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domingo, 22 de diciembre de 2013

Del debate del precio de la gasolina a los primeros pasos de una transición post-rentista

Por: Emiliano Teran Mantovani

El lunes 9 de diciembre, día después de las elecciones municipales 2013, el vicepresidente de la República, Jorge Arreaza, planteaba la necesidad de "comenzar a cobrar la gasolina", proponiendo que "Hay que dar grandes debates en Venezuela, hay que dar debates por ejemplo sobre lo fiscal, sobre el precio de la gasolina"[1]; mientras que una semana después, el vicepresidente del Área Económica del Consejo de Ministros Revolucionarios, Rafael Ramírez, declaraba que "El presidente ha orientado es dar una discusión nacional, de si ha llegado el momento de cobrar por la gasolina. En este país Petróleos de Venezuela paga para que los venezolanos echen gasolina"[2].

De esta forma, se ha reinaugurado en el país un debate tabú en el campo político  ―dado el trágico y traumático recuerdo del estallido popular de los días 27, 28 y 29 de febrero de 1989―, pero que en el contexto de una muy viva discusión nacional a raíz del desarrollo de la guerra económica, se presenta como oportunidad para explorar, repensar y replantear tanto las cuestiones de forma, como los problemas de fondo del capitalismo rentístico nacional.

Los argumentos principales del debate sobre el actual precio de la gasolina se centran en su mayoría en el hecho de que éste produce pérdidas, lo cual tiene un creciente impacto negativo en las cuentas nacionales. Este aspecto es importante debido a que, la gasolina venezolana, la más barata del mundo[3], tiene un costo de producción que supera 28 veces su precio para la de 95 octanos, a decir del Ministro Rafael Ramírez[4]. El monto del subsidio ―como lo catalogaba el presidente Chávez[5]― que sostiene este precio, ha venido creciendo progresivamente a medida que ha aumentado el precio internacional del petróleo en los últimos años, siendo que las pérdidas anuales respecto al costo de producción se calculan en unos de 1.500 millones US$[6]; al tiempo que, respecto al precio promedio internacional ―el llamado “costo de oportunidad”―, el Estado deja de percibir en el exterior por ese concepto, 12.592 millones US$ al año, como lo declarara el mencionado Ministro[7]. Tomando en cuenta estos cálculos y para tenerse  una mejor idea, este monto sería mayor al presupuesto del Ministerio de Educación (6.651 millones US$) y el Ministerio de Salud (3.901 millones US$) juntos, según se calcula de la Ley de Presupuesto Nacional de 2013.

A pesar de lo dicho, la importante reapertura del debate sobre el precio de la gasolina no sólo permite pensar cómo reformular los balances económicos y administrativos del Estado, en pro de mantener cuentas sanas y equilibradas, sino que, con la mirada en una transición post-rentista en el país, abre la posibilidad de re-examinar y replantear un problema de fondo y un factor clave de la lógica del capitalismo rentístico: los mecanismos de distribución de la renta.

El precio de la gasolina en Venezuela es expresión de las diferentes formas en las cuales se destina y distribuye la renta internacional captada, que constituyen un sistema que estructura y reproduce a lo interno de la economía nacional nuestra función capitalista/rentista en la División Internacional del Trabajo, con los respectivos males endémicos que entrañan. Esto nos lleva a plantear dos ideas fundamentales, pensando en las vías para una transición post-rentista y post-capitalista:

a)     Antes de pensar en aumentar la extracción petrolera y minera para captar más renta, es esencial comprender que en primera instancia el problema no es cómo captar más, sino cómo se distribuye la que tenemos. Se trata entonces de un problema estructural de distribución, que se magnifica perversamente en la forma de una guerra económica, con los 20 mil millones de estafa del SITME como ejemplo emblemático. A esto añadimos que, las condiciones de distribución de la renta desde mediados de los 70 se ha dado en complejos contextos de inundación de divisas que determinan la lógica de la misma.

b)    Es clave entonces, entender que los mecanismos de distribución de la renta internacional petrolera estructuran y representan esquemas de poder y articulaciones políticas e institucionales de índole nacional y transnacional, determinan ordenamientos sociales y del espacio geográfico, y, algo sumamente importante, tienen marcadas proyecciones culturales y subjetivas en la población ―la relación renta/cultura, excedente/subjetividad[8].

Reconocer que una transición post-rentista en Venezuela llevaría varias décadas, no debe suponer que todo deba ser pensado en largos plazos o sólo en tiempo futuro. Los primeros pasos de una transición como esta, orientada a desplazar la sobredeterminación capitalista/rentística que caracteriza nuestro modelo, pueden comenzar a aplicarse en el presente mediante, entre otras cosas, una serie de transformaciones en los propios mecanismos de distribución de la renta, que vayan promoviendo la reconfiguración del ordenamiento social venezolano.

Cuando hablamos de un ajuste o reformulación del precio de la gasolina, no estamos hablando sólo de la búsqueda de un equilibrio en los balances administrativos, sino de un reordenamiento de la política fiscal que procure esta se inscriba en una lógica post-rentista. Vale entonces preguntarnos, ¿qué estilos de vida estamos promoviendo, y cuáles estamos desestimulando?

En este sentido, debemos preguntarnos, por ejemplo, porqué Venezuela, por un lado, tiene el segundo índice más alto de consumo de energía eléctrica per cápita de Latinoamérica[9], y por el otro, el cuarto puesto en emisiones de CO2 en la región después de México, Brasil y Argentina[10], y puesto 30 en el mundo en 2009 ―con 0,53% de total del CO2―, a pesar de ser un país con no muy numerosa población y una estructura económica nacional poco industrializada ―al menos en comparación con estos tres países mencionados.

Si las prácticas sociales y los estilos de vida de la población venezolana están profundamente determinadas por los diferentes mecanismos de distribución de la renta; y si el proyecto socialista cuestiona radicalmente dichos patrones sociales profundamente desiguales, consumistas y depredadores de la naturaleza; es fundamental que como uno de los primeros pasos para una transición de este tipo, se vayan desmontando, uno a uno, los incentivos que promueven la estratificación de la sociedad, las formas de consumo de energía y mercancías insostenibles, los relacionamientos económicos desiguales, o las actividades que conllevan a importantes niveles de destrucción ambiental; estimulando así formas de producción y relación social, territorial comunitaria, el propio proyecto político de La Comuna.

De esta forma, no hablamos expresamente de un “aumento” de la gasolina, sino de un reordenamiento progresivo de los estímulos e incentivos fiscales, con prioridad hacia el pueblo y la naturaleza. No se trata sólo de retirar un subsidio pernicioso, sino redirigirlo hacia otros ámbitos que desalienten los estilos de vida capitalistas y la “cultura del petróleo”, al tiempo que encaucen formas de relacionamiento social comunalizado y la reproducción de un modelo post-rentista y post-desarrollista. La ineludible y fundamental revolución cultural que necesitamos, no sólo pasa por procesos de difusión y reflexión ideológica, sino por la reconfiguración de los recursos materiales de la cultura del petróleo.

La ejecución de reformas de este tipo, requiere de un amplio debate incluyente y popular, que pueda ir determinando cuáles formas de distribución de la renta son regresivas, en qué dimensiones y tiempos se aplican estos cambios, o cuáles son los mecanismos de participación para poner en marcha las mismas. Es fundamental que estas transformaciones tengan un gran apoyo social, sobre todo en un contexto de guerra económica y crisis sistémica capitalista. Una reformulación progresiva del precio de la gasolina no funciona por sí sola. Debe estar inscrita en una reformulación política de la tasa de cambio, de las cargas impositivas, de la promoción de núcleos productivos y organizativos populares y comunalizados, de procesos de cooperación regional, y de una profunda revolución cultural.

Bajo este contexto, el financiamiento de la transición puede venir en buena parte de este reordenamiento fiscal, donde debe ir incluido un replanteamiento reivindicativo de las  tributaciones sobre los propios proyectos extractivos petroleros existentes, de manera tal de hacer viable una progresiva salida de la dependencia petrolera nacional[11]. A su vez, y como una medida sumamente importante, plantear la creación de un fondo petrolero nacional, similar al Government Pension Fund – Global de Noruega, de manera de mantener al margen de la economía nacional los excedentes que puedan generar las ya conocidas distorsiones y desequilibrios que tanto daño han hecho al país ―el conocido mundialmente como “Efecto Venezuela” o “Enfermedad Holandesa”―, y que perjudicarían sobremanera una reformulación fiscal profunda.

Hay que discutir sobre el régimen impositivo nacional, tomando en cuenta que, finalmente, favorece a las desigualdades sociales. En términos absolutos, ser el país de América Latina que registra el menor nivel de presión tributaria (2010) con 11.4% del PIB, 8% por debajo de la media regional[12], refleja la necesidad de políticas para ampliar la captación impositiva nacional, que, en términos relativos, debe ser reorientada hacia los que acumulan mayores ganancias, e ir progresivamente disolviendo el Impuesto al Valor Agregado, que termina cargándose sobre los hombros de los trabajadores y trabajadoras.

Parte del largo y complejo proceso de transición hacia un modelo post-rentista, pasa por la reformulación programada de las construcciones sociales del valor, en las cuales la destrucción de la naturaleza más allá de sus tasas de recuperación, comience a ser contabilizada como pérdida de riqueza, y sea penada impositivamente. Además de los incentivos fiscales a formas de producción y consumo sostenibles, en un ejercicio de soberanía nacional, y en consonancia con el Objetivo V del Plan de la Patria 2013-2019, las empresas transnacionales que explotan (o explotarán) petróleo en la Faja del Orinoco, deben costear el daño ambiental producido por su actividad extractiva, sobre todo si tomamos en cuenta el historial de destrucción ecológica de muchas de ellas.

Son estos unos primeros pasos claros, y de corto plazo, que pueden allanar el camino a una transición post-rentista. En todo caso, este proceso no será posible si se profundiza el modelo capitalista rentista. Además que no puede ser sólo administrado desde el Estado, sino que más bien se hará proceso vivo, por medio de la fuerza de la organización popular.

* Emiliano Teran Mantovani es investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos - CELARG

Fuentes consultadas

- ABYA Yala Universidad Politécnica Salesiana. Fundación Rosa Luxemburg (coordinadores). Más allá del desarrollo. Fundación Rosa Luxemburg/Abya Yala. Caracas, 2011.
- ALÓ Presidente. Disponible en Youtube: http://www.youtube.com/watch?v=pVBt6_b-lFc. Subido el 13/02/2011. Consultado: [17/12/2013].
- BANCO Mundial. Datos. Grupo del Banco Mundial. 2012. En: http://datos.bancomundial.org/. [Consultado: 12/09/2012].
- CORREO del Orinoco. Venezuela encabeza el consumo per cápita de electricidad en Latinoamérica. Texto/José Sinue Vargas. 21 junio 2011. En: http://www.correodelorinoco.gob.ve/energia/venezuela-encabeza-consumo-per-capita-electricidad-latinoamerica/. Consultado: [12/09/2012].
- HARVEY, Fiona. An atlas of pollution: The world in carbon dioxide emissions. The Guardian. Monday 31 January 2011. En: http://www.guardian.co.uk/environment/2011/jan/31/pollution-carbon-emissions. [Consultado: 11/06/2011].
- HERNÁNDEZ, Nelson. El subsidio de la gasolina en Venezuela. Combo noticias. Miércoles, 6 de marzo de 2013. Disponible en: http://www.noticiasvenezolanas.com.ve/index.php/227088/opinion-y-analisis-el-subsidio-de-la-gasolina-en-venezuela/. [Consultado: 17/12/2013].
- HERNÁNDEZ, Nelson. El Precio de las energías en Venezuela. Soberanía. 24/05/12. En: http://www.soberania.org/Articulos/articulo_7308.htm. [Consultado: 28/05/2012].- EL UNIVERSAL. Vicepresidente Arreaza abre puerta a debate sobre subir precio de gasolina. Lunes 9 de diciembre de 2013. Disponible en: http://www.eluniversal.com/economia/131209/vicepresidente-arreaza-abre-puerta-a-debate-sobre-subir-precio-de-gaso. Consultado: [10/12/2013].
- EL MUNDO. Ramírez: Pdvsa paga para que los venezolanos echen gasolina. 16/12/2013. Disponible en: http://www.elmundo.com.ve/noticias/petroleo/pdvsa/ramirez--pdvsa-paga-para-que-los-venezolanos-echen.aspx#ixzz2nnDTVGxI. Consultado: [16/12/2013].
- GIZ. International Fuel Prices 2012/2013. Data Preview – April 2013. Disponible en: http://www.giz.de/expertise/downloads/Fachexpertise/giz2013-en-ifp2013.pdf. Consultado: [17/12/2013].
- MINISTERIO del Poder Popular para el Ambiente. Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Instituto Forestal Latinoamericano (IFLA). GeoVenezuela. Perspectivas del Ambiente en Venezuela. Caracas, 2010.
- MOLINA, Manuel Isidro. Entrevista | Víctor Álvarez: La tragedia de Venezuela es la sobrevaluación del bolívar. 16/06/2013. Disponible en: http://www.elmundo.com.ve/noticias/economia/politicas-publicas/entrevista---victor-alvarez--la-tragedia-de-venezu.aspx#ixzz2nrzdG4Vn. Consultado: [17/12/2013].
- CIAT. CEPAL. OCDE. Estadísticas tributarias en América Latina 1990-2010. 2012. Disponible en: http://www.oecd.org/ctp/tax-global/Consolidated%20LAC%20country%20notes.pdf. Consultado: [17/12/2013].
- TERAN Mantovani, Emiliano. Guerra económica y capitalismo rentístico: La disputa es también cultural. Rebelión. 27-11-2013. Disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=177393. Consultado: [27/11/2013].

Notas

[1] En: EL UNIVERSAL. Vicepresidente Arreaza abre puerta a debate sobre subir precio de gasolina.
[2] En: EL MUNDO. Ramírez: Pdvsa paga para que los venezolanos echen gasolina.
[3] La lista del precio de la gasolina en los países del mundo está disponible en la web del Banco Mundial, en: http://datos.bancomundial.org/indicador/EP.PMP.SGAS.CD. Por su parte, también el GIZ: International Fuel Prices, que calcula los precios con el promedio del petróleo Brent, mostraba que, mientras para abril de 2013, el precio promedio mundial del litro de gasolina era de 136 centavos de dólar, en Venezuela era de 2,3 centavos. Cfr. GIZ. International Fuel Prices 2012/2013. p.6
[4] En: EL MUNDO. Op.Cit.
[5] En: ALÓ Presidente. Disponible en Youtube: http://www.youtube.com/watch?v=pVBt6_b-lFc.
[6] Jorge Arreaza, en: EL UNIVERSAL. Op.Cit. Para el analista petrolero de oposición Nelson Hernández, el subsidio se sitúa en 1110 millones US$. Cfr. HERNÁNDEZ, Nelson. El subsidio de la gasolina en Venezuela.
[7] Op.Cit. Para el economista Víctor Álvarez, “La pérdida que tiene Pdvsa con el subsidio de la gasolina” llega a 7.500 millones de US$. El cálculo de Hernández sobre el costo de oportunidad es de 13.170 millones US$. Cfr. MOLINA, Manuel Isidro. Entrevista | Víctor Álvarez: La tragedia de Venezuela es la sobrevaluación del bolívar. Cfr. HERNÁNDEZ, Nelson. El Precio de las energías en Venezuela.
[8] TERAN Mantovani, Emiliano. Guerra económica y capitalismo rentístico: La disputa es también cultural.
[9] Cfr. BANCO Mundial. «Consumo de energía eléctrica (kWh per cápita)», en: Datos. Disponible en: http://datos.bancomundial.org/indicador/EG.USE.ELEC.KH.PC. A mediados de 2011 Alí Rodríguez Araque, el para aquel entonces ministro para la Energía Eléctrica, afirmó que éramos el primer país en consumo de electricidad per cápita, al tiempo que expresaba que “Venezuela se encuentra en un 14% por encima del promedio del consumo de electricidad per cápita en toda América Latina”. En: CORREO del Orinoco. Venezuela encabeza el consumo per cápita de electricidad en Latinoamérica.
[10] Cfr. MINISTERIO del Poder Popular para el Ambiente. Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Instituto Forestal Latinoamericano (IFLA). GeoVenezuela. Perspectivas del Ambiente en Venezuela. p.112. Si revisamos las emisiones de CO2 en términos relativos, Venezuela, con 6,04 toneladas anuales per cápita, supera a dos de las economías emergentes, los “BRICS”, como lo son China (5,83) e India (1,38), se acerca a un país de la hegemonía capitalista como es Francia (6,30), y supera a los tres países de América Latina que generan más CO2 en términos absolutos, Brasil (2,11) ―otro de los BRICS―, México (3,99) y Argentina (4,08). Cfr. HARVEY, Fiona. An atlas of pollution: The world in carbon dioxide emissions.
[11] El desarrollo de una propuesta post-extractivista de este tipo la encontramos en: Eduardo Gudynas, «Sentidos, opciones y ámbitos de las transiciones al postextractivismo» en: ABYA Yala Universidad Politécnica Salesiana. Fundación Rosa Luxemburg (coordinadores). Más allá del desarrollo. pp.265-298.
[12] Cfr. CIAT. CEPAL. OCDE. Estadísticas tributarias en América Latina 1990-2010. p.58

domingo, 15 de diciembre de 2013

Undécima carta a las izquierdas: ¿ecología o extractivismo?

Por: Boaventura de Sousa Santos
questiondigital.com| 

En la décima carta a las izquierdas afirmé que al inicio del tercer milenio las izquierdas se debaten entre dos desafíos principales: la relación entre democracia y capitalismo; y el crecimiento económico infinito (capitalista o socialista) como indicador básico de desarrollo y progreso. En este texto voy a centrarme en el segundo desafío.ecolohgia1

Antes de la crisis financiera, Europa era la región del mundo donde los movimientos ambientalistas y ecologistas tenían más visibilidad política y donde la narrativa de la necesidad de complementar el pacto social con el pacto natural parecía gozar de una gran aceptación pública. Sorprendentemente o no, con el estallido de la crisis estos movimientos y esta narrativa desaparecieron de la escena política y las fuerzas políticas más directamente opuestas a la austeridad financiera reclaman crecimiento económico como única solución, y excepcionalmente hacen alguna declaración algo ceremonial sobre la responsabilidad ambiental y la sostenibilidad. De hecho, las inversiones públicas en energías renovables fueron las primeras sacrificadas por las políticas de ajuste estructural. Antes de la crisis el modelo de crecimiento en vigor era el principal blanco de crítica de los movimientos ambientalistas y ecologistas precisamente por insostenible y producir cambios climáticos que, según los datos la ONU, serían irreversibles a muy corto plazo, según algunos, a partir de 2015. Esta rápida desaparición de la narrativa ecológica muestra que el capitalismo no sólo tiene prioridad sobre la democracia, sino también sobre la ecología y el ambientalismo.

Hoy, sin embargo, resulta evidente que, en el umbral del siglo XXI, el desarrollo capitalista toca los límites de carga del planeta Tierra. En los últimos meses se han batido varios récords de peligro climático en Estados Unidos, la India, el Ártico, y los fenómenos climáticos extremos se repiten cada vez con mayor frecuencia y gravedad. Prueba de ello son las sequías, las inundaciones, la crisis alimentaria, la especulación con productos agrícolas, la escasez creciente de agua potable, el uso de terrenos agrícolas para agrocombustibles, la deforestación de bosques. Poco a poco se va constando que los factores de la crisis están cada vez más articulados y son, en última instancia, manifestaciones de la misma crisis, que por sus dimensiones se presenta como crisis civilizatoria. Todo está relacionado: la crisis alimentaria, la ambiental, la energética, la especulación financiera sobre las commodities y los recursos naturales, la apropiación y concentración de tierra, la expansión desordenada de la frontera agrícola, la voracidad de la explotación de los recursos naturales, la escasez de agua potable y su privatización, la violencia en el campo, la expulsión de poblaciones de sus tierras ancestrales para dar paso a grandes infraestructuras y megaproyectos, las enfermedades inducidas por la dramática degradación ambiental, con mayor incidencia de cáncer en determinadas zonas rurales, los organismos modificados genéticamente, el consumo de agrotóxicos, etc. La Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, Rio+20, celebrada en junio de 2012, fue un fracaso rotundo debido a la complicidad mal disfrazada entre las élites del Norte global y las de los países emergentes para dar prioridad a los beneficios de sus empresas a costa del futuro de la humanidad.

La valoración internacional de los recursos financieros permitió en varios países de América Latina una negociación de nuevo tipo entre democracia y capitalismo. El fin (aparente) de la fatalidad del intercambio desigual (las materias primas siempre menos valoradas que los productos manufacturados) que encadenaba a los países de la periferia del sistema mundial al desarrollo dependiente permitió que las fuerzas progresistas, antes vistas como “enemigas del desarrollo”, se liberasen de este fardo histórico, transformando el boom en una ocasión única para llevar a cabo políticas sociales y de redistribución de la renta. Las oligarquías y, en algunos países, sectores avanzados de la burguesía industrial y financiera altamente internacionalizados, perdieron buena parte del poder político gubernamental, pero a cambio vieron aumentado su poder económico. Los países cambiaron sociológica y políticamente hasta el punto de que algunos analistas vieron el surgimiento de un nuevo régimen de acumulación, más nacionalista y estatista: el neodesarrollismo basado en el neoextractivismo.
extractivismo
Sea como sea, este neoextractivismo tiene como base la explotación intensiva de los recursos naturales y plantea, en consecuencia, el problema de los límites ecológicos (por no hablar de los límites sociales y políticos) de esta nueva (vieja) fase del capitalismo. Esto resulta más preocupante en cuanto que este modelo de “desarrollo” es flexible en la distribución social pero rígido en su estructura de acumulación. Las locomotoras de la minería, del petróleo, del gas natural, de la frontera agrícola son cada vez más potentes y todo lo que interfiera en su camino y complique el trayecto tiende a ser aniquilado como obstáculo al desarrollo. Su poder político crece más que su poder económico, la redistribución social de la renta les confiere una legitimidad política que el anterior modelo de desarrollo nunca tuvo, o sólo tuvo en condiciones de dictadura.

Dado su atractivo, estas locomotoras son magníficas para convertir las señales cada vez más perturbadoras de la inmensa deuda ecológica y social que crean en un coste inevitable del “progreso”. Por otro lado, privilegian una temporalidad afín a la de los gobiernos: el boom de los recursos no va a durar siempre, y eso hay que aprovecharlo al máximo en el menor espacio de tiempo. El brillo del corto plazo ofusca las sombras del largo plazo. Mientras que el boom configure un juego de suma positiva, cualquiera que se interponga en su camino es visto como ecologista infantil, campesino improductivo o indígena atrasado de los que a menudo se sospecha que se trata de “poblaciones fácilmente manipulables por Organizaciones No Gubernamentales no se sabe al servicio de quién”.

En estas condiciones, resulta difícil activar principios de precaución o lógicas a largo plazo. ¿Qué sucederá cuando termine el boom de los recursos? ¿Cuando sea evidente que la inversión en “recursos naturales” no fue debidamente compensada por la inversión en “recursos humanos”? ¿Cuando no haya dinero para generosas políticas compensatorias y el empobrecimiento súbito cree un resentimiento difícil de manejar en democracia? ¿Cuando los niveles de enfermedades ambientales sean inaceptables y sobrecarguen los sistemas públicos de salud hasta volverlos insostenibles? ¿Cuando la contaminación de las aguas, el empobrecimiento de las tierras y la destrucción de los bosques sean irreversibles? ¿Cuando las poblaciones indígenas, quilombolas y ribereñas expulsadas de sus tierras cometan suicidios colectivos o deambulen por las periferias urbanas reclamando un derecho a la ciudad que siempre les será negado? La ideología económica y política dominante considera estas preguntas escenarios distópicos exagerados o irrelevantes, fruto del pensamiento crítico entrenado para pronosticar malos augurios. En suma, un pensamiento muy poco convincente y en absoluto atractivo para los grandes medios.

En este contexto, sólo es posible perturbar el automatismo político y económico de este modelo mediante la acción de movimientos sociales y organizaciones lo suficientemente valientes para dar a conocer el lado destructivo sistemáticamente ocultado de este modelo, dramatizar su negatividad y forzar la entrada de esta denuncia en la agenda política. La articulación entre los diferentes factores de la crisis deberá llevar urgentemente a la articulación entre los movimientos sociales que luchan contra ellos. Es un proceso lento en que la historia particular de cada movimiento todavía pesa más de lo que debería, aunque ya son visibles articulaciones entre luchas por los derechos humanos, la soberanía alimentaria, contra los agrotóxicos, los transgénicos, la impunidad de la violencia en el campo, la especulación financiera con los alimentos, luchas por la reforma agraria, los derechos de la naturaleza, los derechos ambientales, los derechos indígenas y quilombolas, el derecho a la ciudad, el derecho a la salud, luchas por la economía solidaria, la agroecología, la gravación de las transacciones financieras internacionales, la educación popular, la salud colectiva, la regulación de los mercados financieros, etc.

Al igual que ocurre con la democracia, sólo una conciencia y una acción ecológica robusta y anticapitalista pueden enfrentar con éxito la vorágine del capitalismo extractivista. Al “ecologismo de los ricos” hay que contraponer el “ecologismo de los pobres”, basado en una economía política no dominada por el fetichismo del crecimiento infinito y del consumismo individualista, sino en las ideas de reciprocidad, solidaridad y complementariedad, vigentes tanto en las relaciones entre los seres humanos como en las relaciones entre los humanos y la naturaleza.

*Doctor en sociología, profesor catedrático de la Facultad de Economía y Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU) y de diversos establecimientos académicos del mundo. Es uno de los científicos sociales e investigadores más importantes del mundo en el área de la sociología jurídica y es uno de los principales dinamizadores del Foro Social Mundial.

sábado, 26 de octubre de 2013

El boom del Coltán y el exterminio de los pueblos indígenas

Por: Linda Manaka Infante

En días recientes mucho se ha escrito en relación a este mineral estratégico localizado al sur de Venezuela. El coltán en Territorio Venezolano se encuentra en el estado Amazonas y la parte oeste del estado Bolívar. Allí habitan los pueblos indígenas Baniva, Piaroa, Yekuana y Jivi, la relación de estos pueblos indígenas con sus tierras y territorios tradicionales constituye, una parte fundamental de su identidad y espiritualidad y está profundamente arraigada en su cultura y en su historia. Estos pueblos indígenas también son profundamente conscientes de la relación existente entre las consecuencias ambientales de diversos tipos de desarrollo en sus tierras y las consecuencias ambientales y las posteriores repercusiones para la salud de sus pueblos. A través de su profunda comprensión de la tierra y su conexión con ella, las comunidades indígenas han administrado su entorno en forma sostenible durante generaciones. A su vez, la flora, la fauna y otros recursos disponibles en las tierras y territorios indígenas les han proporcionado sus medios de vida y han nutrido a sus comunidades.

En estas comunidades, se vive de la agricultura, la caza, la pesca, la cestería. Para cazar realizan un viaje de 7 días.  La Comunidad selecciona lo que consume, y así no destruye los recursos naturales. Las tierras son trabajadas por toda la Comunidad. Nadie es individualmente dueño de la tierra, los derechos de propiedad son colectivos.  Si la persona no pertenece a la Comunidad no puede explotar la tierra. Aquí nadie se concibe a sí mismo sin su territorio, ya que los indígenas tienen un arraigo con el territorio que va más allá de la concepción material de las cosas, partiendo de lo espiritual consideran a sus mayores con admirable veneración, de igual manera lo son sus sitios ceremoniales, lugares sagrados como la misma tierra a quien llaman MADRE.

Es al mismo tiempo, un territorio con histórica ausencia estatal, víctimas de  garimpeiros, grupos armados, hasta masacres y agentes exógenos de toda índole que frecuentemente arremeten contra ellos, uno de los principales peligros contra la existencia misma de quienes han vivido allí desde tiempos milenarios, es precisamente el pecado de vivir en territorios con recursos naturales, sobre todo del llamado “oro azul”, que sin exagerar es más valioso que el oro negro, el oro blanco y el amarillo.

En una visión intercultural de la territorialidad indígena, como  la establecida en el ordenamiento jurídico venezolano, los pueblos indígenas son propietarios de sus territorios y de los recursos naturales que en ellos se encuentren. La Seguridad Territorial indígena es una obligación reconocida por el Estado venezolano a nivel constitucional y legal. Así, el artículo 119 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) señala lo siguiente:
 “El Estado reconocerá la existencia de los pueblos y comunidades indígenas (…) así como su hábitat y derechos originarios sobre las tierras que ancestralmente y tradicionalmente ocupan y que son necesarias para desarrollar y garantizar sus formas de vida.  Corresponderá al Ejecutivo Nacional, con la participación de los pueblos indígenas, demarcar y garantizar el derecho a la propiedad colectiva de sus tierras, las cuales serán inalienables, imprescriptibles, inembargables e intransferibles de acuerdo a lo establecido en esta Constitución y la ley”.
Del igual modo, el Estado venezolano suscribió el Convenio Nº 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas, que reconoce la Autonomía territorial indígena; y promulgó la Ley de Demarcación y Garantía del Hábitat y Tierras Indígenas (LDGHTI) y la Ley Orgánica de Pueblos y comunidades Indígenas (LOPCI), que establece lineamientos procedimentales para llevar a cabo la demarcación de Tierras y Territorios indígenas en Venezuela.

Más aún, la garantía de efectiva protección de la Territorialidad indígena -establecida en el Convenio Nº 169- supone una protección real y en la práctica, y no solamente una protección legal. Por ello, la obligación primaria del Estado es la de garantizar la demarcación territorial indígena, la cual realizará el Ejecutivo, por órgano de la Comisión Nacional de Demarcación (cuya Secretaria Ejecutiva está adscrita al Ministerio del Ambiente).

Simultáneamente, como garantía de los derechos territoriales de los Pueblos Indígenas, el Estado está en la obligación de abstenerse o de impedir cualquier intervención exógena en los territorios y tierras indígenas aún no demarcadas ni tituladas. Según los Datos del Censo Indígena Oficial (INE, año 2001), existen en Venezuela 35 Pueblos Indígenas, que hacen parte de 2.054 comunidades, que hacen un total de 534.816 habitantes indígenas del país.  Hasta ahora el Gobierno Nacional sólo ha entregado a las Comunidades Indígenas 21 Títulos de propiedad colectiva sobre sus Tierras, cifra la cual representa el 1,02 % del Total de Comunidades existentes.

En consecuencia, en la práctica no se encuentra totalmente garantizada en Venezuela la Seguridad Territorial para los Pueblos Indígenas, lo cual supondría la garantía estatal de su permanencia pacífica y auto-desarrollo, en el espacio histórica y culturalmente identificado como propio.

Un mineral “estratégico” ubicado en territorio indígena, con la intervención de terceros que explotan ilegalmente el coltán, no sólo impide a los indígenas la permanencia pacífica en su territorio, sino que además genera todo tipo de problemas que afectan principalmente a estos pueblos, como son; la proliferación de enfermedades, la emergencia de nuevas figuras de poder y autoridad que chocan culturalmente con las autoridades tradicionales indígenas, reclutamiento de niños soldados, situación de semi-esclavitud para las mujeres indígenas, entre tantos otros flagelos igualmente graves.

Ante todo ello, y a pesar que el tema adquiere relevancia en los medios de comunicación en días recientes, es un problema que data desde tiempo atrás. El pueblo Baniva a través de la Asociación de Pueblos Indígenas de Venezuela APIVEN desde 2006, ha acudido ante la Comisión de Demarcación  a los fines de titular su territorio de conformidad con la ley, han transcurrido más de cuatro (04) años sin recibir respuesta alguna. También elevaron petición ante la Gobernación del estado Amazonas, a los fines de solicitar su intervención para la implementación de la demarcación y titulación prevista en la ley, y su actuación ante la presencia de grupos que explotan ilegalmente el coltán en las comunidades del Eje Carretero Norte de Puerto Ayacucho, de ello tampoco se obtuvo respuesta.

Acciones de protesta de la mano de etnias hermanas (yukpas, barís, entre otros) para exigir la efectiva demarcación y titulación  de nuestras tierras, sin embargo, insisten en tratar de invisibilizar las luchas.

Es el caso que desde el año 2009 se han realizado actividades de exploración sobre la existencia de yacimientos de coltán en el norte del estado Amazonas, específicamente en las comunidades indígenas del eje carretero Norte hasta el poblado de Puerto Nuevo, conocido como “El Burro”. No obstante, el problema llega hasta el interior del estado Amazonas, afecta principalmente al Municipio Guainía, en los afluentes del Río Guainía, sector este que está en frontera con Colombia, donde se encuentra el Municipio Guainía Colombiano, que también tiene grandes reservas de coltán, explotado ilegalmente desde hace un par de años y de reciente inicio de explotación por parte del Estado Colombiano.

A la vez se ha realizado una explotación minera ilegal de coltán a pequeña escala que ha ocasionado la contaminación de algunos afluentes de ríos y la muerte de varios hermanos indígenas a causa de la contaminación de aguas producida por la explotación ilegal.

El Ministerio de Industrias Básicas y Minería de Venezuela a finales de 2009 publicó un informe de sobre los proyectos de exploración del Coltán en el Amazonas Venezolano. En el mismo, se informaba que ya se tenía previsto crear una empresa mixta para la explotación del coltán en 176.300 Kilómetros cuadrados del estado Amazonas, comenzando las primeras concesiones por los yacimientos ubicados en las adyacencias de las comunidades Piaroa y Baniva. El propio informe del MIBAN destaca:

“Se considera que la superficie total del área a explorar es de aproximadamente 176.300 Km2. Esta superficie representa casi un quinto del territorio nacional, es decir el 19%. A los fines de sensibilizar la magnitud del área a explotar, la misma equivale aproximadamente al 73% de la superficie del estado Bolívar (240.528 Km2) o aproximadamente al 96% del estado Amazonas (184.250 Km2)[1]”.

Así mismo señaló el Presidente de la República en Enero de 2010 la implementación del Plan Oro Azul[2], que comprende la militarización de la zona a explorar hasta tanto comiencen la explotación desde entonces nuestras tierras han estado militarizadas, impidiéndonos el acceso a muchos lugares sagrados y ocasionando agresiones contra los miembros de la comunidad.

En fecha reciente, anunció el Presidente de la República en cadena nacional que la Dirección de Concesiones Mineras del Ministerio para el Poder Popular de las Industrias Básicas y Minería, ya tiene elaborada la concesión a una empresa mixta para iniciar la exploración “sustentable” de los yacimientos.

El 96% del estado Amazonas será expuesto a la exploración del mineral, cuya actividad ha ocasionado la muerte de más de 5 millones de personas en el Congo, y que el Consejo de Seguridad de la ONU en su resolución 1952[3] adoptó un conjunto de resoluciones ante la persistencia de las violaciones a los derechos humanos, incluyendo el asesinato y el desplazamiento de un número significativo de civiles, el reclutamiento y la utilización de niños soldados y la violencia sexual generalizada, destacando  que los autores deben ser llevados ante la justicia, y reiterando su condena de todas las violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario en ese país.

No es difícil colegir entonces, que el Estado Venezolano desconoce el derecho a la consulta de los pueblos indígenas por estar afectados directa e indirectamente por dicha concesión. Ha violado el  derecho a la demarcación y titulación del territorio que tradicional y ancestralmente hemos tenido porque no ha creado los mecanismos eficaces para materializar este derecho. Así como también nos impide el uso de nuestro territorio por la militarización ordenada en el marco del Plan “Oro Azul”.

Según Erica Irene Daes, Relatora Especial de las Naciones Unidas en 2002, “El deterioro gradual de las sociedades indígenas se remonta al no reconocimiento de la profunda relación que los pueblos indígenas tienen con sus tierras, sus territorios y sus recursos.”

Es por ello, que observamos con preocupación que los temas de debate en relación a la existencia de coltán en Venezuela, se circunscriban a intereses de índole económico, transferencia de tecnología, potencial energético y su ofrecimiento al mercado internacional; el asunto no es sólo de interés estratégico, se trata de los seres humanos que allí viven, los pueblos indígenas que no consideran su existencia sin su territorio y que de ninguna forma el Estado ha obtenido su consentimiento previo, libre e informado (como es su obligación de acuerdo a la ley) para avanzar cualquier plan de desarrollo. El Estado avanza en exploración y creación de empresas mixtas para explotar coltán, cuando antes de cualquier acción debe emprender un proceso amplio de consultas a los pueblos indígenas a los fines de obtener su consentimiento previo libre e informado. Se espera de un gobierno que se precie de ser socialista, dar prioridad al ser humano antes que al capital, los pueblos indígenas afectados por la explotación del coltán deben ser tema prioritario en la agenda gubernamental. Esperemos que el Gobierno Bolivariano no cometa los mismos errores que los sandinistas, que no supieron entender las razones de los miskitos.

Twitter: @LindaManaka
lindamanakainfante@gmail.com



martes, 22 de octubre de 2013

La crisis del capitalismo rentístico y el neoliberalismo mutante (1983-2013)

Por: Emiliano Terán Mantovani

Somos una casa invadida por las termitas. Por fuera todo se mira bien. Ahora se construye mucho, se hacen grandes carreteras con el dinero del petróleo, se hará mañana una gran ciudad, hasta cambiarán por otra a nuestra Caracas, pero la procesión va por dentro, hijo. El suelo se sostiene sobre el aire. El corazón de la tierra ha sido perforado, y a medida que sacan el petróleo, queda vacío. Se va la soberanía y con el dinero vienen los vicios…
Fragmento de “Los Riberas” de Mario Briceño Iragorry, 1957

Los crecientes y notables desajustes económicos, que están afectando de manera preocupante el consumo básico de los venezolanos, lo cual evidentemente tiene un correlato en el clima político nacional, nos invitan a poner sobre la mesa una fundamental pregunta: ¿estamos en una crisis en Venezuela? La respuesta depende de la mirada histórica del proceso.

Si una crisis es una “ruptura” que da paso a una mutación importante en el desarrollo de procesos históricos, entonces cabe preguntarse ¿cuándo se inicia dicha mutación? La variable renta petrolera, es la variable fundamental que sobredetermina la realidad social, política y cultural de Venezuela, por lo tanto, las bases de los grandes desajustes actuales nacen de un proceso que se da desde mediados de los 70 y tiene su momento declarativo en el llamado “Viernes Negro” de 1983. A partir de este período, los pilares de la sociedad rentista comienzan a resquebrajarse, e iniciamos en Venezuela un período de desequilibrios estructurales que, con grados de severidad variables, se mantiene hasta nuestros días. Los desequilibrios actuales son expresiones de una misma crisis estructural de nuestro modelo rentista, inserta a su vez en una crisis civilizatoria global.


- Emiliano Teran Mantovani es sociólogo de la Universidad Central de Venezuela, investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos – CELARG, y hace parte del equipo promotor del Foro Social Mundial Temático Venezuela.

lunes, 21 de octubre de 2013

Diálogo con Correa por el parque Yasuní: Documento de Esteban Emilio Mosonyi presentado en el Celarg

Dr. Esteban Emilio Mosonyi – Antropólogo y lingüista
Rector de la Universidad Nacional
Experimental Indígena del Tauca

Comienzo esta intervención mía saludando al Presidente Correa de la hermana República del Ecuador, figura política mundialmente reconocida y hace muchos años esperanza de la humanidad progresista. Después del muy lamentable fallecimiento del Presidente Hugo Chávez, no cabe duda acerca del liderazgo de Rafael Correa en lo que concierne a la conducción de la ALBA y, más allá de esta, de todo el bloque de UNASUR, por no nombrar otros escenarios, también interesantes. Es hasta difícil sintetizar los logros de Correa, quien ha estabilizado como nunca antes a la República del Ecuador, resolviéndole una crisis secular, ha encaminado la Revolución Ciudadana obteniendo con ello –después de estar más de siete (7) años en el poder– una fuerte mayoría al cosechar una entusiasta reelección. Se le reconoce, pues, desde las filas revolucionarias como un conductor de pueblos capaz de poner en marcha y hacer avanzar grandes iniciativas prácticas, enrumbadas hacia utopías concretas.

Digo todo esto en homenaje de una experiencia política exitosa y en plena etapa de cumplimiento. Pero también hago estos señalamientos iniciales para dar a entender, despejando todo malentendido, desde dónde me dirijo al Presidente del pueblo ecuatoriano, sin irrespeto o malicia alguna; como a un hermano y aliado en la noble causa de los pueblos oprimidos del mundo, en la cual me enorgullezco de militar hace muchas décadas. Escogí de manera bien puntual el verbo “enorgullecer”, porque a veces no es bueno disfrazarse hipócritamente con el peto de una extrema modestia, que solo pretende encubrir complejos de toda índole y otros sentimientos malsanos. Estoy asumiendo este importante Diálogo como luchador social que también he obtenido considerables éxitos desde las profundidades del siglo o milenio pasado, especialmente en la defensa de la diversidad societaria.

De manera que al plantear el caso Yasuní, uno de los espacios con mayor biodiversidad en América o Abya Yala y en el mundo –foco también de una amplia sociodiversidad con sus indoblegables pueblos amazónicos– estoy tomando la palabra como quien predijo y contribuyó a echar las bases a un hermoso proceso de reivindicación, recuperación y no pocas veces revitalización de los pueblos nativos de nuestro Continente y aun más allá, en lo referente a sus derechos colectivos, tierras, culturas e idiomas.

Amo profundamente al Ecuador, país que he tenido el privilegio de visitar en múltiples ocasiones y con cuya historia, culturas e inigualables ecosistemas –piénsese también en el Archipiélago de los Galápagos– me siento con derecho a estar plenamente identificado. Más allá de la hermosa capital Quito y otros pujantes centros urbanos, he visitado con humilde pero consciente sentido de solidaridad una porción de su geografía telúrica y humana. Todavía me laten los recuerdos de Napo, de la Amazonía Ecuatoriana, donde el grupo de visitantes oficiales internacionales del cual formaba parte se encontró, entre otras gratas sorpresas, con el dinamismo de una comunidad kichwa amazónica, que supo darnos una magnífica lección. Esta versaba sobre lo que ya para ese momento –todavía muy dentro del horizonte temporal del siglo pasado– yo entendía como una versión acrisolada del modo de vida indígena por encima de sus legítimas diferencias étnicas y lingüísticas; que hoy día recibe el nombre de “sumak kawsay” y va despertando cada vez más entusiasmo en el mundo entero. Fuimos recibidos con una hospitalidad inesperada, en medio de unas demostraciones de capacidad organizativa propia que nunca pudimos olvidar.

Las y los voceros de esta comunidad –no la voy a nombrar por considerarla como parte de una vivencia generalizable– nos hicieron una descripción y una explicación convincentes de cómo ellos ordenan su vida presente y futura; sobre la base de su historia y cultura, su larguísima experiencia colectiva igualitaria y solidaria; su propia versión de la Educación Intercultural Bilingüe en Educación tanto Inicial como Básica; una muy variada economía agrícola, totalmente armonizada con la naturaleza circundante; incluso el riquísimo arte gastronómico amazónico que pudimos disfrutar en toda si sabrosura y originalidad, antes inédito para la mayoría del grupo visitante. También me conmovió sobremanera una actividad de aula, la clase impartida a un conjunto de niñas y niños de la Comunidad, en la cual la docente, en su mejor vestimenta típica incluyendo una hermosa corona de plumas en la cabeza –no como se hace ante la presencia de unos turistas y otros curiosos, sino en la plenitud de su deber profesional y ciudadano– dictó una clase que yo denominaría magistral, con una fluidez y control absoluto de su sonoro idioma, mostrando a la vez una cantidad de objetos presentes en su medio, de uso cotidiano. Posteriormente, ella tradujo al español sus propias palabras. Luego continuó con explicaciones metodológicas, siempre en alegre y exuberante diálogo con el auditorio, y no tardó en expresar en forma inteligente, crítica y autocrítica, sus importantes logros como comunidad, pero también las fallas y necesidades. Lo bueno no supone lo perfecto y además la interculturalidad implica enriquecerse con los aportes bien dosificados de la sociedad nacional y aun de la supranacional. Ni ellos ni mi persona somos nativistas exagerados, ni románticos incorregibles, si bien en lo personal admiro profundamente la creatividad sociodiversa que reinó durante el Romanticismo.

En ese Evento estuvieron presentes uno/as amigo/as y compañeros/as kichwa de la Sierra Ecuatoriana, quienes entendían perfectamente la variante lingüística de la zona selvática; pero no desaprovecharon la oportunidad de conversar con respeto y departir amigablemente con sus connacionales selvícolas llamando la atención sobre las diferencias, claramente perceptibles, entre sus formas de hablar el mismo idioma. Ello se evidenciaba en sus fonemas, su gramática y sobre todo en el vocabulario utilizado: una magnífica unidad en la diversidad. En ese mismo viaje visitamos también los alrededores de Otavalo, Provincia de Imbabura, donde encontramos comunidades kichwa igualmente organizadas, limpias y hospitalarias, celosas conservadoras de su lengua y cultura; pero cuidado, también en una actitud de interculturalidad dialogante con la nación ecuatoriana en su totalidad, que no admitía ambigüedad alguna: Ellos se consideran los más ecuatorianos de todos los ecuatorianos, en el mejor sentido afirmativo. La experiencia plurinacional ecuatoriana y boliviana nos demuestra claramente no solo la viabilidad sino también el valor intrínseco del pluralismo multidiverso.

En otra oportunidad, tuve la suerte de asistir a un rito ceremonial en las inmediaciones de Cuenca, donde me llamaba especialmente la atención el hermoso y a la vez sobrio vestuario femenino –en esa ocasión impecablemente blanco– y sobre todo la impresionante belleza de las mujeres jóvenes de la nacionalidad kichwa en esta región del país. Lo afirmo no con la novelería a veces enfermiza del viajero superficial, sino en tanto profesional de las ciencias sociales provisto de suficiente base teórica para apreciar, en sus justas dimensiones, todas aquellas manifestaciones de la sociodiversidad –así como de la biodiversidad– que hacen nuestra existencia planetaria merecedora de ser vivida. Si esta clase de experiencias no existiesen, ¿para qué viviéramos todos nosotros?. En tal sentido haré mías las palabras emitidas en una publicación de la Universidad Indígena Amawtay Wasi, Casa de la Sabiduría, ahora en mi condición de Rector de nuestra Universidad Indígena Venezolana de Tauca: “Sumak yachaypi alli kawsaypipash yachakuna. Tukuylla tukuypurarishpallami, sapan ñukanchik kikin uchilla llaktakunapika “sumak kawsay” yachayta rurashpa katinata ushashunmi” (Aprender en la sabiduría y el buen vivir: esto nos invita a todos y a cada uno a que desarrollemos nuestra capacidad de hacer nuestros propios recorridos, nuestros propios juegos, a fin de hacer de la vida en nuestras localidades un permanente proceso de construcción y reconstrucción del bien vivir).

Me esforzaré en resumir estas y otras experiencias análogas en la forma siguiente. Sé que lo relatado no presenta ni representa todo el Ecuador contemporáneo, sus urbes, sus instituciones. Eso para mí está claro. Ni siquiera agota la sociodiversidad ecuatoriana como tal, por no abarcar a los afrodescendientes de Esmeraldas; a los voluntariosos montuvios; tampoco hago mención ni alusión a varias de las nacionalidades indígenas, por ejemplo los omnipresentes hermanos shuar. Pero también es verdad que lo reflejado en estas breves páginas corresponde a una imagen impactante del Ecuador profundo –siguiendo la orientación del maestro mexicano Guillermo Bonfil Batalla– que establece una pancronía uniendo lo histórico con lo más actual e inmediato, lo telúrico con lo humano. Yo me decía en aquel entonces: “a este país impresionante en su concentrada megadiversidad solo le hace falta un sistema político y un gobierno que le resuelva los problemas carenciales enrumbándolo por las vías de un verdadero progreso”. Y como respondiendo a esa aspiración y ese deseo sentido por muchos, llegó un estadista talentoso con arrolladora vocación transformadora en la persona del Presidente Rafael Correa.

Efectivamente, el actual Presidente interpreta a Ecuador como nadie, en sus haberes y en sus necesidades. Me sorprendió gratamente su dominio del idioma kichwa, su justo reconocimiento de los pueblos y movimientos indígenas, para ser coherente con mis planteamientos iniciales: incluso una ejemplar preocupación por el ambiente y otros valores trascendentales. Con la mayor sinceridad de la que me creo capaz confieso que le aplaudí su ofrecimiento de salvar el Parque Yasuní, pero exigiendo paralelamente al resto del mundo una importante contribución financiera. No es justo que Ecuador, país más bien pobre en lo estrictamente económico, tenga que renunciar a la explotación de un recurso tan rentable como el petróleo, en forma unilateral, mientras que los países poderosos del mundo, muy a pesar de su henchido discurso ecológico, le den la espalda de la manera más cínica. Todo esto lo comparto con el Presidente Correa y verdaderamente lamento que no se haya movilizado el Planeta entero, para colaborar entre todos por la salvación de un rincón del orbe bendecido por una sin par biodiversidad.

Entiendo y comparto plenamente –casi de manera empática– estas duras realidades y los problemas que confronta el Presidente Correa. Sin embargo digo también, con plena conciencia del peso de mis palabras: Más allá de la sucia jugarreta de los Estados dominantes, de los emporios de poder económico, político y militar, de los amos del universo; por decirlo en una forma sintetizada, juzgo y sostengo que la respuesta de Ecuador no deberá ser el sacrificio de Yasuní I.T.T. (Ishpingo, Tambococha, Tiputini). No me sentiría conforme con la pérdida de la biodiversidad que este alberga y que se perdería irremisiblemente; al igual que los indígenas que allí habitan, los huaorani en especial, algunos de los cuales han optado inclusive por el aislamiento voluntario: en vista del marginamiento, deculturación y mortandad epidémica que vienen sufriendo sus hermanos más aculturados. Tengo documentos que acreditan la inmensa preocupación que el mismo Presidente siente y sigue teniendo por esos hermanos indígenas, que parecen condenados a correr la misma mala suerte de los arahuacos taínos de las Antillas cuando llegó con sus huestes el almirante Cristóbal Colón; quienes al poco tiempo comenzaron a entregarse a una febril explotación del oro, con sus terribles efectos esclavizantes y genocidas.

Es cierto que algunos defensores de la apertura petrolera propagan la idea de que actualmente se cuenta con una tecnología suficientemente avanzada para poder reducir cualquier impacto ambiental y sociocultural al mínimo; además de que la explotación como tal afectaría solo una mínima parte del Yasuní I.T.T. En el fondo todos sabemos que no es así; las experiencias ecuatorianas y de otras latitudes dondequiera en el mundo contradicen terriblemente tamaño optimismo. Si la extracción petrolífera fuese tan inofensiva, toda esta discusión estaría de más; pero los indicadores disponibles nos alertan sobre gravísimos peligros. Esto es válido para Ecuador y toda la Amazonía; es decir, para países como Brasil, Perú, Bolivia y la propia Venezuela, que cuenta con reservas petroleras para un medio milenio: si es que el país y el Planeta soportaran el extractivismo petro-minero intensivo por tanto tiempo. Mas el deterioro del Planeta ya hace rato comenzó y según cálculos fidedignos, objetivos y no sensacionalistas, avanza mucho más rápido que las previsiones más pesimistas.

Sabemos que el Presidente Correa ha exteriorizado más conciencia y preocupación ambientalista y humanista que la gran mayoría de los jefes de Estado y que está tomando estas últimas decisiones con el mayor dolor que cabe imaginar. Por eso insistimos en que la apertura petrolera en reservas biológicas y resguardos de comunidades altamente vulnerables como lo es Yasuní, patrimonio vivo del Ecuador y de la Humanidad, está lejos de ser la única respuesta posible o la más idónea frente a ese arrogante desafío de la economía capitalista mundial. Es tiempo de irnos dando cuenta de que el extractivismo y el hiper-desarrollismo constituyen una trampa mortal, que el capitalismo en su fase final decadente tiende sobre todo a los países y gobiernos más progresistas. Lo hace para desviarlos de su propósito y con ello apuntalar y salvar ese pútrido sistema de explotación del ser humano, de la Madre Naturaleza –de la Pachamama o Mamapacha si se quiere– por una mafia viciosa de gobiernos y corporaciones, que se niegan absolutamente a dejar de dominar un Planeta moribundo.

Considero este punto demasiado importante para dejar mis consideraciones de este tamaño, por lo que trataré de glosar mis ideas de una manera más inteligible. Ya el mundo capitalista, ante la definitiva crisis ambiental, el levantamiento de los pueblos, la rebelión de miles de millones de indignados que son el 99% de los habitantes de la Tierra, se sabe perdido y entiende que está disparando sus últimos cartuchos, pese a que sus apetencias imperialistas nunca han cesado. ¿A qué treta puede recurrir, entonces, ese establecimiento capitalista y neoliberal ante su inevitable declive? La respuesta no parece fácil, pero nosotros hemos ideado una hipótesis que parece dar la talla. El capitalismo, a través de sus operadores más audaces, ha resuelto inocular su ponzoña, su veneno destructor, en los sistemas políticos que últimamente han surgido para cuestionar y hasta desarticular su omnipresencia y prepotencia en diversas partes del mundo, especialmente en América Latina. Es como si yo oyese su mórbido discurso cuando exclaman: “Está bien, ellos serán socialistas, progresistas, revolucionarios y todo lo demás; pero nosotros vamos a inyectarles el veneno del capitalismo, no importa que se trate por ahora –en lo fundamental– de un capitalismo de Estado”.

Por otra parte, los dirigentes políticos de los países progresistas, quienes lógicamente necesitan inmensos recursos para hacer frente a su gran tarea transformadora, pueden terminar cediendo a la tentación de pelear con las armas del enemigo, práctica que solo contadas veces da resultado positivo. En ese confuso escenario arremeten las transnacionales; junto con los países que las respaldan, los grandes compradores de materias primas, incluso los neocapitalistas como China y los emergentes como India y Brasil. Hay toda una secuencia perversa de pasos regresivos que conducen a la creciente reprimarización de economías otrora agroindustriales, industriales y de servicios sofisticados. Las potencias necesitadas de fuentes energéticas y materias primas llegan a ofrecer precios elevados por esos productos, ante lo cual suelen capitular los países más pequeños, deslumbrados por la afluencia de divisas. Como consecuencia, a veces se sienten poco estimulados a lidiar con una economía propia compleja, ni tan preocupados por autoabastecerse en alimentos y otras mercancías, pues resulta menos costoso y más fácil importarlos del exterior.

Volviendo a la apertura y explotación petrolera, tan tentadora inclusive para los países más progresistas, he de hacer la siguiente confesión. Yo, como ciudadano venezolano, me siento francamente incómodo al ser partícipe involuntario de una economía petrolera. Esto me atañe solo indirectamente, ya que mis limitados ingresos provienen principalmente de la actividad académica. Mas también es verdad que soy pagado por el Estado –del cual yo formo parte– en tanto profesor universitario, y ese Estado saca sus recursos casi íntegramente de la exportación petrolera. Y ese negocio –típica arma del enemigo– es el más ultra-reaccionario y antirrevolucionario que existe en la faz de la Tierra. Internamente desestimula cualquier actividad de la población, quien tiene la expectativa de beneficiarse del falso maná que, mal que bien, distribuye el Estado: este debe velar por la subsistencia de las mayorías, asegurando de paso sus votos en las elecciones periódicas. Pero ese ingreso estatal, relativamente fácil, seguro y fruto de muy poco esfuerzo, se invertirá luego en un consumismo a menudo desaforado, el uso continuado y exagerado del automóvil y otros vicios típicamente capitalistas, por más que el Estado “progresista” se esfuerce por evitarlos.

Hacia el exterior los efectos de la petro-adicción son similares y tal vez más perniciosos todavía: Nosotros, al exportar petróleo, prolongamos indefinidamente el uso predominante de la energía fósil, contribuyendo así decisivamente a la contaminación y muerte del Planeta, que según los indicadores más confiables parece tener los días contados. No me siento ningún ingenuo o comeflor en materia de análisis socioeconómico, a pesar de ser básicamente un cultivador de la antropolingüística y, en un ámbito de mayor amplitud, de la antropología crítica y comprometida. Bien sé, al igual que la mayoría no extremista de la gente relativamente informada, que incluso en el mejor de los casos el cambio a partir de las energías contaminantes a las no contaminantes y limpias requiere unas décadas de transición; pero también estamos enterados de que ya se podrían dar los primeros pasos. Hay suficiente investigación sobre esta temática, además de las experiencias que así lo comprueban. Estoy plenamente convencido de que Venezuela, para seguir con el ejemplo, sería un mejor país si no fuera productor de petróleo, o por lo menos si ese combustible no fuese tan abundante incluso a futuro. ¡Cuántos países se han levantado y se han abierto camino sin contar casi con los llamados recursos naturales!. Ningún Estado petrolero se ha salvado de las taras del llamado “oro negro”; ni tan siquiera la escandinava Noruega, con su aislamiento espléndido, su giro político a la derecha aparejado a una crisis ideológica.

Pero no nos aventuremos tan lejos todavía. Es tiempo de redondear mi petición al querido y apreciado Presidente Correa, con respecto a la tan deseable no petrolización presente ni futura del incomparable “Parque Yasuní”, del cual reivindico mi parte como ciudadano del mundo progresista. Estoy inclusive dispuesto a contribuir con una cuota proporcional a su sostenimiento, tomando en cuenta mis módicos ingresos. Estoy seguro de que al cabo de una buena campaña concientizadora, mucha gente haría lo mismo. La humanidad conformada por los ciudadanos de todos los países –especialmente en Ecuador a través de su Revolución Ciudadana– está cada vez más ávida de participar en las grandes decisiones que se toman a distintos niveles y en diferentes lugares. Además, si bien no todos somos Gobierno, todos somos Estado. Queremos participar y no mediante simples referendos para votar “sí” o “no” sino en reuniones, actos y eventos donde podamos expresar inteligentemente nuestros argumentos. Que se nos brinde la oportunidad de razonar y aplicar el pensamiento complejo a la hora de formular las decisiones. Como pütchipü´ü o palabrero del pueblo wayuu –sin importar mi condición de alíjuna o no indígena–elegido en una reunión internacional e intercultural en la Baja Guajira, rechazo las disyuntivas y las comparaciones inapropiadas. También soy y me considero discípulo del gran cacique salish Seattle –pronunciado correctamente Si´ahl- cuyo discurso tuve la suerte de poder leer en la versión e idioma originarios. Me atrae mucho más el diálogo fecundo que la confrontación estéril. De allí mi petición sincera y transparente al estimado Presidente Correa, para que considere y reconsidere tantos argumentos y propuestas que, partiendo de diversos actores sociales, han sonado sobre este delicado tópico: vuelto emblemático para el Continente y para sus procesos libertarios.

Reitero que los pueblos y ciudadanos del Mundo estamos plenamente conscientes de que Ecuador –al igual que tantos otros países todavía en proceso de descolonización y autoafirmación– requiere de ingresos, sobre todo de divisas, para realizar sus planes de inversión social, en una cantidad muy superior a la que dispone actualmente. Pero hay otras formas de obtenerlos sin sacrificar parte de su patrimonio biológico e histórico, tangible e intangible. En términos algo metafóricos, no veo la necesidad de amputarnos un pie sano para obtener un millón de dólares a cambio. Y esto es igualmente válido para todos los países del Planeta, absolutamente todos sin excepción. Un Presidente tan inteligente, preparado y muy bien informado como el respetado Rafael Correa, sabe perfectamente cuáles son las grandes potencialidades de Ecuador en agricultura y agroindustria, industria ligera y pesada, servicios y turismo; sobre todo turismo social y educativo, para evitar la contaminación y la destrucción de paisajes en veces demasiado vulnerables. No tengo duda alguna de que el pueblo entero colaboraría, ese famoso 99% que quiere protagonizar su propia historia, en Ecuador, en Venezuela y en todas partes.

Además, ningún interlocutor responsable y serio se pronunciaría por eliminar, especialmente de un día para otro, toda la industria petrolera y minera, aparte de la imposibilidad e impracticabilidad de tal propósito. Repetimos que la sustitución de energías fósiles ocurriría a mediano y largo plazo. En tal sentido, es muy oportuno señalar aquí que las reservas de Yasuní I.T.T. solo constituyen una parte de las existentes en el subsuelo ecuatoriano. De manera que el sacrificio hecho por el Estado sería relativo y la ganancia sumamente importante, al salvaguardar algo tan valioso e irremplazable para Ecuador y la Humanidad. Otro renglón que habría que examinar, especialmente en los países progresistas, es el gasto militar, artificialmente exacerbado por los perros de la guerra, también símbolos de un capitalismo extenuado y desnaturalizado. Es verdad que todo país tiene que estar preparado para defenderse de posibles ataques exteriores e incluso alguno que otro percance interior. Pero ante la proliferación de armamentos en el Mundo, es extremadamente improbable la utilización incontrolada de armas de destrucción masiva hasta por parte de las potencias imperialistas, por estar consciente de que con ello firmarían también su propia sentencia de muerte. Un uso recíproco del arsenal nuclear –del cual ya disponen varios países- haría imposible la permanencia de la vida a escala planetaria, salvo tal vez algunos nichos y especies biológicas residuales muy alejadas de la humana.

Y para concluir, me dirijo nuevamente al Presidente y al Gobierno de la queridísima República del Ecuador, para que por el bien de todos, reconsideren su decisión de someter a un proceso de explotación petrolera y minera al Parque Yasuní I.T.T. Tengamos en cuenta, quizás por vez primera incluso en un proceso revolucionario, los Derechos de la Naturaleza o la Pachamama como bien dice la avanzada Constitución Ecuatoriana. El Presidente Correa está en mejor posición que muchos Jefes de Estado para realizar esa innovación en política pública, que hace tiempo viene constituyendo un desiderátum de suma importancia. No le tengamos miedo a la Pachamama ni a su nombre; aprendamos más bien algo en concreto de la experiencia milenaria de los pueblos indígenas, como ya lo propuso la Conferencia de Río muchos años atrás. Ecuador tiene la posibilidad de hacer una contribución sin igual a la instauración de un Nuevo Paradigma Civilizatorio, para ser seguido primero por los países progresistas y luego por el resto del globo terráqueo. Todavía podemos salvar al Planeta y a sus pueblos de seguir sufriendo más daño. Démosle paso a la verdadera Revolución del siglo XXI, en cuya formulación los valores ambientales y espirituales, culturales e interculturales, se sitúan cada vez más en primer plano y, por vez primera, con amplia posibilidad de realizarse.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Resultados del plan Caura en la cuenca del Río Caura

El plan Caura, implementado por el ejecutivo central hace pocos años, que tenía la finalidad de controlar la minería destructiva en el Alto Caura, ha resultado en todo un desastre ecológico y humano para una de las zonas de mayor biodiversidad del país y del planeta, más pudo la ambición de riqueza fácil y la corrupción de unos pocos que el bienestar del resto de la humanidad, ya que el desastre ambiental que se produce aquí afecta a todo el planeta.

En la explotación minera y maderera que se realiza intervienen criollos e indígenas, civiles y militares unos como destructores y otros como consentidores a cambio de dinero y oro. Grandes extensiones de selva han sido removidas, ríos contaminados, fauna diezmada es lo que va quedando de esta impresionante selva.

Ya existen poblados de mineros, donde se mueve el licor y la droga en grandes cantidades en complicidad con las autoridades, los asesinatos son comunes sin que haya detenidos, ni investigaciones, la degeneración moral ha alcanzado a los indígenas, donde ya se han visto casos de prostitución infantil y violaciones de las mujeres de estas etnias, comunidades indígenas que hasta hace poco se abastecían de productos de la selva y producción de los conucos, ahora pasan hambre porque los hombres jóvenes y fuertes están dedicados a la minería y no se cultiva lo suficiente para abastecer a sus familias, y el dinero obtenido lo gastan en alcohol, drogas y prostitución, cuyas consecuencias son: enfermedades venéreas, poca comida para sus familias y peleas, se ha roto la armonía que se vivía en esas comunidades, ya no hay solidaridad, ni hermandad, solo vicios, egoísmo e individualismo, además de la contaminación mercurial de los peces y de las personas que los consumen.

Para ayudar al desastre de la minería, también se están deforestando cientos de hectáreas de selva virgen de una biodiversidad muy rica para obtener gran cantidad de madera de forma ilegal y luego crear zonas de pastoreo para ganado, afectando enormemente a la flora y fauna de la región. Han sido exterminados una cantidad importante de jaguares, cuspas gigantes, águilas arpías, dantos, venados, báquiros y otros mamíferos y reptiles.

También han desaparecido de amplias zonas las guacamayas, loros, tucanes y una gran variedad de otras aves porque con la destrucción de la selva no encuentran alimento y tienen que emigrar más lejos; otros se convierten en plagas para los conucos y son muertos a tiros o envenenados.

Este desastre no parece importarle a nadie, las autoridades militares, municipales, regionales y nacionales no hacen nada. Las alcabalas solo cobran grandes sumas de dinero para permitir esta situación que luego se reparte entre varios funcionarios de estas instituciones.

Ya se han hecho muchas denuncias sin que las autoridades a quienes compete arreglar esta situación hayan hecho algo y ello se debe a que hay intereses de funcionarios corruptos de alto rango que se benefician de este desastre.

 Horacio A. Vargas G.

yuruami1@cantv.net

yokuare14@yahoo.com.ve

jueves, 19 de septiembre de 2013

Firma el manifiesto por el Yasuní (Ecuador)


La esperanzadora propuesta levantada por el pueblo ecuatoriano para “dejar el crudo en el subsuelo”, reconocida posteriormente por el gobierno del presidente Rafael Correa y conocida en el escenario internacional como Iniciativa Yasuní ITT -una transición desde los pueblos en este camino pospetrolero- ha sido sepultada por el propio presidente ecuatoriano mediante el Decreto 74 del 15 de Agosto de 2013.

Encuestas de opinión estiman que cerca del 80% de los ecuatorianos están en contra de la decisión de Correa de abandonar la propuesta y abrir el área a la exploración petrolera. Además de organizaciones indígenas y ambientalistas y de ciudadanos en general, las protestas vienen de prominentes figuras como el economista Alberto Acosta, anterior ministro de energía y presidente de la Asamblea Constituyente.

Este manifiesto que invitamos a firmar, busca respaldar la Consulta Popular solicitada por el pueblo del Ecuador para que las ecuatorianas y los ecuatorianos decidan qué hacer con el Parque Natural Yasuní; también busca enviar un mensaje de solidaridad al valeroso pueblo ecuatoriano que se ha constituido en un referente de las luchas ambientales y las propuestas para construir un mundo donde primen las relaciones armónicas entre los seres humanos y entre los seres humanos con la naturaleza, como principio de la construcción del Sumak Kawsay o Buen Vivir.

 MANIFIESTO LATINOAMERICANO POR EL YASUNÍ

Las grandes crisis de la humanidad suelen propiciar ambientes bastante fecundos en ideas, iniciativas y cuestionamientos. La crisis ambiental que nos acoge actualmente, nacida de las maniobras extractivas propias del modelo capitalista que viene agobiándonos históricamente, ha sido un escenario fértil para cuestionar nuestra relación con la naturaleza, para pensar el territorio y para embarcarse en nuevos propuestas alternativas al modelo. Así la iniciativa de “dejar el crudo en el subsuelo”, concebida por organizaciones y ciudadanos ecuatorianos, conscientes de la barbarie ambiental causada por la extracción de petróleo en sus selvas amazónicas, se encamina a proponer estrategias que impidan la continuidad y la implementación de un modelo extractivista en los territorios, llamando a la comunidad internacional a acompañarles en su tarea.

Lamentablemente la propuesta de dejar el crudo en el subsuelo, reconocida posteriormente por el gobierno de Rafael Correa como Iniciativa Yasuní/ITT, se encuentra ahora sepultada por el propio presidente ecuatoriano mediante el Decreto 74 del 15 de Agosto de 2013, que da por terminada la Iniciativa Yasuni-ITT. Procediendo inmediatamente a solicitar a la Asamblea Nacional la declaratoria de asunto de importancia nacional la explotación del petróleo en el bloque Ishpingo-Tambococha-Tiputini del Yasuní, ubicado en la región de mayor diversidad biológica del mundo. No obstante, el potente pueblo ecuatoriano, inalienable ahora en este tema, comprende la importancia ambiental del Yasuní y, por ende, ha solicitado a la Corte Constitucional un dictamen de constitucionalidad a la pregunta que servirá de base para una consulta popular.

Ante este escenario, las organizaciones sociales, ambientalistas, comunitarias, culturales, académicas y la ciudadanía abajo firmantes apoyamos decididamente la propuesta de Consulta Popular, considerando que además de buscar la conservación eficaz de la vida y existencia de la selva amazónica, la consulta es una evidencia de la conciencia creciente de los ecuatorianos frente a su propia naturaleza. Se triunfa con una Consulta Popular porque se reivindican los poderes políticos de la sociedad, se potencia el poder de lo popular y se refuerza el derecho legítimo de los pueblos de tomar decisiones concernientes a su territorio Sin lugar a dudas, entendemos que la Constitución Política de la República del Ecuador es una carta audaz en términos de derechos constitucionales y conservación de la naturaleza, y rechazamos la forma en que el gobierno actual pretende transgredirla con la propuesta de explotación del bloque petrolero ITT en el Parque Nacional Natural Yasuní. Rechazamos el decreto presidencial que consideramos ilegítimo, dado que viola los derechos humanos y de la madre tierra contemplados en la Constitución Nacional ecuatoriana. La decisión presidencial vulnera particularmente los siguientes artículos:

Artículo 57.- Relacionado los derechos colectivos de las comunidades, pueblos y nacionalidades.
Artículo 73.- EI Estado aplicará medidas de precaución y restricción para las actividades que puedan conducir a la extinción de especies, la destrucción de ecosistemas o la alteración permanente de los ciclos naturales.
Artículo 395.- El Estado garantizará un modelo sustentable de desarrollo, ambientalmente equilibrado y respetuoso de la diversidad cultural, que conserve la biodiversidad y la capacidad de regeneración natural de los ecosistemas, y asegure la satisfacción de las necesidades de las generaciones presentes y futuras…
Artículo 398.- Toda decisión o autorización estatal que pueda afectar al ambiente deberá ser consultada a la comunidad, a la cual se informará amplia y oportunamente.
Artículo 405.- EI sistema nacional de áreas protegidas garantizará la conservación de la biodiversidad y el mantenimiento de las funciones ecológicas…
Artículo 407.- Se prohíbe la actividad extractiva de recursos no renovables en las áreas protegidas y en zonas declaradas como intangibles…
Artículo 413.- El Estado promoverá la eficiencia energética, el desarrollo y uso de prácticas y tecnologías ambientalmente limpias y sanas, así como de energías renovables, diversificadas, de bajo impacto y que no pongan en riesgo la soberanía alimentaria, el equilibrio ecológico de los ecosistemas ni el derecho al agua…

Objetamos los argumentos presentados por Rafael Correa para explotar el petróleo existente en el Yasuní, al decir que los ingresos generados de la explotación son indispensables para mejorar las condiciones de vida de las comunidades amazónicas ecuatorianas, dudamos que esto sea posible bajo el escenario propuesto de explotación. En primer lugar, porque históricamente está demostrado que en el Ecuador las regalías por petróleo no tienen una relación directa con una mejor calidad de vida, por el contrario han sido las comunidades, que habitan las zonas de donde se extrae el petróleo, quienes se cuentan entre los más desabastecidos y con los mayores índices de pobreza.

En segundo lugar, resaltamos que no es posible pretender mejorar las condiciones de vida de las comunidades mediante la explotación petrolera, porque con la degradación de su territorio, se vulneran asimismo sus relaciones sociales y con la naturaleza, que son el sustento real para su vida. La cultura de las comunidades es una manifestación de la naturaleza de la que hacen parte, así pues el desequilibrio de su territorio, será el desequilibrio de su vida, porque su cosmovisión incluye lo que para ellos es conocido: sus ríos, sus alimentos, sus rutas, sus tiempos, su aire, su maraña verde.

Reafirmamos las decenas de razones para defender el Yasuní de cualquier tipo de actividad extractiva, principalmente la riqueza de su biodiversidad, sus relaciones ecológicas tejidas por milenios, sus medicinas, sus particularidades fisiológicas, paisajísticas, su resiliencia, su metabolismo ecológico, sus particularidades étnicas (especialmente la presencia de pueblos en aislamiento voluntario), su valor escénico, su vida, sus millones de años de historia evolutiva. Asimismo rechazamos los modelos gubernamentales basados en el extractivismo, la adicción por el petróleo, la obsesión por el crecimiento económico ilimitado y las economías rentistas.

Rebatimos la idea de que el uno por mil (1x1000) del Yasuní que se explotará es un área mínima o despreciable, pues esa proporción corresponde a la magnífica área de 982.000 hectáreas, que no está distribuida de manera continua, sino que está compuesta por diferentes campos que tendrán que ser interconectados. Por lo cual, el uno por mil presentado como despreciable, aumentará a través del tiempo, por esta razón instamos a las comunidades a no dejarse distraer por la forma conveniente de presentar esta cifra. Asimismo, contradecimos la idea de que la afectación ambiental será mínima por la implementación de modernas tecnologías con poco impacto, pues aún para la explotación horizontal como mínimo se necesita numerosas detonaciones en toda el área solo en la fase de exploración, además se necesitarán también instalaciones para vías de acceso, líneas de transmisión, tuberías en toda el área y usar amplias zonas para la instalación de cada pozo, sin mencionar de los procesos de colonización que provoca la actividad petrolera.

Aplaudimos a los ciudadanos y organizaciones ecuatorianas tanto por la propuesta de “dejar el crudo en el subsuelo” (Iniciativa Yasuní/ITT) como ahora por el llamado a Consulta Popular. En especial a los movimientos de jóvenes que con sus acciones se convierten en un referente histórico para el planeta entero, y el Ecuador como un indiscutible líder en propuestas innovadoras en materia ambiental. Celebramos el mensaje contundente que están dando al mundo, que la permanencia de la vida no tiene discusión, que la vida puede entenderse en términos de ciclos, flujos y sinergias, porque como dice Fritjo Capra, “lo que le hagamos a la tierra nos lo hacemos a nosotros mismos”.


Por último hacemos un llamado a la comunidad internacional, organizaciones ambientalistas, académicas, sociales, espirituales, étnicas y ciudadanos permanezcamos atentos al futuro del Yasuní y continuemos respaldando y acompañando las motivaciones del pueblo ecuatoriano en esta labor de repercusiones planetarias. Apoyamos la Consulta Popular... queremos un Yasuní vivo y que los ecuatorianos sigan inspirando a las naciones con su proceder!