble causa de los pueblos oprimidos del mundo, en la cual me enorgullezco de militar hace muchas décadas. Escogí de manera bien puntual el verbo “enorgullecer”, porque a veces no es bueno disfrazarse hipócritamente con el peto de una extrema modestia, que solo pretende encubrir complejos de toda índole y otros sentimientos malsanos. Estoy asumiendo este importante Diálogo como luchador social que también he obtenido considerables éxitos desde las profundidades del siglo o milenio pasado, especialmente en la defensa de la diversidad societaria.

De manera que al plantear el caso Yasuní, uno de los espacios con mayor biodiversidad en América o Abya Yala y en el mundo –foco también de una amplia sociodiversidad con sus indoblegables pueblos amazónicos– estoy tomando la palabra como quien predijo y contribuyó a echar las bases a un hermoso proceso de reivindicación, recuperación y no pocas veces revitalización de los pueblos nativos de nuestro Continente y aun más allá, en lo referente a sus derechos colectivos, tierras, culturas e idiomas.

Amo profundamente al Ecuador, país que he tenido el privilegio de visitar en múltiples ocasiones y con cuya historia, culturas e inigualables ecosistemas –piénsese también en el Archipiélago de los Galápagos– me siento con derecho a estar plenamente identificado. Más allá de la hermosa capital Quito y otros pujantes centros urbanos, he visitado con humilde pero consciente sentido de solidaridad una porción de su geografía telúrica y humana. Todavía me laten los recuerdos de Napo, de la Amazonía Ecuatoriana, donde el grupo de visitantes oficiales internacionales del cual formaba parte se encontró, entre otras gratas sorpresas, con el dinamismo de una comunidad kichwa amazónica, que supo darnos una magnífica lección. Esta versaba sobre lo que ya para ese momento –todavía muy dentro del horizonte temporal del siglo pasado– yo entendía como una versión acrisolada del modo de vida indígena por encima de sus legítimas diferencias étnicas y lingüísticas; que hoy día recibe el nombre de “sumak kawsay” y va despertando cada vez más entusiasmo en el mundo entero. Fuimos recibidos con una hospitalidad inesperada, en medio de unas demostraciones de capacidad organizativa propia que nunca pudimos olvidar.

Las y los voceros de esta comunidad –no la voy a nombrar por considerarla como parte de una vivencia generalizable– nos hicieron una descripción y una explicación convincentes de cómo ellos ordenan su vida presente y futura; sobre la base de su historia y cultura, su larguísima experiencia colectiva igualitaria y solidaria; su propia versión de la Educación Intercultural Bilingüe en Educación tanto Inicial como Básica; una muy variada economía agrícola, totalmente armonizada con la naturaleza circundante; incluso el riquísimo arte gastronómico amazónico que pudimos disfrutar en toda si sabrosura y originalidad, antes inédito para la mayoría del grupo visitante. También me conmovió sobremanera una actividad de aula, la clase impartida a un conjunto de niñas y niños de la Comunidad, en la cual la docente, en su mejor vestimenta típica incluyendo una hermosa corona de plumas en la cabeza –no como se hace ante la presencia de unos turistas y otros curiosos, sino en la plenitud de su deber profesional y ciudadano– dictó una clase que yo denominaría magistral, con una fluidez y control absoluto de su sonoro idioma, mostrando a la vez una cantidad de objetos presentes en su medio, de uso cotidiano. Posteriormente, ella tradujo al español sus propias palabras. Luego continuó con explicaciones metodológicas, siempre en alegre y exuberante diálogo con el auditorio, y no tardó en expresar en forma inteligente, crítica y autocrítica, sus importantes logros como comunidad, pero también las fallas y necesidades. Lo bueno no supone lo perfecto y además la interculturalidad implica enriquecerse con los aportes bien dosificados de la sociedad nacional y aun de la supranacional. Ni ellos ni mi persona somos nativistas exagerados, ni románticos incorregibles, si bien en lo personal admiro profundamente la creatividad sociodiversa que reinó durante el Romanticismo.

En ese Evento estuvieron presentes uno/as amigo/as y compañeros/as kichwa de la Sierra Ecuatoriana, quienes entendían perfectamente la variante lingüística de la zona selvática; pero no desaprovecharon la oportunidad de conversar con respeto y departir amigablemente con sus connacionales selvícolas llamando la atención sobre las diferencias, claramente perceptibles, entre sus formas de hablar el mismo idioma. Ello se evidenciaba en sus fonemas, su gramática y sobre todo en el vocabulario utilizado: una magnífica unidad en la diversidad. En ese mismo viaje visitamos también los alrededores de Otavalo, Provincia de Imbabura, donde encontramos comunidades kichwa igualmente organizadas, limpias y hospitalarias, celosas conservadoras de su lengua y cultura; pero cuidado, también en una actitud de interculturalidad dialogante con la nación ecuatoriana en su totalidad, que no admitía ambigüedad alguna: Ellos se consideran los más ecuatorianos de todos los ecuatorianos, en el mejor sentido afirmativo. La experiencia plurinacional ecuatoriana y boliviana nos demuestra claramente no solo la viabilidad sino también el valor intrínseco del pluralismo multidiverso.

En otra oportunidad, tuve la suerte de asistir a un rito ceremonial en las inmediaciones de Cuenca, donde me llamaba especialmente la atención el hermoso y a la vez sobrio vestuario femenino –en esa ocasión impecablemente blanco– y sobre todo la impresionante belleza de las mujeres jóvenes de la nacionalidad kichwa en esta región del país. Lo afirmo no con la novelería a veces enfermiza del viajero superficial, sino en tanto profesional de las ciencias sociales provisto de suficiente base teórica para apreciar, en sus justas dimensiones, todas aquellas manifestaciones de la sociodiversidad –así como de la biodiversidad– que hacen nuestra existencia planetaria merecedora de ser vivida. Si esta clase de experiencias no existiesen, ¿para qué viviéramos todos nosotros?. En tal sentido haré mías las palabras emitidas en una publicación de la Universidad Indígena Amawtay Wasi, Casa de la Sabiduría, ahora en mi condición de Rector de nuestra Universidad Indígena Venezolana de Tauca: “Sumak yachaypi alli kawsaypipash yachakuna. Tukuylla tukuypurarishpallami, sapan ñukanchik kikin uchilla llaktakunapika “sumak kawsay” yachayta rurashpa katinata ushashunmi” (Aprender en la sabiduría y el buen vivir: esto nos invita a todos y a cada uno a que desarrollemos nuestra capacidad de hacer nuestros propios recorridos, nuestros propios juegos, a fin de hacer de la vida en nuestras localidades un permanente proceso de construcción y reconstrucción del bien vivir).

Me esforzaré en resumir estas y otras experiencias análogas en la forma siguiente. Sé que lo relatado no presenta ni representa todo el Ecuador contemporáneo, sus urbes, sus instituciones. Eso para mí está claro. Ni siquiera agota la sociodiversidad ecuatoriana como tal, por no abarcar a los afrodescendientes de Esmeraldas; a los voluntariosos montuvios; tampoco hago mención ni alusión a varias de las nacionalidades indígenas, por ejemplo los omnipresentes hermanos shuar. Pero también es verdad que lo reflejado en estas breves páginas corresponde a una imagen impactante del Ecuador profundo –siguiendo la orientación del maestro mexicano Guillermo Bonfil Batalla– que establece una pancronía uniendo lo histórico con lo más actual e inmediato, lo telúrico con lo humano. Yo me decía en aquel entonces: “a este país impresionante en su concentrada megadiversidad solo le hace falta un sistema político y un gobierno que le resuelva los problemas carenciales enrumbándolo por las vías de un verdadero progreso”. Y como respondiendo a esa aspiración y ese deseo sentido por muchos, llegó un estadista talentoso con arrolladora vocación transformadora en la persona del Presidente Rafael Correa.

Efectivamente, el actual Presidente interpreta a Ecuador como nadie, en sus haberes y en sus necesidades. Me sorprendió gratamente su dominio del idioma kichwa, su justo reconocimiento de los pueblos y movimientos indígenas, para ser coherente con mis planteamientos iniciales: incluso una ejemplar preocupación por el ambiente y otros valores trascendentales. Con la mayor sinceridad de la que me creo capaz confieso que le aplaudí su ofrecimiento de salvar el Parque Yasuní, pero exigiendo paralelamente al resto del mundo una importante contribución financiera. No es justo que Ecuador, país más bien pobre en lo estrictamente económico, tenga que renunciar a la explotación de un recurso tan rentable como el petróleo, en forma unilateral, mientras que los países poderosos del mundo, muy a pesar de su henchido discurso ecológico, le den la espalda de la manera más cínica. Todo esto lo comparto con el Presidente Correa y verdaderamente lamento que no se haya movilizado el Planeta entero, para colaborar entre todos por la salvación de un rincón del orbe bendecido por una sin par biodiversidad.

Entiendo y comparto plenamente –casi de manera empática– estas duras realidades y los problemas que confronta el Presidente Correa. Sin embargo digo también, con plena conciencia del peso de mis palabras: Más allá de la sucia jugarreta de los Estados dominantes, de los emporios de poder económico, político y militar, de los amos del universo; por decirlo en una forma sintetizada, juzgo y sostengo que la respuesta de Ecuador no deberá ser el sacrificio de Yasuní I.T.T. (Ishpingo, Tambococha, Tiputini). No me sentiría conforme con la pérdida de la biodiversidad que este alberga y que se perdería irremisiblemente; al igual que los indígenas que allí habitan, los huaorani en especial, algunos de los cuales han optado inclusive por el aislamiento voluntario: en vista del marginamiento, deculturación y mortandad epidémica que vienen sufriendo sus hermanos más aculturados. Tengo documentos que acreditan la inmensa preocupación que el mismo Presidente siente y sigue teniendo por esos hermanos indígenas, que parecen condenados a correr la misma mala suerte de los arahuacos taínos de las Antillas cuando llegó con sus huestes el almirante Cristóbal Colón; quienes al poco tiempo comenzaron a entregarse a una febril explotación del oro, con sus terribles efectos esclavizantes y genocidas.

Es cierto que algunos defensores de la apertura petrolera propagan la idea de que actualmente se cuenta con una tecnología suficientemente avanzada para poder reducir cualquier impacto ambiental y sociocultural al mínimo; además de que la explotación como tal afectaría solo una mínima parte del Yasuní I.T.T. En el fondo todos sabemos que no es así; las experiencias ecuatorianas y de otras latitudes dondequiera en el mundo contradicen terriblemente tamaño optimismo. Si la extracción petrolífera fuese tan inofensiva, toda esta discusión estaría de más; pero los indicadores disponibles nos alertan sobre gravísimos peligros. Esto es válido para Ecuador y toda la Amazonía; es decir, para países como Brasil, Perú, Bolivia y la propia Venezuela, que cuenta con reservas petroleras para un medio milenio: si es que el país y el Planeta soportaran el extractivismo petro-minero intensivo por tanto tiempo. Mas el deterioro del Planeta ya hace rato comenzó y según cálculos fidedignos, objetivos y no sensacionalistas, avanza mucho más rápido que las previsiones más pesimistas.

Sabemos que el Presidente Correa ha exteriorizado más conciencia y preocupación ambientalista y humanista que la gran mayoría de los jefes de Estado y que está tomando estas últimas decisiones con el mayor dolor que cabe imaginar. Por eso insistimos en que la apertura petrolera en reservas biológicas y resguardos de comunidades altamente vulnerables como lo es Yasuní, patrimonio vivo del Ecuador y de la Humanidad, está lejos de ser la única respuesta posible o la más idónea frente a ese arrogante desafío de la economía capitalista mundial. Es tiempo de irnos dando cuenta de que el extractivismo y el hiper-desarrollismo constituyen una trampa mortal, que el capitalismo en su fase final decadente tiende sobre todo a los países y gobiernos más progresistas. Lo hace para desviarlos de su propósito y con ello apuntalar y salvar ese pútrido sistema de explotación del ser humano, de la Madre Naturaleza –de la Pachamama o Mamapacha si se quiere– por una mafia viciosa de gobiernos y corporaciones, que se niegan absolutamente a dejar de dominar un Planeta moribundo.

Considero este punto demasiado importante para dejar mis consideraciones de este tamaño, por lo que trataré de glosar mis ideas de una manera más inteligible. Ya el mundo capitalista, ante la definitiva crisis ambiental, el levantamiento de los pueblos, la rebelión de miles de millones de indignados que son el 99% de los habitantes de la Tierra, se sabe perdido y entiende que está disparando sus últimos cartuchos, pese a que sus apetencias imperialistas nunca han cesado. ¿A qué treta puede recurrir, entonces, ese establecimiento capitalista y neoliberal ante su inevitable declive? La respuesta no parece fácil, pero nosotros hemos ideado una hipótesis que parece dar la talla. El capitalismo, a través de sus operadores más audaces, ha resuelto inocular su ponzoña, su veneno destructor, en los sistemas políticos que últimamente han surgido para cuestionar y hasta desarticular su omnipresencia y prepotencia en diversas partes del mundo, especialmente en América Latina. Es como si yo oyese su mórbido discurso cuando exclaman: “Está bien, ellos serán socialistas, progresistas, revolucionarios y todo lo demás; pero nosotros vamos a inyectarles el veneno del capitalismo, no importa que se trate por ahora –en lo fundamental– de un capitalismo de Estado”.

Por otra parte, los dirigentes políticos de los países progresistas, quienes lógicamente necesitan inmensos recursos para hacer frente a su gran tarea transformadora, pueden terminar cediendo a la tentación de pelear con las armas del enemigo, práctica que solo contadas veces da resultado positivo. En ese confuso escenario arremeten las transnacionales; junto con los países que las respaldan, los grandes compradores de materias primas, incluso los neocapitalistas como China y los emergentes como India y Brasil. Hay toda una secuencia perversa de pasos regresivos que conducen a la creciente reprimarización de economías otrora agroindustriales, industriales y de servicios sofisticados. Las potencias necesitadas de fuentes energéticas y materias primas llegan a ofrecer precios elevados por esos productos, ante lo cual suelen capitular los países más pequeños, deslumbrados por la afluencia de divisas. Como consecuencia, a veces se sienten poco estimulados a lidiar con una economía propia compleja, ni tan preocupados por autoabastecerse en alimentos y otras mercancías, pues resulta menos costoso y más fácil importarlos del exterior.

Volviendo a la apertura y explotación petrolera, tan tentadora inclusive para los países más progresistas, he de hacer la siguiente confesión. Yo, como ciudadano venezolano, me siento francamente incómodo al ser partícipe involuntario de una economía petrolera. Esto me atañe solo indirectamente, ya que mis limitados ingresos provienen principalmente de la actividad académica. Mas también es verdad que soy pagado por el Estado –del cual yo formo parte– en tanto profesor universitario, y ese Estado saca sus recursos casi íntegramente de la exportación petrolera. Y ese negocio –típica arma del enemigo– es el más ultra-reaccionario y antirrevolucionario que existe en la faz de la Tierra. Internamente desestimula cualquier actividad de la población, quien tiene la expectativa de beneficiarse del falso maná que, mal que bien, distribuye el Estado: este debe velar por la subsistencia de las mayorías, asegurando de paso sus votos en las elecciones periódicas. Pero ese ingreso estatal, relativamente fácil, seguro y fruto de muy poco esfuerzo, se invertirá luego en un consumismo a menudo desaforado, el uso continuado y exagerado del automóvil y otros vicios típicamente capitalistas, por más que el Estado “progresista” se esfuerce por evitarlos.

Hacia el exterior los efectos de la petro-adicción son similares y tal vez más perniciosos todavía: Nosotros, al exportar petróleo, prolongamos indefinidamente el uso predominante de la energía fósil, contribuyendo así decisivamente a la contaminación y muerte del Planeta, que según los indicadores más confiables parece tener los días contados. No me siento ningún ingenuo o comeflor en materia de análisis socioeconómico, a pesar de ser básicamente un cultivador de la antropolingüística y, en un ámbito de mayor amplitud, de la antropología crítica y comprometida. Bien sé, al igual que la mayoría no extremista de la gente relativamente informada, que incluso en el mejor de los casos el cambio a partir de las energías contaminantes a las no contaminantes y limpias requiere unas décadas de transición; pero también estamos enterados de que ya se podrían dar los primeros pasos. Hay suficiente investigación sobre esta temática, además de las experiencias que así lo comprueban. Estoy plenamente convencido de que Venezuela, para seguir con el ejemplo, sería un mejor país si no fuera productor de petróleo, o por lo menos si ese combustible no fuese tan abundante incluso a futuro. ¡Cuántos países se han levantado y se han abierto camino sin contar casi con los llamados recursos naturales!. Ningún Estado petrolero se ha salvado de las taras del llamado “oro negro”; ni tan siquiera la escandinava Noruega, con su aislamiento espléndido, su giro político a la derecha aparejado a una crisis ideológica.

Pero no nos aventuremos tan lejos todavía. Es tiempo de redondear mi petición al querido y apreciado Presidente Correa, con respecto a la tan deseable no petrolización presente ni futura del incomparable “Parque Yasuní”, del cual reivindico mi parte como ciudadano del mundo progresista. Estoy inclusive dispuesto a contribuir con una cuota proporcional a su sostenimiento, tomando en cuenta mis módicos ingresos. Estoy seguro de que al cabo de una buena campaña concientizadora, mucha gente haría lo mismo. La humanidad conformada por los ciudadanos de todos los países –especialmente en Ecuador a través de su Revolución Ciudadana– está cada vez más ávida de participar en las grandes decisiones que se toman a distintos niveles y en diferentes lugares. Además, si bien no todos somos Gobierno, todos somos Estado. Queremos participar y no mediante simples referendos para votar “sí” o “no” sino en reuniones, actos y eventos donde podamos expresar inteligentemente nuestros argumentos. Que se nos brinde la oportunidad de razonar y aplicar el pensamiento complejo a la hora de formular las decisiones. Como pütchipü´ü o palabrero del pueblo wayuu –sin importar mi condición de alíjuna o no indígena–elegido en una reunión internacional e intercultural en la Baja Guajira, rechazo las disyuntivas y las comparaciones inapropiadas. También soy y me considero discípulo del gran cacique salish Seattle –pronunciado correctamente Si´ahl- cuyo discurso tuve la suerte de poder leer en la versión e idioma originarios. Me atrae mucho más el diálogo fecundo que la confrontación estéril. De allí mi petición sincera y transparente al estimado Presidente Correa, para que considere y reconsidere tantos argumentos y propuestas que, partiendo de diversos actores sociales, han sonado sobre este delicado tópico: vuelto emblemático para el Continente y para sus procesos libertarios.

Reitero que los pueblos y ciudadanos del Mundo estamos plenamente conscientes de que Ecuador –al igual que tantos otros países todavía en proceso de descolonización y autoafirmación– requiere de ingresos, sobre todo de divisas, para realizar sus planes de inversión social, en una cantidad muy superior a la que dispone actualmente. Pero hay otras formas de obtenerlos sin sacrificar parte de su patrimonio biológico e histórico, tangible e intangible. En términos algo metafóricos, no veo la necesidad de amputarnos un pie sano para obtener un millón de dólares a cambio. Y esto es igualmente válido para todos los países del Planeta, absolutamente todos sin excepción. Un Presidente tan inteligente, preparado y muy bien informado como el respetado Rafael Correa, sabe perfectamente cuáles son las grandes potencialidades de Ecuador en agricultura y agroindustria, industria ligera y pesada, servicios y turismo; sobre todo turismo social y educativo, para evitar la contaminación y la destrucción de paisajes en veces demasiado vulnerables. No tengo duda alguna de que el pueblo entero colaboraría, ese famoso 99% que quiere protagonizar su propia historia, en Ecuador, en Venezuela y en todas partes.

Además, ningún interlocutor responsable y serio se pronunciaría por eliminar, especialmente de un día para otro, toda la industria petrolera y minera, aparte de la imposibilidad e impracticabilidad de tal propósito. Repetimos que la sustitución de energías fósiles ocurriría a mediano y largo plazo. En tal sentido, es muy oportuno señalar aquí que las reservas de Yasuní I.T.T. solo constituyen una parte de las existentes en el subsuelo ecuatoriano. De manera que el sacrificio hecho por el Estado sería relativo y la ganancia sumamente importante, al salvaguardar algo tan valioso e irremplazable para Ecuador y la Humanidad. Otro renglón que habría que examinar, especialmente en los países progresistas, es el gasto militar, artificialmente exacerbado por los perros de la guerra, también símbolos de un capitalismo extenuado y desnaturalizado. Es verdad que todo país tiene que estar preparado para defenderse de posibles ataques exteriores e incluso alguno que otro percance interior. Pero ante la proliferación de armamentos en el Mundo, es extremadamente improbable la utilización incontrolada de armas de destrucción masiva hasta por parte de las potencias imperialistas, por estar consciente de que con ello firmarían también su propia sentencia de muerte. Un uso recíproco del arsenal nuclear –del cual ya disponen varios países- haría imposible la permanencia de la vida a escala planetaria, salvo tal vez algunos nichos y especies biológicas residuales muy alejadas de la humana.

Y para concluir, me dirijo nuevamente al Presidente y al Gobierno de la queridísima República del Ecuador, para que por el bien de todos, reconsideren su decisión de someter a un proceso de explotación petrolera y minera al Parque Yasuní I.T.T. Tengamos en cuenta, quizás por vez primera incluso en un proceso revolucionario, los Derechos de la Naturaleza o la Pachamama como bien dice la avanzada Constitución Ecuatoriana. El Presidente Correa está en mejor posición que muchos Jefes de Estado para realizar esa innovación en política pública, que hace tiempo viene constituyendo un desiderátum de suma importancia. No le tengamos miedo a la Pachamama ni a su nombre; aprendamos más bien algo en concreto de la experiencia milenaria de los pueblos indígenas, como ya lo propuso la Conferencia de Río muchos años atrás. Ecuador tiene la posibilidad de hacer una contribución sin igual a la instauración de un Nuevo Paradigma Civilizatorio, para ser seguido primero por los países progresistas y luego por el resto del globo terráqueo. Todavía podemos salvar al Planeta y a sus pueblos de seguir sufriendo más daño. Démosle paso a la verdadera Revolución del siglo XXI, en cuya formulación los valores ambientales y espirituales, culturales e interculturales, se sitúan cada vez más en primer plano y, por vez primera, con amplia posibilidad de realizarse.

domingo, 20 de octubre de 2013

¡Alerta transgénica corporativa!

Manifestamos nuestra gran preocupación por el evidente acercamiento de algunas instituciones del MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA AGRICULTURA Y TIERRAS, como el Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas INIA, el cual es parte del equipo organizador del CONGRESO VENEZOLANO DE MALEZAS (no nos crean, véanlo en sovecom.org.ve





 El Congreso Venezolano de Malezas se realizará con el patrocinio de:  
  • MONSANTO
  • BAYER
  • DOW CHEMICAL
  • BASF

entre otras transnacionales del agronegocio,  junto a las asociaciones de los llamados GRANDES PRODUCTORES como ANCA y otras asociaciones aliadas de FEDEAGRO.

Este hecho, en el marco de la GUERRA ECONÓMICA en la que nos encontramos y en la cual todas las fuerzas de la derecha están conspirando contra la Revolución y el Pueblo, entre las cuales el poder económico de los terratenientes que se organizan en estas asociaciones como FEDEAGRO, es uno de los principales actores en materia de especulación y acaparamiento de alimentos.

Nos preocupa además que esto ocurra cuando en este mes de octubre vaya a 1ra discusión en la  Asamblea Nacional una Ley de Semillas que promueve en su articulado las patentes sobre semillas (derechos de obtentor), la semillas transgénicas, y la fiscalización de la semilla campesina,  elementos que estas transnacionales con su lobby global imponen para dominar el "mercado" de las semillas en todo el mundo y someter a lxs agricultorxs a la privatización de las semillas.

Este proyecto de ley en los términos en que esta escrito NO DEBE ENTRAR A DISCUSIÓN ESTE PRÓXIMO 22 DE OCTUBRE. Debe ser debatido con las fuerzas revolucionarias del movimiento popular.

Manifestamos nuestro rechazo a estos vínculos y exigimos la rectificación desde la dirección de las instituciones que aparecen vinculadas al agronegocio en este llamado Congreso Venezolano de Malezas, que aparece como un espacio de promoción de los agrotóxicos fabricados por estas empresas.

¡¡¡PUEBLO MADURO SIEMBRA PATRIA LIBRE DE TRANSGÉNICOS!!!

RECORDEMOS QUE:


En el año 2006 el Comandante Hugo Chávez expresó su firme rechazo a la entrada de semillas y alimentos transgénicos al país, cuando expuso:

Nos oponemos a la tentativa del gobierno imperial de los Estados Unidos y de sus empresas transnacionales de introducir organismos transgénicos en el ambiente... y combatimos decididamente las semillas “terminator” porque ellas atentan contra el sentido de la vida... Manifestamos nuestro apoyo y la necesidad de reconocer a los pueblos y comunidades que durante siglos y milenios han desarrollado la diversidad agrícola”. (Hugo Chávez. Manifiesto de las Américas. Curitiba, Brasil, 20 de abril de 2006).

Fuente: http://vainasverdes.blogspot.com/2013/10/normal-0-21-false-false-false-es-ve-x_2047.html

¡No a las Semillas Terminator!




lunes, 23 de septiembre de 2013

Resultados del plan Caura en la cuenca del Río Caura

El plan Caura, implementado por el ejecutivo central hace pocos años, que tenía la finalidad de controlar la minería destructiva en el Alto Caura, ha resultado en todo un desastre ecológico y humano para una de las zonas de mayor biodiversidad del país y del planeta, más pudo la ambición de riqueza fácil y la corrupción de unos pocos que el bienestar del resto de la humanidad, ya que el desastre ambiental que se produce aquí afecta a todo el planeta.

En la explotación minera y maderera que se realiza intervienen criollos e indígenas, civiles y militares unos como destructores y otros como consentidores a cambio de dinero y oro. Grandes extensiones de selva han sido removidas, ríos contaminados, fauna diezmada es lo que va quedando de esta impresionante selva.

Ya existen poblados de mineros, donde se mueve el licor y la droga en grandes cantidades en complicidad con las autoridades, los asesinatos son comunes sin que haya detenidos, ni investigaciones, la degeneración moral ha alcanzado a los indígenas, donde ya se han visto casos de prostitución infantil y violaciones de las mujeres de estas etnias, comunidades indígenas que hasta hace poco se abastecían de productos de la selva y producción de los conucos, ahora pasan hambre porque los hombres jóvenes y fuertes están dedicados a la minería y no se cultiva lo suficiente para abastecer a sus familias, y el dinero obtenido lo gastan en alcohol, drogas y prostitución, cuyas consecuencias son: enfermedades venéreas, poca comida para sus familias y peleas, se ha roto la armonía que se vivía en esas comunidades, ya no hay solidaridad, ni hermandad, solo vicios, egoísmo e individualismo, además de la contaminación mercurial de los peces y de las personas que los consumen.

Para ayudar al desastre de la minería, también se están deforestando cientos de hectáreas de selva virgen de una biodiversidad muy rica para obtener gran cantidad de madera de forma ilegal y luego crear zonas de pastoreo para ganado, afectando enormemente a la flora y fauna de la región. Han sido exterminados una cantidad importante de jaguares, cuspas gigantes, águilas arpías, dantos, venados, báquiros y otros mamíferos y reptiles.

También han desaparecido de amplias zonas las guacamayas, loros, tucanes y una gran variedad de otras aves porque con la destrucción de la selva no encuentran alimento y tienen que emigrar más lejos; otros se convierten en plagas para los conucos y son muertos a tiros o envenenados.

Este desastre no parece importarle a nadie, las autoridades militares, municipales, regionales y nacionales no hacen nada. Las alcabalas solo cobran grandes sumas de dinero para permitir esta situación que luego se reparte entre varios funcionarios de estas instituciones.

Ya se han hecho muchas denuncias sin que las autoridades a quienes compete arreglar esta situación hayan hecho algo y ello se debe a que hay intereses de funcionarios corruptos de alto rango que se benefician de este desastre.

 Horacio A. Vargas G.

yuruami1@cantv.net

yokuare14@yahoo.com.ve

jueves, 19 de septiembre de 2013

Firma el manifiesto por el Yasuní (Ecuador)


La esperanzadora propuesta levantada por el pueblo ecuatoriano para “dejar el crudo en el subsuelo”, reconocida posteriormente por el gobierno del presidente Rafael Correa y conocida en el escenario internacional como Iniciativa Yasuní ITT -una transición desde los pueblos en este camino pospetrolero- ha sido sepultada por el propio presidente ecuatoriano mediante el Decreto 74 del 15 de Agosto de 2013.

Encuestas de opinión estiman que cerca del 80% de los ecuatorianos están en contra de la decisión de Correa de abandonar la propuesta y abrir el área a la exploración petrolera. Además de organizaciones indígenas y ambientalistas y de ciudadanos en general, las protestas vienen de prominentes figuras como el economista Alberto Acosta, anterior ministro de energía y presidente de la Asamblea Constituyente.

Este manifiesto que invitamos a firmar, busca respaldar la Consulta Popular solicitada por el pueblo del Ecuador para que las ecuatorianas y los ecuatorianos decidan qué hacer con el Parque Natural Yasuní; también busca enviar un mensaje de solidaridad al valeroso pueblo ecuatoriano que se ha constituido en un referente de las luchas ambientales y las propuestas para construir un mundo donde primen las relaciones armónicas entre los seres humanos y entre los seres humanos con la naturaleza, como principio de la construcción del Sumak Kawsay o Buen Vivir.

 MANIFIESTO LATINOAMERICANO POR EL YASUNÍ

Las grandes crisis de la humanidad suelen propiciar ambientes bastante fecundos en ideas, iniciativas y cuestionamientos. La crisis ambiental que nos acoge actualmente, nacida de las maniobras extractivas propias del modelo capitalista que viene agobiándonos históricamente, ha sido un escenario fértil para cuestionar nuestra relación con la naturaleza, para pensar el territorio y para embarcarse en nuevos propuestas alternativas al modelo. Así la iniciativa de “dejar el crudo en el subsuelo”, concebida por organizaciones y ciudadanos ecuatorianos, conscientes de la barbarie ambiental causada por la extracción de petróleo en sus selvas amazónicas, se encamina a proponer estrategias que impidan la continuidad y la implementación de un modelo extractivista en los territorios, llamando a la comunidad internacional a acompañarles en su tarea.

Lamentablemente la propuesta de dejar el crudo en el subsuelo, reconocida posteriormente por el gobierno de Rafael Correa como Iniciativa Yasuní/ITT, se encuentra ahora sepultada por el propio presidente ecuatoriano mediante el Decreto 74 del 15 de Agosto de 2013, que da por terminada la Iniciativa Yasuni-ITT. Procediendo inmediatamente a solicitar a la Asamblea Nacional la declaratoria de asunto de importancia nacional la explotación del petróleo en el bloque Ishpingo-Tambococha-Tiputini del Yasuní, ubicado en la región de mayor diversidad biológica del mundo. No obstante, el potente pueblo ecuatoriano, inalienable ahora en este tema, comprende la importancia ambiental del Yasuní y, por ende, ha solicitado a la Corte Constitucional un dictamen de constitucionalidad a la pregunta que servirá de base para una consulta popular.

Ante este escenario, las organizaciones sociales, ambientalistas, comunitarias, culturales, académicas y la ciudadanía abajo firmantes apoyamos decididamente la propuesta de Consulta Popular, considerando que además de buscar la conservación eficaz de la vida y existencia de la selva amazónica, la consulta es una evidencia de la conciencia creciente de los ecuatorianos frente a su propia naturaleza. Se triunfa con una Consulta Popular porque se reivindican los poderes políticos de la sociedad, se potencia el poder de lo popular y se refuerza el derecho legítimo de los pueblos de tomar decisiones concernientes a su territorio Sin lugar a dudas, entendemos que la Constitución Política de la República del Ecuador es una carta audaz en términos de derechos constitucionales y conservación de la naturaleza, y rechazamos la forma en que el gobierno actual pretende transgredirla con la propuesta de explotación del bloque petrolero ITT en el Parque Nacional Natural Yasuní. Rechazamos el decreto presidencial que consideramos ilegítimo, dado que viola los derechos humanos y de la madre tierra contemplados en la Constitución Nacional ecuatoriana. La decisión presidencial vulnera particularmente los siguientes artículos:

Artículo 57.- Relacionado los derechos colectivos de las comunidades, pueblos y nacionalidades.
Artículo 73.- EI Estado aplicará medidas de precaución y restricción para las actividades que puedan conducir a la extinción de especies, la destrucción de ecosistemas o la alteración permanente de los ciclos naturales.
Artículo 395.- El Estado garantizará un modelo sustentable de desarrollo, ambientalmente equilibrado y respetuoso de la diversidad cultural, que conserve la biodiversidad y la capacidad de regeneración natural de los ecosistemas, y asegure la satisfacción de las necesidades de las generaciones presentes y futuras…
Artículo 398.- Toda decisión o autorización estatal que pueda afectar al ambiente deberá ser consultada a la comunidad, a la cual se informará amplia y oportunamente.
Artículo 405.- EI sistema nacional de áreas protegidas garantizará la conservación de la biodiversidad y el mantenimiento de las funciones ecológicas…
Artículo 407.- Se prohíbe la actividad extractiva de recursos no renovables en las áreas protegidas y en zonas declaradas como intangibles…
Artículo 413.- El Estado promoverá la eficiencia energética, el desarrollo y uso de prácticas y tecnologías ambientalmente limpias y sanas, así como de energías renovables, diversificadas, de bajo impacto y que no pongan en riesgo la soberanía alimentaria, el equilibrio ecológico de los ecosistemas ni el derecho al agua…

Objetamos los argumentos presentados por Rafael Correa para explotar el petróleo existente en el Yasuní, al decir que los ingresos generados de la explotación son indispensables para mejorar las condiciones de vida de las comunidades amazónicas ecuatorianas, dudamos que esto sea posible bajo el escenario propuesto de explotación. En primer lugar, porque históricamente está demostrado que en el Ecuador las regalías por petróleo no tienen una relación directa con una mejor calidad de vida, por el contrario han sido las comunidades, que habitan las zonas de donde se extrae el petróleo, quienes se cuentan entre los más desabastecidos y con los mayores índices de pobreza.

En segundo lugar, resaltamos que no es posible pretender mejorar las condiciones de vida de las comunidades mediante la explotación petrolera, porque con la degradación de su territorio, se vulneran asimismo sus relaciones sociales y con la naturaleza, que son el sustento real para su vida. La cultura de las comunidades es una manifestación de la naturaleza de la que hacen parte, así pues el desequilibrio de su territorio, será el desequilibrio de su vida, porque su cosmovisión incluye lo que para ellos es conocido: sus ríos, sus alimentos, sus rutas, sus tiempos, su aire, su maraña verde.

Reafirmamos las decenas de razones para defender el Yasuní de cualquier tipo de actividad extractiva, principalmente la riqueza de su biodiversidad, sus relaciones ecológicas tejidas por milenios, sus medicinas, sus particularidades fisiológicas, paisajísticas, su resiliencia, su metabolismo ecológico, sus particularidades étnicas (especialmente la presencia de pueblos en aislamiento voluntario), su valor escénico, su vida, sus millones de años de historia evolutiva. Asimismo rechazamos los modelos gubernamentales basados en el extractivismo, la adicción por el petróleo, la obsesión por el crecimiento económico ilimitado y las economías rentistas.

Rebatimos la idea de que el uno por mil (1x1000) del Yasuní que se explotará es un área mínima o despreciable, pues esa proporción corresponde a la magnífica área de 982.000 hectáreas, que no está distribuida de manera continua, sino que está compuesta por diferentes campos que tendrán que ser interconectados. Por lo cual, el uno por mil presentado como despreciable, aumentará a través del tiempo, por esta razón instamos a las comunidades a no dejarse distraer por la forma conveniente de presentar esta cifra. Asimismo, contradecimos la idea de que la afectación ambiental será mínima por la implementación de modernas tecnologías con poco impacto, pues aún para la explotación horizontal como mínimo se necesita numerosas detonaciones en toda el área solo en la fase de exploración, además se necesitarán también instalaciones para vías de acceso, líneas de transmisión, tuberías en toda el área y usar amplias zonas para la instalación de cada pozo, sin mencionar de los procesos de colonización que provoca la actividad petrolera.

Aplaudimos a los ciudadanos y organizaciones ecuatorianas tanto por la propuesta de “dejar el crudo en el subsuelo” (Iniciativa Yasuní/ITT) como ahora por el llamado a Consulta Popular. En especial a los movimientos de jóvenes que con sus acciones se convierten en un referente histórico para el planeta entero, y el Ecuador como un indiscutible líder en propuestas innovadoras en materia ambiental. Celebramos el mensaje contundente que están dando al mundo, que la permanencia de la vida no tiene discusión, que la vida puede entenderse en términos de ciclos, flujos y sinergias, porque como dice Fritjo Capra, “lo que le hagamos a la tierra nos lo hacemos a nosotros mismos”.


Por último hacemos un llamado a la comunidad internacional, organizaciones ambientalistas, académicas, sociales, espirituales, étnicas y ciudadanos permanezcamos atentos al futuro del Yasuní y continuemos respaldando y acompañando las motivaciones del pueblo ecuatoriano en esta labor de repercusiones planetarias. Apoyamos la Consulta Popular... queremos un Yasuní vivo y que los ecuatorianos sigan inspirando a las naciones con su proceder!