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domingo, 22 de diciembre de 2013

Revisitando algunos alertas sobre la transición al socialismo en las actuales circunstancias

Por: Javier Biardeau R.

Pudiera suponerse que revisitar aspectos teóricos de los planteamientos clásicos de Marx y Engels sobre la transición al socialismo en medio de problemáticas más urgentes y actuales, como la llamada “guerra económica”, el “plan de colapso total” o el debate sobre la “ley habilitante”, es una actividad carente de sentido.

Sin embargo, no se trata de re-vivir un dogma anacrónico, sino de aprender algunas lecciones para el pensamiento crítico socialista, como momento reflexivo de la praxis en las actuales circunstancias.

¿Qué ocurre si advertimos que la actual coyuntura de “crisis económica” parcialmente inducida y cabalgado por sectores de la derecha nacional e internacional, es producto de profundas debilidades teóricas, de inconsistencias de la política revolucionaria en el terreno económico, de carencia de referencias en la ética socialista, en el pensamiento crítico y en las ciencias sociales e históricas (particularmente en la crítica rigurosa de la economía política del Capital) para orientar otras coordenadas a la política económica (tanto para la coyuntura como para darle aliento a cambios estructurales); carencias ostensiblemente presentes en el Bloque Popular, Democrático y Revolucionario, para avanzar en las tareas inmediatas y mediatas de la transición al socialismo?

¿No podría convertirse en una letanía repetitiva y vacía convocar permanentemente a una “revolución económica” para salir del rentismo-petrolero y diversificar el aparato productivo nacional (como si fuesen asuntos que no tienen incidencia alguna en los conflictos entre intereses de grupos, sectores y clases)? ¿Acaso olvidamos los aportes de Varsavsky cuando definía un estilo de desarrollo como el modo de vivir, trabajar y evolucionar como sociedad, que incluye el modo de consumo, las relaciones laborales, el estilo tecnológico, científico y artístico, junto con las maneras de actuación de las fuerzas políticas (estilos políticos)?

¿Acaso olvidamos los aportes de pensadores latinoamericanos como Aníbal Pinto cuando definió el estilo de desarrollo como la manera en que dentro de determinado sistema (capitalista, mixto o socialista), se organizan y asignan los recursos humanos y materiales, con el objeto de resolver los interrogantes sobre qué, para quiénes y cómo producir los bienes y servicios? ¿Acaso olvidamos como señalaba sobre el mismo tema Jorge Graciarena, que un estilo o modelo de desarrollo (su formalización) es el resultado de la articulación dinámica entre relaciones de poder, entre el Estado, el poder y el mercado en una determinada sociedad basado en ideas, valores e ideales, explícitos o silenciosos; que operan como guiones (y marcos de sentido) de prácticas y comportamientos sociales?

¿No es acaso el capitalismo neoliberal la máxima expresión de la hegemonía del fundamentalismo de mercado y de las fracciones sociales del capital financiero y especulativo? ¿Puede alcanzarse la justicia social, la inclusión, la autodeterminación nacional y el equilibrio ambiental, como apoyo activo a las capacidades de recuperación de los sistemas ambientales, en el marco del capitalismo neoliberal?

Y más allá de la hegemonía del neoliberalismo, ¿Sera posible hacerlo en cualquiera de las variantes del capitalismo realmente existentes: bajo orientaciones de política keynesianas, de economía del bienestar, del estructuralismo, del institucionalismo o del post-keynesianismo?

¿Es posible convocar a fracciones de las llamadas burguesías productivas, como aliados para el desarrollo y diversificación de las fuerzas y capacidades productivas, tecnológicas, humanas, de capital social bajo una orientación socialista democrática?

¿Cómo crear efectivamente las condiciones de la superación del rentismo (superación que no será abrupta sino gradual y planificada), discurso que comenzó con la tesis del Primer Plan Económico de la Revolución Bolivariana (Los Cinco Equilibrios), con la proyección del modelo de “desarrollo endógeno”, y que actualmente gira casi imperceptiblemente para los oídos profanos, en la angustiosa búsqueda de un “crecimiento” basado en las exportaciones no petroleras? ¿Búsqueda de divisas? ¿Crisis de la oferta-producción interna? ¿Raquítico despliegue del “modelo productivo socialista”? ¿Desproporción del crecimiento de sectores importadores y especulativos, debilitada inversión reproductiva para la acumulación, crecimiento y distribución de excedentes desde las capacidades del mercado interno y la ampliación de mercados aliados bajo esquemas ciertos de integración? ¿Dijo usted “Socialismo Productivo”? ¿Dijo usted Independencia Económica?

¿Sabemos que la hegemonía neoliberal tiene como bases de apoyo al gran capital del sector financiero, comercial, empresas transnacionales, grandes empresarios asociados a estos intereses; sostenido por los estratos altos y medios con patrones de orientación valorativas congruentes con el modo de vida consumista y elitista, inducido exógenamente? ¿Serán estos sectores favorables a estilos de desarrollo orientados por el “desarrollo humano sustentable”, o incluso por el Socialismo del siglo XXI?

¿Con cuál “bloque histórico de fuerzas sociales y políticas” se apunta al desarrollo y diversificación de las fuerzas productivas, la expansión de empleos de alta productividad y con una sustantiva mejora de la distribución del ingreso? ¿Con cuáles fracciones empresariales y grupos económicos se pretende impulsar el “socialismo productivo”, si somos tan alérgicos al discurso de reconocimiento de los intereses de las clases capitalista, sus fracciones, alianzas y conflictos: comerciales, industriales, bancarias y rentistas particulares, con sus diferentes magnitudes de capital (grandes, medianos y pequeños), composiciones y gradaciones?

¿Existe efectivamente la posibilidad de lograr un estilo de desarrollo sustentado en la producción de satisfactores, para pasar del aumento en el “nivel de consumo de bienes y servicios” a la “calidad de vida”, al ya olvidado “buen vivir” hacia los sectores populares, a partir de un patrón de crecimiento económico (distribución y redistribución de ingresos, generación de mayor y mejor empleo), basado en la unidad nacional, la expansión agro-productiva, la re-industrialización y la generación permanente de progreso científico-técnico y aumentos de productividad? ¿Habrá pasado ya el tiempo del ideal que proyecta los desarrollismos nacional-populares incluyentes?

¿Existe acaso la posibilidad de generar estilos culturales para el desarrollo creativo y no imitativo, con una educación masiva de calidad, con la movilización de la creatividad y la participación popular, con innovaciones científicas, tecnológicas y humanísticas, cuyos valores sean la solidaridad y la inclusión, en oposición al elitismo excluyente y competitivo?

Por cierto, el concepto de estilos de desarrollo nace en Nuestra América como una ampliación de la definición convencional del desarrollo capitalista, implicando mucho más que crecimiento económico, ya que se refiere para su evaluación, a la proyección social y política del dinamismo de las principales variables económicas, como a la modificación de la estructura social para reducir los grados de desigualdad hasta liquidar cualquier forma de exclusión social.

De manera que el debate sobre la transición socialista: ¿Debe hacer caso omiso a la discusión del estilo de desarrollo? ¿Acaso no fueron diferentes los estilos de desarrollo de los llamados socialismos reales del siglo XX: URSS (industrialización pesada), China (Industrialización ligera), Yugoslavia (autogestión), y Cuba (¿Plataforma de exportación de azúcar subsidiada por la URSS?)?

¿Son Paradigmas, modelos y enfoques a ser reactivados e imitados como “modelos de socialismo”?

Por otra parte, ¿Qué queda hoy del proyecto socialdemócrata de economía mixta de bienestar? ¿Acaso son mal evaluados desde el punto de vista del desarrollo humano y la sustentabilidad, países que experimentaron el despliegue de las potencialidades de este modelo de integración social y regulación del capitalismo en materia de equidad, libertad y solidaridad?

Dentro de este planteamiento global, ¿Cómo caracterizar el “estilo de desarrollo” que proyecta la revolución bolivariana vinculándolo con los sistemas históricos de producción (capitalismo, economía mixta y socialismo) y con las estructuras (llamadas convencionalmente como: desarrolladas, camino al desarrollo y subdesarrolladas)?

¿Cuál es la opción política, social y económica adoptada por la revolución bolivariana, para cada coyuntura dinámica, dentro de un sistema y estructura determinados? ¿No se basó acaso el Primer Plan de la revolución bolivariana en un capitalismo productivo con inclusión social, que avanzaría hacia el desarrollo integral y la economía mixta? ¿Qué transformaciones ocurrieron con los sucesivos planes en la revolución bolivariana cuando se estableció como meta el tránsito al socialismo del siglo XXI para llegar al enunciado de superar la llamada “barrera del no retorno”, desde el nuevo mapa estratégico, el Primer Plan Socialista “Simón Bolívar” y el programa “Independencia y Patria Socialista”?

¿Acaso el “modelo productivo socialista” no pasa por modos de propiedad, apropiación y cambio radicalmente distintos a los procesos de trabajo capitalistas? ¿Acaso no se propone superar la división jerárquica del trabajo, la estructura de mando capitalista y la lógica de generación de excedentes por la vía de la apropiación de plus-trabajo? ¿Cómo se caracterizaría eso de una “economía mixta de transición al socialismo”? ¿Qué sucede con las relaciones sociales de producción, con las formas de propiedad, con el cálculo económico, con la división del trabajo, con el proceso de planificación y organización de la cooperación social de la producción y la distribución en estas condiciones de la transición? ¿Qué sucede con la ética del trabajo y del consumo, con los incentivos materiales y morales? ¿Qué sucede en el terreno de la conciencia revolucionaria?

¿Cómo pensar estas condiciones de la transición al socialismo desde la periferia latinoamericana, desde la dependencia histórica y lo que sin ambigüedades se denominaba el “subdesarrollo latinoamericano”? ¿Cuáles fuerzas sociales y políticas impulsan el cambio estructural en una clara dirección socialista que implica profundos procesos de socialización del poder social? ¿Con cuáles movimientos de trabajadores clasistas? ¿Con cuáles movimientos campesinos? ¿Con cuáles movimientos estudiantiles y de juventudes socialistas? ¿Con cuáles movimientos de pueblos originarios? ¿Con cuales movimientos de mujeres? ¿Con cuáles movimientos de sectores profesionales, científicos y técnicos? ¿Con cuáles movimientos ecológicos? ¿Con cuales “nuevos” movimientos sociales: sexo-diversidad, pro-aborto, culturales, musicales? ¿Con cuáles movimientos de pobladores y de consejos comunales? ¿Cómo se comprende la autonomía de los movimientos sociales y la conformación de los consejos del poder popular? ¿Con cuáles partidos políticos de orientación revolucionaria? ¿Se ha superado la figura del partido-único/burocracia de Estado como fórmula de transición al socialismo?

Y para colocar la guinda: ¿Con cuáles sectores empresariales con una visión de “independencia nacional” y proclives al “socialismo democrático”? El riesgo es que un Socialismo sin la acumulación efectiva de fuerzas sociales y políticas de apoyo es un Socialismo aéreo.

Del debate del precio de la gasolina a los primeros pasos de una transición post-rentista

Por: Emiliano Teran Mantovani

El lunes 9 de diciembre, día después de las elecciones municipales 2013, el vicepresidente de la República, Jorge Arreaza, planteaba la necesidad de "comenzar a cobrar la gasolina", proponiendo que "Hay que dar grandes debates en Venezuela, hay que dar debates por ejemplo sobre lo fiscal, sobre el precio de la gasolina"[1]; mientras que una semana después, el vicepresidente del Área Económica del Consejo de Ministros Revolucionarios, Rafael Ramírez, declaraba que "El presidente ha orientado es dar una discusión nacional, de si ha llegado el momento de cobrar por la gasolina. En este país Petróleos de Venezuela paga para que los venezolanos echen gasolina"[2].

De esta forma, se ha reinaugurado en el país un debate tabú en el campo político  ―dado el trágico y traumático recuerdo del estallido popular de los días 27, 28 y 29 de febrero de 1989―, pero que en el contexto de una muy viva discusión nacional a raíz del desarrollo de la guerra económica, se presenta como oportunidad para explorar, repensar y replantear tanto las cuestiones de forma, como los problemas de fondo del capitalismo rentístico nacional.

Los argumentos principales del debate sobre el actual precio de la gasolina se centran en su mayoría en el hecho de que éste produce pérdidas, lo cual tiene un creciente impacto negativo en las cuentas nacionales. Este aspecto es importante debido a que, la gasolina venezolana, la más barata del mundo[3], tiene un costo de producción que supera 28 veces su precio para la de 95 octanos, a decir del Ministro Rafael Ramírez[4]. El monto del subsidio ―como lo catalogaba el presidente Chávez[5]― que sostiene este precio, ha venido creciendo progresivamente a medida que ha aumentado el precio internacional del petróleo en los últimos años, siendo que las pérdidas anuales respecto al costo de producción se calculan en unos de 1.500 millones US$[6]; al tiempo que, respecto al precio promedio internacional ―el llamado “costo de oportunidad”―, el Estado deja de percibir en el exterior por ese concepto, 12.592 millones US$ al año, como lo declarara el mencionado Ministro[7]. Tomando en cuenta estos cálculos y para tenerse  una mejor idea, este monto sería mayor al presupuesto del Ministerio de Educación (6.651 millones US$) y el Ministerio de Salud (3.901 millones US$) juntos, según se calcula de la Ley de Presupuesto Nacional de 2013.

A pesar de lo dicho, la importante reapertura del debate sobre el precio de la gasolina no sólo permite pensar cómo reformular los balances económicos y administrativos del Estado, en pro de mantener cuentas sanas y equilibradas, sino que, con la mirada en una transición post-rentista en el país, abre la posibilidad de re-examinar y replantear un problema de fondo y un factor clave de la lógica del capitalismo rentístico: los mecanismos de distribución de la renta.

El precio de la gasolina en Venezuela es expresión de las diferentes formas en las cuales se destina y distribuye la renta internacional captada, que constituyen un sistema que estructura y reproduce a lo interno de la economía nacional nuestra función capitalista/rentista en la División Internacional del Trabajo, con los respectivos males endémicos que entrañan. Esto nos lleva a plantear dos ideas fundamentales, pensando en las vías para una transición post-rentista y post-capitalista:

a)     Antes de pensar en aumentar la extracción petrolera y minera para captar más renta, es esencial comprender que en primera instancia el problema no es cómo captar más, sino cómo se distribuye la que tenemos. Se trata entonces de un problema estructural de distribución, que se magnifica perversamente en la forma de una guerra económica, con los 20 mil millones de estafa del SITME como ejemplo emblemático. A esto añadimos que, las condiciones de distribución de la renta desde mediados de los 70 se ha dado en complejos contextos de inundación de divisas que determinan la lógica de la misma.

b)    Es clave entonces, entender que los mecanismos de distribución de la renta internacional petrolera estructuran y representan esquemas de poder y articulaciones políticas e institucionales de índole nacional y transnacional, determinan ordenamientos sociales y del espacio geográfico, y, algo sumamente importante, tienen marcadas proyecciones culturales y subjetivas en la población ―la relación renta/cultura, excedente/subjetividad[8].

Reconocer que una transición post-rentista en Venezuela llevaría varias décadas, no debe suponer que todo deba ser pensado en largos plazos o sólo en tiempo futuro. Los primeros pasos de una transición como esta, orientada a desplazar la sobredeterminación capitalista/rentística que caracteriza nuestro modelo, pueden comenzar a aplicarse en el presente mediante, entre otras cosas, una serie de transformaciones en los propios mecanismos de distribución de la renta, que vayan promoviendo la reconfiguración del ordenamiento social venezolano.

Cuando hablamos de un ajuste o reformulación del precio de la gasolina, no estamos hablando sólo de la búsqueda de un equilibrio en los balances administrativos, sino de un reordenamiento de la política fiscal que procure esta se inscriba en una lógica post-rentista. Vale entonces preguntarnos, ¿qué estilos de vida estamos promoviendo, y cuáles estamos desestimulando?

En este sentido, debemos preguntarnos, por ejemplo, porqué Venezuela, por un lado, tiene el segundo índice más alto de consumo de energía eléctrica per cápita de Latinoamérica[9], y por el otro, el cuarto puesto en emisiones de CO2 en la región después de México, Brasil y Argentina[10], y puesto 30 en el mundo en 2009 ―con 0,53% de total del CO2―, a pesar de ser un país con no muy numerosa población y una estructura económica nacional poco industrializada ―al menos en comparación con estos tres países mencionados.

Si las prácticas sociales y los estilos de vida de la población venezolana están profundamente determinadas por los diferentes mecanismos de distribución de la renta; y si el proyecto socialista cuestiona radicalmente dichos patrones sociales profundamente desiguales, consumistas y depredadores de la naturaleza; es fundamental que como uno de los primeros pasos para una transición de este tipo, se vayan desmontando, uno a uno, los incentivos que promueven la estratificación de la sociedad, las formas de consumo de energía y mercancías insostenibles, los relacionamientos económicos desiguales, o las actividades que conllevan a importantes niveles de destrucción ambiental; estimulando así formas de producción y relación social, territorial comunitaria, el propio proyecto político de La Comuna.

De esta forma, no hablamos expresamente de un “aumento” de la gasolina, sino de un reordenamiento progresivo de los estímulos e incentivos fiscales, con prioridad hacia el pueblo y la naturaleza. No se trata sólo de retirar un subsidio pernicioso, sino redirigirlo hacia otros ámbitos que desalienten los estilos de vida capitalistas y la “cultura del petróleo”, al tiempo que encaucen formas de relacionamiento social comunalizado y la reproducción de un modelo post-rentista y post-desarrollista. La ineludible y fundamental revolución cultural que necesitamos, no sólo pasa por procesos de difusión y reflexión ideológica, sino por la reconfiguración de los recursos materiales de la cultura del petróleo.

La ejecución de reformas de este tipo, requiere de un amplio debate incluyente y popular, que pueda ir determinando cuáles formas de distribución de la renta son regresivas, en qué dimensiones y tiempos se aplican estos cambios, o cuáles son los mecanismos de participación para poner en marcha las mismas. Es fundamental que estas transformaciones tengan un gran apoyo social, sobre todo en un contexto de guerra económica y crisis sistémica capitalista. Una reformulación progresiva del precio de la gasolina no funciona por sí sola. Debe estar inscrita en una reformulación política de la tasa de cambio, de las cargas impositivas, de la promoción de núcleos productivos y organizativos populares y comunalizados, de procesos de cooperación regional, y de una profunda revolución cultural.

Bajo este contexto, el financiamiento de la transición puede venir en buena parte de este reordenamiento fiscal, donde debe ir incluido un replanteamiento reivindicativo de las  tributaciones sobre los propios proyectos extractivos petroleros existentes, de manera tal de hacer viable una progresiva salida de la dependencia petrolera nacional[11]. A su vez, y como una medida sumamente importante, plantear la creación de un fondo petrolero nacional, similar al Government Pension Fund – Global de Noruega, de manera de mantener al margen de la economía nacional los excedentes que puedan generar las ya conocidas distorsiones y desequilibrios que tanto daño han hecho al país ―el conocido mundialmente como “Efecto Venezuela” o “Enfermedad Holandesa”―, y que perjudicarían sobremanera una reformulación fiscal profunda.

Hay que discutir sobre el régimen impositivo nacional, tomando en cuenta que, finalmente, favorece a las desigualdades sociales. En términos absolutos, ser el país de América Latina que registra el menor nivel de presión tributaria (2010) con 11.4% del PIB, 8% por debajo de la media regional[12], refleja la necesidad de políticas para ampliar la captación impositiva nacional, que, en términos relativos, debe ser reorientada hacia los que acumulan mayores ganancias, e ir progresivamente disolviendo el Impuesto al Valor Agregado, que termina cargándose sobre los hombros de los trabajadores y trabajadoras.

Parte del largo y complejo proceso de transición hacia un modelo post-rentista, pasa por la reformulación programada de las construcciones sociales del valor, en las cuales la destrucción de la naturaleza más allá de sus tasas de recuperación, comience a ser contabilizada como pérdida de riqueza, y sea penada impositivamente. Además de los incentivos fiscales a formas de producción y consumo sostenibles, en un ejercicio de soberanía nacional, y en consonancia con el Objetivo V del Plan de la Patria 2013-2019, las empresas transnacionales que explotan (o explotarán) petróleo en la Faja del Orinoco, deben costear el daño ambiental producido por su actividad extractiva, sobre todo si tomamos en cuenta el historial de destrucción ecológica de muchas de ellas.

Son estos unos primeros pasos claros, y de corto plazo, que pueden allanar el camino a una transición post-rentista. En todo caso, este proceso no será posible si se profundiza el modelo capitalista rentista. Además que no puede ser sólo administrado desde el Estado, sino que más bien se hará proceso vivo, por medio de la fuerza de la organización popular.

* Emiliano Teran Mantovani es investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos - CELARG

Fuentes consultadas

- ABYA Yala Universidad Politécnica Salesiana. Fundación Rosa Luxemburg (coordinadores). Más allá del desarrollo. Fundación Rosa Luxemburg/Abya Yala. Caracas, 2011.
- ALÓ Presidente. Disponible en Youtube: http://www.youtube.com/watch?v=pVBt6_b-lFc. Subido el 13/02/2011. Consultado: [17/12/2013].
- BANCO Mundial. Datos. Grupo del Banco Mundial. 2012. En: http://datos.bancomundial.org/. [Consultado: 12/09/2012].
- CORREO del Orinoco. Venezuela encabeza el consumo per cápita de electricidad en Latinoamérica. Texto/José Sinue Vargas. 21 junio 2011. En: http://www.correodelorinoco.gob.ve/energia/venezuela-encabeza-consumo-per-capita-electricidad-latinoamerica/. Consultado: [12/09/2012].
- HARVEY, Fiona. An atlas of pollution: The world in carbon dioxide emissions. The Guardian. Monday 31 January 2011. En: http://www.guardian.co.uk/environment/2011/jan/31/pollution-carbon-emissions. [Consultado: 11/06/2011].
- HERNÁNDEZ, Nelson. El subsidio de la gasolina en Venezuela. Combo noticias. Miércoles, 6 de marzo de 2013. Disponible en: http://www.noticiasvenezolanas.com.ve/index.php/227088/opinion-y-analisis-el-subsidio-de-la-gasolina-en-venezuela/. [Consultado: 17/12/2013].
- HERNÁNDEZ, Nelson. El Precio de las energías en Venezuela. Soberanía. 24/05/12. En: http://www.soberania.org/Articulos/articulo_7308.htm. [Consultado: 28/05/2012].- EL UNIVERSAL. Vicepresidente Arreaza abre puerta a debate sobre subir precio de gasolina. Lunes 9 de diciembre de 2013. Disponible en: http://www.eluniversal.com/economia/131209/vicepresidente-arreaza-abre-puerta-a-debate-sobre-subir-precio-de-gaso. Consultado: [10/12/2013].
- EL MUNDO. Ramírez: Pdvsa paga para que los venezolanos echen gasolina. 16/12/2013. Disponible en: http://www.elmundo.com.ve/noticias/petroleo/pdvsa/ramirez--pdvsa-paga-para-que-los-venezolanos-echen.aspx#ixzz2nnDTVGxI. Consultado: [16/12/2013].
- GIZ. International Fuel Prices 2012/2013. Data Preview – April 2013. Disponible en: http://www.giz.de/expertise/downloads/Fachexpertise/giz2013-en-ifp2013.pdf. Consultado: [17/12/2013].
- MINISTERIO del Poder Popular para el Ambiente. Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Instituto Forestal Latinoamericano (IFLA). GeoVenezuela. Perspectivas del Ambiente en Venezuela. Caracas, 2010.
- MOLINA, Manuel Isidro. Entrevista | Víctor Álvarez: La tragedia de Venezuela es la sobrevaluación del bolívar. 16/06/2013. Disponible en: http://www.elmundo.com.ve/noticias/economia/politicas-publicas/entrevista---victor-alvarez--la-tragedia-de-venezu.aspx#ixzz2nrzdG4Vn. Consultado: [17/12/2013].
- CIAT. CEPAL. OCDE. Estadísticas tributarias en América Latina 1990-2010. 2012. Disponible en: http://www.oecd.org/ctp/tax-global/Consolidated%20LAC%20country%20notes.pdf. Consultado: [17/12/2013].
- TERAN Mantovani, Emiliano. Guerra económica y capitalismo rentístico: La disputa es también cultural. Rebelión. 27-11-2013. Disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=177393. Consultado: [27/11/2013].

Notas

[1] En: EL UNIVERSAL. Vicepresidente Arreaza abre puerta a debate sobre subir precio de gasolina.
[2] En: EL MUNDO. Ramírez: Pdvsa paga para que los venezolanos echen gasolina.
[3] La lista del precio de la gasolina en los países del mundo está disponible en la web del Banco Mundial, en: http://datos.bancomundial.org/indicador/EP.PMP.SGAS.CD. Por su parte, también el GIZ: International Fuel Prices, que calcula los precios con el promedio del petróleo Brent, mostraba que, mientras para abril de 2013, el precio promedio mundial del litro de gasolina era de 136 centavos de dólar, en Venezuela era de 2,3 centavos. Cfr. GIZ. International Fuel Prices 2012/2013. p.6
[4] En: EL MUNDO. Op.Cit.
[5] En: ALÓ Presidente. Disponible en Youtube: http://www.youtube.com/watch?v=pVBt6_b-lFc.
[6] Jorge Arreaza, en: EL UNIVERSAL. Op.Cit. Para el analista petrolero de oposición Nelson Hernández, el subsidio se sitúa en 1110 millones US$. Cfr. HERNÁNDEZ, Nelson. El subsidio de la gasolina en Venezuela.
[7] Op.Cit. Para el economista Víctor Álvarez, “La pérdida que tiene Pdvsa con el subsidio de la gasolina” llega a 7.500 millones de US$. El cálculo de Hernández sobre el costo de oportunidad es de 13.170 millones US$. Cfr. MOLINA, Manuel Isidro. Entrevista | Víctor Álvarez: La tragedia de Venezuela es la sobrevaluación del bolívar. Cfr. HERNÁNDEZ, Nelson. El Precio de las energías en Venezuela.
[8] TERAN Mantovani, Emiliano. Guerra económica y capitalismo rentístico: La disputa es también cultural.
[9] Cfr. BANCO Mundial. «Consumo de energía eléctrica (kWh per cápita)», en: Datos. Disponible en: http://datos.bancomundial.org/indicador/EG.USE.ELEC.KH.PC. A mediados de 2011 Alí Rodríguez Araque, el para aquel entonces ministro para la Energía Eléctrica, afirmó que éramos el primer país en consumo de electricidad per cápita, al tiempo que expresaba que “Venezuela se encuentra en un 14% por encima del promedio del consumo de electricidad per cápita en toda América Latina”. En: CORREO del Orinoco. Venezuela encabeza el consumo per cápita de electricidad en Latinoamérica.
[10] Cfr. MINISTERIO del Poder Popular para el Ambiente. Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Instituto Forestal Latinoamericano (IFLA). GeoVenezuela. Perspectivas del Ambiente en Venezuela. p.112. Si revisamos las emisiones de CO2 en términos relativos, Venezuela, con 6,04 toneladas anuales per cápita, supera a dos de las economías emergentes, los “BRICS”, como lo son China (5,83) e India (1,38), se acerca a un país de la hegemonía capitalista como es Francia (6,30), y supera a los tres países de América Latina que generan más CO2 en términos absolutos, Brasil (2,11) ―otro de los BRICS―, México (3,99) y Argentina (4,08). Cfr. HARVEY, Fiona. An atlas of pollution: The world in carbon dioxide emissions.
[11] El desarrollo de una propuesta post-extractivista de este tipo la encontramos en: Eduardo Gudynas, «Sentidos, opciones y ámbitos de las transiciones al postextractivismo» en: ABYA Yala Universidad Politécnica Salesiana. Fundación Rosa Luxemburg (coordinadores). Más allá del desarrollo. pp.265-298.
[12] Cfr. CIAT. CEPAL. OCDE. Estadísticas tributarias en América Latina 1990-2010. p.58

lunes, 9 de diciembre de 2013

Analizar con cabeza fría. 8-D: ¿Quién ganó y quién perdió?

Por: Javier Biardeau
Aporrea.org

En momentos donde la alegría chavista es el sentimiento predominante, y con justicia podrá cerrar las navidades del año 2013 con sabor a legítima victoria, es preciso no perder de vista para el año 2014, la necesidad de un análisis en profundidad de las correlaciones de fuerzas y sus dinámicas de flujo o reflujo revolucionario de cara a los próximos desafíos electorales para la renovación del parlamento venezolano.

Recientes informaciones señalan que el número de alcaldías conquistadas por las fuerzas sociales y políticas que conforman el Gran Polo Patriótico, cuyo principal eje electoral es el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) asciende al menos a 210. De este número de Alcaldías, al menos 13 corresponden a capitales de los 24 estados a lo largo del país. Con 97,52% de la transmisión, el chavismo obtuvo 5.111.336 votos, lo que significa el 49,24%, mientras que las organizaciones de derecha sumaron 4.435.097 votos, lo que representa el 42,72%, con una brecha relativa a favor de la revolución de 6,52%, porcentaje suficiente para salir de una zona de riesgo político (i).

Otras organizaciones políticas obtuvieron 833.731 votos, lo que se traduce en 8,03% de la población electoral, hecho importante a tomar en consideración para comprender los límites de los agrupamientos que alientan la polarización política, pues estos votos podrían ser claves para inclinar las balanzas en una u otra dirección. LO cierto es que en las actuales circunstancias, la estrategia opositora de pescar en rio revuelto ha sido derrotada momentáneamente (ii).

Por ahora, conviene administrar la victoria con alegría, pero con criterios de mesura y escasez, pues apenas estamos en la senda de la recuperación de las ventajas del voto bolivariano obtenidas por Chávez el 7 de octubre de 2012 en la geografía electoral del país.

En ese momento, el Presidente Chávez coronó su última victoria personal, consagrándose definitivamente como un competidor electoral invicto en materia de elecciones presidenciales (iii). Sin embargo, persisten zonas geográficas de inestabilidad y desventaja que no pueden perderse de vista en el contexto de una legítima alegría por el triunfo obtenido.

El principal significado de la clara recuperación del voto bolivariano en las pasadas elecciones del 8-D, contra todas las voces agoreras de los “profetas del desastre”, fue la derrota contundente de la tesis opositora del plebiscito para “sacar a Maduro de Miraflores”. Así mismo, la orquestación política y mediática de la derecha continental y mundial se quedó con los crespos hechos imaginándose que el chavismo estaba a punto de sufrir su más estrepitosa derrota (iv).

El principal descalabro fue para quienes avalaron la tesis del plebiscito contra Maduro, y el saldo de este fracaso no dejara de sentir sus movimientos telúricos en el seno del campo opositor y para su dirigencia, que pierde prestigio y reconocimiento de su liderazgo, ante la imposibilidad de sincronizar y calibrar su avance en algunas de las principales capitales de los estados del país sin lograr superar en votos al campo bolivariano y chavista.

La unidad bolivariana logró recuperar así la dirección de la victoria, aunque falta mucho por hacer para consolidar una superación realmente fructífera de las debilidades, diferencias, tensiones y contradicciones no antagónicas que recorren internamente a las fuerzas sociales y políticas que conforman una gran alianza popular revolucionaria (v).

Ciertamente, la principal barrera de contención de los planes desestabilizadores de la derecha, fue la unidad de la multitud chavista, bolivariana, plebeya y revolucionaria alrededor de su liderazgo. El pueblo bolivariano organizado, le puso límites a quienes lo siguen minimizando y desvalorizando como sujeto del cambio en Venezuela.
Si la cadena de equivalencias entre el protagonismo popular, el prestigio del liderazgo político de la Revolución Bolivariana y el legado revolucionario de Chávez logra consolidarse, la correlación de fuerzas seguirá siendo favorable para la conducción del Presidente Maduro, que sigue siendo subestimado por una oposición y por algunos sectores bolivarianos vacilantes que no comprenden ni descifran sus cualidades de liderazgo.

La gran frustración del “Estado Mayor Político” de la oposición fue no poder lograr sacar más votos que el proceso bolivariano a nivel nacional, ni lograr conquistar la victoria en la Alcaldía Libertador, a pesar de haber conquistado la victoria en el resto de los municipios del área metropolitana de Caracas, hecho que no permitió la tan necesaria victoria del candidato bolivariano Ernesto Villegas para la Alcaldía Mayor, aunque su desventaja sea por estrecha diferencia de votos.

Una victoria de Ernesto Villegas podría haber significado un auténtico salto cualitativo para el avance de las fuerzas bolivarianas en la principal capital del país, y su figura sigue destacando para apalancar la unidad de las fuerzas bolivarianas en todo el complejo campo minado de la gobernabilidad de la gran capital.

De manera que los planes opositores de descalabro definitivo del Gobierno se vieron contenidos por la multitud chavista plebeya en toda la geografía electoral del país, aunque cabe destacar que en el día de la lealtad a Chávez no se logró conquistar la alcaldía de la ciudad capital del estado Barinas, su estado natal. Situaciones como esta, así como en las capitales de los estados Táchira, Mérida y Monagas deben ser leídas con cabeza fría y con humildad intelectual, para evitar que la recuperación obtenida por las fuerzas bolivarianas de lugar a actitudes arrogantes del triunfalismo.

El claro viraje de la política del Gobierno de Maduro hacia medidas de corte populares en el terreno económico y social a partir del mes de Octubre, cuando solicitó formalmente los poderes habilitantes, ha sido una clara demostración de re-sintonización del gobierno con el legado revolucionario de Chávez. De manera que cabe complementar este viraje hacia la izquierda, renovando y reactualizando a fondo las “líneas de acción política para la coyuntura política” elaboradas por el partido victorioso en la actual contienda: el PSUV; reforzándolas con los criterios político-ideológicos, la participación y compromiso de las fuerzas aliadas al PSUV, quienes también contribuyeron a consolidar una clara senda de recuperación para la victoria bolivariana.

Si el GPP como alianza popular revolucionaria (vi) logra sortear sus tensiones y diferencias internas, podría definitivamente demostrar que hay una estructura de oportunidad para la viabilidad del Plan de la Patria, así como su más alta fidelidad a la meridiana claridad expresada por Chávez cuando habló de unidad, batalla, lucha y victoria aquel 8 de diciembre de 2012.

No hay que minimizar que la oposición gana espacios de poder en varios estados del país. Ciudades importantes como Valencia (Carabobo) y Barquisimeto (Lara) pasan a manos opositoras. Dados los cómputos obtenidos hasta ahora, en lo que respecta a las capitales de las entidades federales, el oficialismo triunfó en por lo menos 13 y la oposición en por lo menos 8. De esa forma, la MUD recuperó Barquisimeto, Valencia, Maturín y Barinas y perdió Ciudad Bolívar y San Carlos. Los resultados de Puerto Ayacucho (Amazonas), San Juan de los Morros (Guárico) y Coro (Falcón) muestran una competencia cerrada. En Zulia, la MUD consiguió mantener Maracaibo, por estrecho margen, un municipio vital para el despliegue de las fuerzas bolivarianas. En Táchira, la oposición muestra signos importantes de recuperación, lo cual nos lleva de nuevo a comprender las regiones pivotes de potencial desestabilización o zanas geográficas de riesgo político (ver Mapa Anexo).

Tampoco se ha llegado a valorar suficientemente el papel de la abstención en los recientes comicios. La participación en el proceso de elecciones municipales (58,9 %) superó la registrada en las regionales del 16 de diciembre de 2012 (53,8 %), pero dado los objetivos políticos y el contexto de lo que estaba en juego sigue siendo elevada.

Algunos analistas ya habían tenido la previsión de señalar que el PSUV ganaría en porcentaje de alcaldías, pero no se atrevían a despejar sus pronósticos en el total de votos nacionales, dados los parejos resultados del 14 de abril de 2013. Pero si se tratara de marcar tendencias, fue el Chavismo el que recuperó su ventaja frente a la oposición.

Ciertamente, en las próximas horas nos moveremos en el contexto de mensajes de maximización de triunfos y minimización de derrotas de lado y lado. Al pueblo bolivariano, que desea recuperar las brechas alcanzadas en vida por el Presidente Chávez, le tocará analizar en profundidad las correlaciones de fuerzas electorales en los últimos 6 años, analizar las situaciones y acontecimientos que permitirían sacar a la revolución de una zona de riesgo político.

El objetivo de superar una potencial crisis política que transcurría en el encadenamiento de la crisis electoral del 14 de abril de 2013 y la crisis económica que se mueve en el trasfondo de la “guerra económica”, ha sido alcanzado parcialmente de cara al año 2014.

El proceso bolivariano ha alcanzado dos objetivos estratégicos fundamentales en política: ha obtenido un tiempo político crucial sin perder grandes espacios de poder; y por otra parte, ha logrado contener la estrategia de derribo a corto plazo ejecutada por parte de la oposición, saliendo francamente de una zona de riesgo político. De manera, que la unidad de la alianza bolivariana revolucionaria, debe sentirse alegre, pero sobretodo debe profundizar en el análisis y mantener la cabeza fría para enfrentar las delicadas coyunturas económico-sociales del año 2014.

NOTAS:
i http://www.rebelion.org/docs/155457.pdf
ii http://www.rebelion.org/docs/150733.pdf
iii http://www.rebelion.org/docs/161399.pdf
iv http://www.aporrea.org/internacionales/n241452.html
v http://www.aporrea.org/ideologia/a174248.html
vi http://www.aporrea.org/ideologia/a167481.html

Si Nelson Mandela realmente hubiera ganado, no sería visto como héroe universal

Por: Slavoj Žižek
theguardian.com

En las dos últimas décadas de su vida, Nelson Mandela fue celebrado como el sujeto ejemplar que liberó un yugo colonial sin sucumbir a la tentación del poder dictatorial ni a la postura anticapitalista. En resumen, Mandela no fue Robert Mugabe, y Sudáfrica mantuvo una democracia multipartidista con libertad de expresión y una economía vibrante bien integrada al mercado global, inmune a experimentos socialistas improvisados. Ahora, con su muerte, su talla de hombre sabio y piadoso parece confirmarse para la eternidad: hay varias películas de Hollywood sobre él -fue caracterizado por Morgan Freeman, quien también, por cierto, hizo el papel de Dios en otra película- estrellas de rock y líderes religiosos, deportistas y políticos que abarcan desde Bill Clinton hasta Fidel Castro están unidos en su beatificación. 

¿Es ésta, sin embargo, la historia completa? Dos hechos claves permanecen borrados en esta visión festiva. El primero es que en Sudáfrica la vida miserable de la mayoría pobre permanece casi igual a la que hubo durante el apartheid, y el ascenso de los derechos políticos y civiles se contrapone con la inseguridad, la violencia y el crimen igualmente crecientes. El cambio principal es que la vieja clase blanca dominante se ha unido a la nueva élite negra. Segundo, la gente recuerda el viejo African National Congress (Congreso Nacional Africano) que prometió no sólo el fin del apartheid, sino más justicia social, incluso un especie de socialismo. Este pasado mucho más radical del ANC ha sido borrado gradualmente de nuestra memoria. No es de extrañar que la rabia esté creciendo entre los pobres y negros sudafricanos. 

A este respecto, Sudáfrica es sólo una versión de la historia recurrente de la izquierda contemporánea. Un líder o un partido elegidos con entusiasmo universal, que promete un "nuevo mundo", pero luego, tarde o temprano, tropieza con el dilema: ¿nos atrevemos a tocar las mecánicas del capitalismo, o nos decidimos a "jugar el juego"? Si se alteran estos mecanismos, se es "castigado" muy velozmente por las perturbaciones del mercado, el caos económico y demás. Por esta razón es muy simple criticar a Mandela por abandonar la perspectiva socialista después del fin del apartheid: ¿de verdad tenía una opción? ¿Era el cambio al socialismo una opción real?

Es fácil ridiculizar a Ayn Rand, pero hay un grano de verdad en el famoso "himno al dinero" de su novela La rebelión de Atlas: "Hasta que y únicamente cuando descubras que el dinero es la raíz de todo lo bueno, buscarás tu propia destrucción. Cuando el dinero deja de convertirse en el medio por el cual los hombres se involucran los unos con los otros, entonces se convierten en herramientas de otros hombres. Sangre, latigazos y armas, o dólares. Toma tu decisión: no hay otra". ¿Acaso no dijo Marx algo bastante parecido en su bien conocida fórmula de cómo, en el universo de mercancías, "las relaciones entre las personas asumen el aspecto de las relaciones entre las cosas"? 

En la economía de mercado, las relaciones entre las personas pueden aparecerse como relaciones de libertad e igualdad: la dominación no está más directamente constituida y visible de por sí. Lo problemático en las palabras de Rand es la premisa de trasfondo: la única escogencia posible está entre las relaciones directa e indirecta de dominación y explotación, de manera que cualquier otra alternativa queda relegada como utópica. Sin embargo uno debería tomar en cuenta la verdad contenida en la no obstante ridícula proposición ideológica de Rand: la gran lección del Estado Socialista fue efectivamente que la abolición directa de la propiedad privada y del mercado regulado de intercambio (market-regulated exchange), sin contar con formas concretas de regulación de los procesos de producción, necesariamente resucita las relaciones de servidumbre y dominación. Si simplemente abolimos el mercado (incluyendo al mercado de explotación) sin reemplazarlo por una adecuada forma de organización comunista de producción e intercambio, la dominación regresa vengativa, y con ella la explotación directa.

La regla general es que cuando comienza una revuelta contra un régimen opresivo y pseudodemocrático, como fue el caso de Medio Oriente en 2011, es fácil movilizar grandes multitudes con eslógans tácitamente venerados por las masas: "por la democracia", "contra la corrupción", por ejemplo. Pero luego gradualmente encontramos elecciones más difíciles, cuando la revuelta alcanza su objetivo directo. Entonces nos damos cuenta de que lo que realmente nos molestaba (nuestra libertad, nuestra humillación, la corrupción social, la falta de posibilidades para tener una vida decente) continúa con una nueva apariencia. En este punto la ideología dominante moviliza su arsenal entero para prevenirnos de alcanzar la conclusión radical. Empiezan por decirnos que la libertad democrática trae su propia responsabilidad, que viene con un precio, que todavía no somos maduros si esperemos demasiado de ella. De esta manera nos culpan por nuestro fracaso: en una sociedad libre, se nos dice, todos somos capitalistas invirtiendo en nuestras vidas, poniendo más en educación que en divertirnos si queremos ser exitosos.

En un plano más directamente político, la política exterior de los Estados Unidos contiene una detallada estrategia sobre cómo ejercer control de daños recanalizando un levantamiento popular entre los límites de un parlamentarismo capitalista aceptable -como fue hecho satisfactoriamente en Sudáfrica después de la caída del régimen del apartheid, en Filipinas después de la caída de Marcos, en Indonesia después de la caída de Suharto, y asimismo en otros lugares-. En esta coyuntura, las políticas radicales de emancipación enfrentan su mayor reto: cómo empujar las cosas más lejos después de que el primer estadio entusiasta se ha terminado, cómo dar el siguiente paso sin sucumbir a la catástrofe de la tentación "totalitaria". En otras palabras, cómo llegar más lejos que Mandela sin convertirse en Mugabe. 

Si queremos permanecer fieles al legado de Mandela, deberíamos olvidarnos de las lágrimas de cocodrilo y centrarnos en las promesas incumplidas que su liderazgo erigió. Podemos suponer sin temor a equivocarnos que, debido a su indudable grandeza política y moral, seguramente al final de su vida fue un anciano amargado, bien consciente de cómo su triunfo político y su encumbramiento como héroe universal no se traducen en otra cosa que en la máscara de una amarga derrota. Su gloria también es un signo de que él realmente no modificó el orden global del poder.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Pedagogía del especulado

Por: José Félix Rivas Alvarado
Sur-versión

La inflación no es sino un aspecto particular de un fenómeno mucho más general de la lucha de clases”. Juan F. Noyola

Las medidas tomadas por el Gobierno Nacional convirtieron al país en una gran aula de clase de economía política, y especialmente de economía política del capitalismo venezolano. Un capitalismo particular, porque es un capitalismo de la periferia dependiente y además es un capitalismo cuya acumulación cuenta, adicionalmente, con la captura de una renta internacional en virtud de la actividad petrolera.

Paulo Freire nos enseñó que toda acción política liberadora era una acción fundamentalmente concientizadora por parte de los oprimidos. De ahí que Freire, escribió y pregonó sobre la “pedagogía del oprimido”.

El Gobierno y el pueblo organizado, se encuentran en una fase de la guerra económica enfrentando a los especuladores. Cada acción de esta primera etapa de la guerra económica contra la especulación, teniendo como referencia a  Freire, debe convertirse en una “pedagogía del especulado”.

Algunas lecciones de esta jornada:

1.     La inflación NO es un “hecho natural” resultado de la concurrencia de las principales fuerzas del mercado. La inflación es un hecho económico con variadas causas,  pero es ante todo un hecho social, expresión particular de una pugna distributiva  (Juan Noyola). Y si es tal su determinación, es un hecho sociopolítico que encubre una relación de poder:

El poder de aquellos que pueden fijar precios y el no poder de aquellos que no lo pueden fijar (principalmente los trabajadores). Se puede hablar, en la terminología que utilizó el Presidente Chávez, que el aumento de precios es un acto de especulación. Y a eso, que frecuentemente se le llama inflación, es más una demostración de aquellos que tienen el poder de especular (Luis Salas), no sólo sobre la base de activos financieros (tal como se les explica a los economistas el término especulación) sino sobre cualquier mercancía.

2.     Los comerciantes son los eslabones de la cadena más visible. Especialmente los comercios de bienes importados semidurables, quienes no están involucrados en ningún proceso productivo de los bienes que venden, sino que participan en la fase de “realización” de esos bienes. Ellos son intermediarios entre los compradores finales y el mercado internacional; entre el mercado interno y la importación. Son uno de los vínculos, principales,  entre la acumulación del capitalismo dependiente y la acumulación a escala mundial.

3.     El margen de beneficios en este segmento comercial es enorme. De acuerdo al gobierno, en algunos casos, hay incrementos de 1.400% con respecto a un precio de referencia. Eso lo lograron, a través de empresas  que crearon para fungir de intermediarios entre la obtención de dólares preferenciales (CADIVI, SITME, SICAD)  y la fijación del precio final, que se hacía sobre la base de un dólar ficticio cuya cotización ha sido elevada a la enésima potencia, por obra y gracia de un clic en la computadora del terrorista financiero.

4.     Se puede tener el gobierno, vía electoral, pero no el poder. El poder lo tienen los que dominan la economía, eso es así desde el origen de la humanidad, y es una dura y cruel verdad desde el origen del capitalismo. Las experiencias socialistas, lo fueron porque lograron tener el poder sobre gran parte de la economía.

5.     Si no se utiliza el poder del Estado en contra de los enemigos del pueblo, se termina en contra del pueblo. Si no se aplica la ley, el destino es el de las democracias formales y burguesas: el pote de la demagogia. De ahí que aquél artículo de la Constitución Nacional que reza “Están prohibidos los monopolios…” se termina convirtiendo en el mayor acto de retórica demagógica.

6.     El Gobierno, en una coyuntura donde se mezclaban las festividades navideñas y las elecciones, supo manejar un factor cultural –antropológico- del venezolano y del habitante de un país que ha vivido durante siglos en la cultura occidental, capitalista y judeo-cristiana. En vísperas de las festividades del mes de diciembre, la gente quiere comprar cosas nuevas, para eso sacia su “necesidad” (hedonista diría Erich Fromm) en el mercado de bienes que le provee la sociedad capitalista. Para ellos, para nosotros, como consumidor (no sólo venezolano, sino el consumidor globalizado) el consumo de alimentos es importante, pero el consumo de bienes  semidurables y durables es también importante. Esto hay que comprenderlo, más allá de los juicios de valor que tengamos sobre lo que debe ser el consumo enajenado y el consumo no enajenado.

7.     Es difícil establecer una canasta de “bienes esenciales”, ahora que hasta los bebés se crían con el biberón en una mano y el celular (o la cámara digital) en la otra. El capitalismo extiende su existencia mientras amplía sus mercados (Iztván Mészáros), mientras nos convierte de seres humanos a meros consumidores.  Desde que nacemos somos parte del target del mercadeo. La sociedad capitalista es una “sociedad líquida” donde todo se transa, el dominio capitalista avanza hasta que nuestro cuerpo se convierte en territorio del mercado (Zygmunt Bauman). Pero eso lo logra porque domina el sistema necesidades, lo logra mientras organiza el deseo.

8.     De acuerdo a esta óptica del capital: somos consumidores antes que personas, somos mercados antes que Patrias, Países o Naciones. Ser Consumidor es un estatus mayor que ser Ciudadano, de ahí que es más importante tener la tarjeta de crédito que tener la cédula. La cédula de identidad o el pasaporte, en este mundo de consumo, se convierte en un anexo ante las formas actuales del dinero. Por eso, para el capitalismo lo importante no son las Naciones Unidas sino los Mercados Unidos.

9.     La acción de gobierno, fue una acción cívico-militar en el marco de  lo que se ha llamado la guerra económica. El enemigo, en este caso, había preparado el escenario para crear un ambiente de malestar, de impotencia, de desgobierno… a partir del control que tiene del sistema de necesidades, a través del control cultural.

Por eso había preparado el terreno, lo había ablandado con constantes bombardeos sensibles:  que faltara el papel sanitario, la harina de arepas, la harina de trigo, el aceite, los repuestos, el café, el azúcar, el arroz, la electricidad… y otros artículos que hacen insoportable la vida cotidiana, que crean zozobra, que irritan, que hacen percibir la impotencia. Era fundamental esta acción para dispersar, frustrar…pero les faltaba asestar el golpe final: el consumo navideño y el uso del dinero de los aguinaldos y utilidades.

10.         Independientemente,  que seamos críticos del consumismo, tenemos que comprender las determinaciones culturales de ese contingente humano que llamamos pueblo. Eso no se logra plenamente en un aula ni en un cafetín, se logra comprender en un barrio humilde, por ejemplo. Donde las personas más pobres tratan de tener su “estreno”, si es posible, de navidad y de fin de año.

11.         Los capitalistas criollos, conocedores de nuestra cultura, dominadores del sistema de necesidades,  le negaron al pueblo el béisbol y la cerveza durante el golpe económico de 2000-2003. Ahora pretendieron “quitarle la navidad” a la clase media y a los sectores populares, colocando precios exorbitantes a los electrodomésticos. El gobierno se les  adelantó, y -ante la incredulidad de chavistas y no chavistas- tomó acciones.

12.         Lo interesante es que sólo los diarios, las radios y las televisoras controladas por los capitalistas, es decir por los verdaderos opositores del gobierno,  fueron los únicos que defendían a los especuladores, con eufemismos como “la propiedad privada”, la “libertad de comercio”, y demás frases huecas…Algunos sospechosos defensores de los derechos humanos, salieron en defensa de las páginas web  que abiertamente venían realizando terrorismo financiero, con un argumento poco creíble: “se establecen mecanismos de censura sin proceso judicial…”.

13.         Da la impresión que las medidas tuvieron una amplia aceptación, incluso en aquellos sectores que votan contra el gobierno. Hubo una precaria, muy cuestionable tal vez, toma de conciencia de clase… se identificó a un enemigo común que no se visibiliza en una boleta electoral. Se pasó del mundo político-político al mundo económico-político, al microcosmos de la vida cotidiana.

14.         El Gobierno aplicó el arte marcial del Aikido en el tatami político. Los ricos y algún segmento de los sectores medios pueden comprar en Miami,  y el resto de los mortales no tienen derecho en comprar en el país, porque los comerciantes aplicaron el garrote vil de la especulación. Cuando lo hacen los pobres, según la gran prensa, es consumismo, cuando lo hacen los ricos es disfrute por derecho…

El diario El Universal, a pocos días de la toma de DAKA, sacó un titular donde trata de criticar la acción del Gobierno como pro-consumista. El titular rezaba “Electrodomésticos tienen una incidencia mínima en la inflación”, lo cual es cierto. Y es cierto porque el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) es un promedio agregado del consumo de toda la población, donde entra el consumo de los más ricos y el consumo de los más pobres. Eso trata de reflejar, estadísticamente, la siguiente realidad: mientras menos ingresos tienes, más dedicas del presupuesto de gastos a los alimentos.

Los ricos dedican, proporcionalmente, menos ingresos a su alimentación, y más plata a satisfacer otros placeres como viajes a Europa, a Miami, a Panamá, a Costa Rica, y a donde los lleve el poder del dinero que poseen.    Ahora bien, lo frágil de esta crítica de El Universal al “socialismo consumista”, se devela al comprender que: cuando los precios de los electrodomésticos, que tienen un peso pequeño en el INPC, son aumentados en 1.400%, afecta de forma diferente al periodista que escribió el artículo, suponiendo que éste vive principalmente de su sueldo, que a la familia de los dueños del diario El Universal. Ahí, se puede comprender políticamente el accionar del gobierno

15.         Quedan algunas interrogantes, después de esta fase de la guerra económica:

a) Si los comercios deciden cerrar sus puertas o si  tienen que cerrar porque se les cortó la cadena de suministros…¿Cómo enfrentará esta segunda etapa? Ya los voceros de los capitalistas hablaron: “los inventarios se acabarán en algún momento”;

b) ¿Qué puede hacer CADIVI y SICAD, como los dos principales distribuidores de dólares, para evitar estas situaciones en el futuro?; y,

c) ¿Cómo no afectar a los que sí necesitan de las cadenas de proveedores actuales para sus procesos productivos? Desde empresas manufactureras de diferentes tamaños hasta comercios…ellos, en no pocos casos, son víctimas de los oligopolios de distribución, en algunos casos agrupados en grandes cámaras y asociaciones empresariales mencionadas por el Presidente Maduro

16.         Ahora bien, esperamos que estas “Lecciones de Capitalismo”, avancen en las siguientes  unidades del programa de estudio: la producción y la banca, por ejemplo. Por ahora, debido a la acción del Gobierno, sólo se ha desnudado al capitalismo mercantil, ojalá lleguemos a la sesión de clase que trata sobre la explotación capitalista  (la apropiación indebida de la plusvalía). Ojalá se discuta sobre el papel de la banca privada en todo este circuito de acumulación.

17.         Pero, además, como aspiramos que se supere el consumo capitalista por el consumo basado en las necesidades que nos dicte nuestra condición humana y no nuestra condición mercantil, ojalá lleguemos a la lección que trata sobre el tema de la enajenación, de la alienación capitalista (Carlos Marx), del control del sistema cultural trasnacional (Immanuel Wallerstein).

Porque el camino de una sociedad diferente a la sociedad capitalista, pasa por rescatar la condición humana, y para ello tenemos que desintoxicarnos de esta sociedad adicta que difunde la droga del consumismo. Ahí todos tenemos que aprender mucho. Ojalá comprendamos, que el mayor enemigo del socialismo está en nuestras cabezas.

Ojalá continúen estas lecciones, donde la clase la impartimos entre todos y, por tanto, no hay un solo profesor.

(*) Economista.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

BAUMAN, Zygmunt. Vida de consumo. Fondo de Cultura Económica de España, 2007
FREIRE, Paulo. Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Argentina Editores, Buenos Aires 2002
NOYOLA, Juan F. Inflación y desequilibrio externo, Facultad de economía, UNAM, México, 1988
SALAS, Luis. ¿Es la inflación el principal problema de la economía venezolana? reflexiones de economía política en torno a un problema muy mal planteado. (Primera parte). Enhttp://surversion.wordpress.com/
MARX, Carlos. Manuscritos económicos-filosóficos de 1844. Editorial Colihue, Buenos Aires, 2007.
MÉSZÁROS, Iztván. Más allá del Capital. Vadell Hermanos editores, Caracas, 2001
WALLERSTEIN, Immanuel. La reestructuración capitalista y el sistema mundo.http://www.flacsoandes.org/

Venezuela: La necesidad de una revolución en la revolución

Por: Marcelo Colussi
argenpress.info

Cuando uno quiere hacer un cambio social tiene que tener claro qué modelo va a utilizar; porque sólo seguir administrando, aunque sea con espíritu patriótico y con honestidad, el modelo capitalista, eso es imposible. El modelo capitalista te termina tragando. Eso es como el diablo. No se puede ir a dar una misa en las cavernas del diablo, porque te traga.
Nicolás Maduro, 2005

Según las Cuentas Nacionales, explicitadas por el Banco Central de Venezuela (BCV), el PIB privado (el porcentaje de la actividad económica del país en manos directas del empresariado) corresponde al 71% del total (año 2010). En el año de 1999 el PIB privado era de 68%. Es decir que, a pesar de las nacionalizaciones, el PIB sigue siendo mayoritariamente privado, y comparado con países que nada tienen que ver con el comunismo -como Suecia, Francia e Italia, donde el PIB es mayoritariamente público (estatal)-, el estado venezolano no tiene en sus manos (salvo el petróleo) ningún resorte económico importante de la economía.
Manuel Sutherland, 2013.

Yo no soy un libertador. Los libertadores no existen. Son los pueblos quienes se liberan a sí mismos.
Ernesto Che Guevara

Unos años atrás, en el medio de la marea neoliberal que se expandía triunfal por todo el mundo festejando la extinción del campo socialista europeo, apareció la figura de Hugo Chávez. Con todas las limitaciones del caso y los reparos que se le puedan haber abierto desde la izquierda, lo suyo significó una enorme cuota de esperanza. Luego de la larga noche que habían representado las sangrientas dictaduras que enlutaron toda Latinoamérica y los planes de capitalismo salvaje que le siguieron, la aparición de este militar nacionalista, confusamente antiimperialista con un discurso anticorrupción y con el ofrecimiento de un nuevo socialismo renovado, prometía mucho.

A partir de su llegada al poder en Venezuela en el año 1998, mucha agua corrió bajo el puente. Quizá es muy prematuro hacer un balance del significado histórico de su actuación política de una década y media: para la derecha -vernácula e internacional- fue un demonio, un “castro-comunista” que volvió a atizar la por ella anatematizada y pretendidamente desaparecida lucha de clases. Para la izquierda, su obra nunca pasó de una práctica reformista y populista, alimentada más que generosamente por un capitalismo rentista basado en la monoproducción petrolera sin perspectiva de transformación revolucionaria.

Lo cierto es que la escena política venezolana, pero también la latinoamericana e incluso la internacional, se vieron tocadas por la influencia de este carismático líder y el siempre impreciso -pero al mismo tiempo muy prometedor y cargado de esperanza- “socialismo del siglo XXI”.

A principios del 2013 Hugo Chávez murió en la gloria. Su imagen en muy buena medida ya pasó a ser mítica, una verdadera leyenda. Denostado por la derecha, amado y endiosado por una amplia mayoría del pueblo venezolano, visto con simpatía por la izquierda siempre esperando su radicalización, no llegó a sufrir el desgaste del ejercicio del poder. Su muerte, un verdadero fenómeno mediático de significación global, lo dejó en la situación del comandante heroico del que, al menos de momento, la ausencia agiganta su figura más aún que su presencia.

Sin dudas los casi 15 años al frente de ese singular proceso que se dio en llamar Revolución Bolivariana (una experiencia de “socialismo rentista” plagado de contradicciones así como de esperanzas) no son fáciles de analizar. ¿Qué dejó todo ello? Sin dudas: luces y sombras. No fue una revolución socialista, al menos tal como históricamente se la concibió. Claramente fue un proceso que no se salió de los marcos capitalistas, pero al mismo tiempo generó una serie de cambios en la distribución de la riqueza nacional que ningún gobierno anterior, siempre capitalistas, había conseguido. La situación general de las clases populares venezolanas -por cierto, la mayoría de la población- mejoró sustantivamente.

Visto en perspectiva política, el proceso tenía límites muy precisos: en tanto no se planteó como una transformación radical de las condiciones estructurales, de la tenencia de los medios productivos, no podía pasar de un planteo capitalista con rostro humano. En los tiempos de capitalismo despiadado que corren desde la caída del Muro de Berlín, ese planteo ya tiene sabor de avance social. Visto con objetividad, no pasó de reformismo. Pero las promesas de socialismo, más aún en el medio de la ola neoliberal que barrió el mundo, despertaron genuinas esperanzas.

El tiempo fue pasando, con un Chávez de enorme habilidad política que podía jugar a aunar posiciones antitéticas en base a su monumental carisma, pero la revolución socialista, el preconizado nuevo “socialismo del siglo XXI”, nunca se profundizó. O si lo intentó (control obrero de algunas fábricas recuperadas, organización popular desde abajo), los marcos del Estado capitalista que siguió primando no permitieron su radicalización. Los planes redistributivos que implementó la administración bolivariana sin ningún lugar a dudas fueron una avanzada, pues los satisfactores básicos de la población mejoraron. No cabe ninguna duda que la renta petrolera llegó a muchísima más gente que con ningún gobierno anterior. Lo cual representa un paso importante; pero eso sólo no es socialismo.

No hay que dejar de reconocer que, luego de años de un capitalismo salvaje que hizo retroceder conquistas sociales históricas (las ocho horas de trabajo, la sindicalización, las leyes de protección al trabajador, un Estado de bienestar para las grandes mayorías), el hecho de plantearse un talante popular desde una administración ya puede tener sabor a “socializante”. Por supuesto, para la derecha representó una molestia (quizá no llegó a peligro) el hecho de tener un presidente díscolo que hablara nuevamente de “antiimperialismo” y “socialismo”, términos que habían salido de circulación luego de la extinción del campo socialista y el final de la Guerra Fría. Con Chávez hubo intentos de caminar hacia el socialismo, amagues, algunos avances interesantes; de todos modos, ni la gran propiedad se tocó ni la esperanza de poder popular efectivo se materializaron. Fue más el ruido que las nueces.

Pero hubo cambios, por supuesto. Y muchos. Por eso la derecha protesta tanto. Es cierto que no se tocaron los resortes últimos del sistema, pero en un mundo neoliberal a ultranza pensar que los históricamente excluidos puedan tener mejoras, es ya un sacrilegio para el pensamiento conservador. Y en la Venezuela bolivariana, con Chávez a la cabeza, hubo mejoras importantes. De hecho, el nivel general de pobreza se redujo ostensiblemente en los años que se viene llevando a cabo este proceso: de un 70.8% que alcanzó en 1996 llegó en el 2012 a un 20%, la reducción más grande en América Latina detrás de Ecuador y una de las más grandes en el mundo, según reconociera una prestigiosa institución internacional como la CEPAL. Los logros sociales de la Revolución Bolivariana, sin dudas, están a la vista. “Ladran Sancho, señal que cabalgamos”, podría decirse sin temor a equivocarnos.

¿Por qué, entonces, abrir esta crítica y llamar a una revolución dentro de la revolución ahora? ¡Porque ello es imprescindible para que siga habiendo revolución!

El proceso bolivariano hace tiempo que está empantanado. Por supuesto que, desaparecido el comandante, la continuidad de la revolución en curso se ha tornado más difícil. Eso no es culpa del actual mandatario, Nicolás Maduro. Pensar que los problemas que sufre actualmente el rico y esperanzador proceso abierto años atrás se debe a la debilidad o impericia del nuevo presidente sería un garrafal desatino. O más bien: ¡sería peligrosísimo!, pues ello reduciría una revolución socialista a una administración política, al carisma de quien está sentado en el sillón presidencial. Y la revolución socialista es infinitamente más que eso. Más aún: ¡no es eso! Pero justamente los problemas actuales que sufre el “chavismo” deben llevar a una profunda, necesaria, imprescindible autocrítica. ¿Por qué “chavismo”? ¿Por qué ese culto a la personalidad? ¿Y el verdadero poder popular? ¿Qué socialismo se está construyendo?

Con las últimas elecciones presidenciales de abril, luego de la muerte de Hugo Chávez, se abrían tres escenarios posibles: 1) triunfo de la derecha visceral con Henrique Capriles Radonski (con un presumible retroceso de todos los avances de la revolución), 2) triunfo del PSUV con Maduro a la cabeza y profundización de la construcción del socialismo (añorado por la izquierda, pero sin dudas lo más difícil de materializar) y 3) triunfo del “heredero” de Chávez con creciente control del proceso político por la derecha bolivariana, la llamada “boliburguesía” enquistada en el aparato estatal (burócratas nuevos ricos que hablan con un lenguaje chavista pero con clara ideología conservadora). Lamentablemente para la causa popular, el tercer escenario parece ser el que se va dando.

Hace unos pocos años atrás Nicolás Maduro, siendo presidente de la Asamblea Nacional, decía: “Lo que nosotros hemos llamado 'parlamentarismo social en la calle' no es otra cosa que el liderazgo social de lo que ahora se está viviendo en Venezuela. Es convertir la Asamblea Nacional -que es el órgano parlamentario del país- en un verdadero poder popular. Es decir: que no sea simplemente un Congreso de elites donde éstas deciden por el pueblo, donde sustituyen la voluntad popular, piensan y deciden por el pueblo, pero donde terminan articulándose con las elites del poder económico -nacional e internacional- para seguir manteniendo el status quo en materia de las leyes fundamentales que rigen la economía y la vida social de la nación. (…) El parlamentarismo de calle es un salto revolucionario en relación al parlamentarismo tradicional burgués basado en la democracia representativa. (…) ¿Qué puede sustituir a la vieja democracia colonial representativa y desgastada de los partidos políticos que existe en el continente? Pues una democracia popular, una democracia revolucionaria, participativa y protagónica, donde el pueblo, el ciudadano sea el principal actor.” Por supuesto escuchar algo así abre enormes esperanzas para el campo popular, para la posibilidad de un cambio revolucionario real. ¿Qué sucedió luego, o qué está sucediendo, que un siniestro personaje como José Sánchez Montiel, más conocido como Mazuco, asume como diputado en esa misma Asamblea Nacional ante la mirada atónita del pueblo, luego de una obvia decisión inconsulta y con algún arreglo bajo la mesa con la derecha recalcitrante? Mazuco, valga no olvidarlo, fue en el Estado Zulia -la tierra del ahora prófugo Manuel Rosales, ultraderechista apoyado por la CIA- el mejor alumno en el crimen y en el delito de Henry López Sisco, el más grande policía asesino que tuvo Venezuela, quien se jactaba de haber asesinado personalmente a más de 200 revolucionarios y luchadores populares en los años que activó en la DISIP. Mazuco, no olvidarlo nunca: un convicto criminal acusado de las peores violaciones, sindicado como homicida, ladrón y narcotraficante: ¿cómo es que ahora pasa a ser diputado? ¿Y el poder popular, compañeros? ¿Y el “parlamentarismo de calle”?

¿Y cómo entender la detención del nacionalista vasco Asier Guridi Zaloña, quien tenía años en el país, el pasado 1° de septiembre a manos del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), con la colaboración de la Policía española y la Policía Judicial francesa, quienes operaron en el territorio nacional con beneplácito del gobierno violando la soberanía venezolana? ¿Era necesaria esa jugada política para congraciarse con alguien? ¿Qué aporta eso a la construcción del socialismo?

En ese orden de ideas que nos deben llevar a la imprescindible y crucial autocrítica: ¿cómo entender el enorme peligro electoral en ciernes para el próximo 8 de diciembre, en las futuras elecciones municipales, donde muchos precandidatos bolivarianos a alcalde decidieron lanzarse por su cuenta luego que fueran omitidas las elecciones internas y decididos los candidatos de manera arbitraria por la jerarquía del Partido Socialista Unido de Venezuela -PSUV-? ¿Qué socialismo nuevo se está construyendo así? ¿Qué modelo de socialismo es el que está en juego entonces?

Se podría llegar a decir que estos son aspectos puntuales, no relevantes, no definitorios de un proceso más amplio que es la Revolución Bolivariana en su conjunto. Pero no debe olvidarse que en la última elección presidencial, con toda la maquinaria electoral del PSUV y la apelación monotemática a la figura del extinto comandante, el candidato bolivariano venció por una mínima diferencia. Es cierto que la derecha actúa, y mucho, para conspirar contra el proceso en curso. Pero sin la autocrítica mínima e indispensable no puede haber socialismo. Como dijo Maduro algún tiempo atrás, sin “una democracia popular, una democracia revolucionaria, participativa y protagónica, donde el pueblo, el ciudadano sea el principal actor” inexorablemente no puede haber socialismo. Es por eso que aparecen esos tres epígrafes abriendo la presente reflexión: no se puede estar con dios y con el diablo al mismo tiempo. O se es socialista, o se es capitalista. Aunque sea lapidario y pueda pasar por esquemático, es así. Capitalismo con rostro humano no deja de ser, antes que nada, capitalismo. Si hay un proceso real de transformación, no puede entronizarse la figura de nadie. Eso, no lo olvidemos, está más cerca de la religión que del ideal socialista. Sin negar la importancia de los grandes conductores en la historia -y Chávez lo fue, sin lugar a dudas- es hora de abrirse sanas autocríticas al respecto (por eso es más que pertinente la cita del Che Guevara).

Es cierto que la derecha arremete feroz contra el proceso bolivariano. Pero ¡cuidado! Esa misma derecha tradicional está haciendo su gran festín económico y el gobierno revolucionario deja pasar. ¿O es cómplice? ¿Cómo entender el crecimiento imparable de la especulación parasitaria y del capital financiero?

No caben dudas que mucho de las dificultades económicas actuales se deben a procesos de desestabilización arteramente concebidos. El desabastecimiento crónico de productos de primera necesidad (el papel higiénico como infamante símbolo), un dólar paralelo 6 o 7 veces más caro que el oficial o un proceso inflacionario que no cesa, hacen que el panorama actual se complique. Pero no debe dejarse de tener en cuenta que muchas medidas del gobierno no contribuyen al afianzamiento de cambios revolucionarios: las impopulares devaluaciones (que siempre, en lo fundamental, paga el pobrerío), la siempre omnipresente dependencia del petróleo (¿se puede hablar seriamente de un “socialismo petrolero-rentista” o eso es un desatino peligroso?), el escaso desarrollo industrial nacional que fuerza a importar cerca de un 50% de los alimentos, a lo que se suma, no como males menores sino, quizá, con mayor fuerza en la percepción de las grandes masas populares, una generalizada y abrumadora corrupción de muchos cuadros bolivarianos: ¿son un camino al socialismo? ¿Cuáles son los antídotos que se están poniendo a todo esto?

Decretar una “Navidad temprana” a partir del 1° de noviembre (¿fomento del alocado consumismo navideño?, ¿festejo religioso en un gobierno que debería ser, como mínimo, laico?) o el lanzamiento de un cuestionable Viceministerio de la Suprema Felicidad (que sirvió, más que nada, a la burla por parte de la derecha), propiciar la entrada de un piloto venezolano a la Fórmula Uno Internacional, ¿son medidas socialistas? Esto hace recordar a la propuesta, algunos años atrás, de una gobernadora chavista que ideó una Misión específica para dotar de implantes de pechos de silicona a las mujeres de escasos recursos, moción que no prosperó pero que deja ver el talante en juego: ¿vamos hacia el socialismo con pilotos de carrera, pechos siliconados y festejos de la Navidad?

Nadie dijo que construir un nuevo modelo de sociedad fuera fácil. Tomar el poder -si se quiere: tomar la casa presidencial, para decirlo con una visión minimalista- es tremendamente difícil; pero mal o bien (así sea con un escaso margen de votos) eso sucedió en Venezuela. Pero tener la estructura del Estado capitalista no es, ni por cerca, tener el poder. Ahora bien: aquí empiezan los problemas. Cambiar una sociedad, transformar de cuajo algo para hacer surgir una cosa nueva, es infinitamente más que manejar una casa de gobierno. En muy buena medida, es revolucionar las cabezas, los modos de pensar, las actitudes seculares. “Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”, dijo con mucha razón Einstein.

Lo que está sucediendo en Venezuela, aún con todos los errores y problemas propios del proceso en marcha, sigue siendo una esperanza abierta. Por eso mismo quienes seguimos apostando por transformaciones reales y no agachamos la cabeza, con o sin Chávez en la dirección seguimos viendo ahí una ventana de oportunidades. Y justamente por eso, porque vemos que se ese proceso cada vez más está secuestrado por un pensamiento reformista, socialdemócrata y burocrático, es que nos alarmamos por cómo van las cosas.

Felizmente hay importantes sectores dentro del aparato de Estado, dentro del PSUV, en la ciudadanía, en la calle, en las comunidades, en la militancia comprometida, que ven estos peligros. Este escrito, hecho por un no-venezolano y desde fuera del país, quizá no pase de quedar en el olvido, sin ninguna consecuencia práctica real. Pero no hay peor lucha que la que no se hace. Es por eso que apoyo, llamo y me sumo a las propuestas de profundización real de la Revolución Bolivariana. Ello implica ir frontalmente contra la derecha endógena que se ha adueñado del proceso, denunciarla, aislarla, devolver la vitalidad perdida a la revolución, llamar a la movilización genuina de las masas venezolanas, recuperar la vitalidad transformadora que se fue tapando con medidas populistas y reformistas. “Suprema felicidad” o “Navidad temprana” quizá no, por ambiguas, quizá risibles o cuestionables. Más modestamente: poder popular, control obrero y campesino de la producción, defensa real de la revolución con milicias populares. Es la única manera de mantener viva la esperanza. Lo demás, tiene sus días contados.

sábado, 16 de noviembre de 2013

¿Por qué no hay revueltas? ¿Por qué hay revueltas?

Por: Luc Boltanski
VientoSur.info
Miércoles 13 de noviembre de 2013

[Este texto, publicado en el número 15 (2012) de la revista Contretemps, es la trascripción de una conferencia de Luc Boltanski en la universidad de verano del NPA, el 26 de agosto de 2011. Lo publicamos en una versión ligeramente reducida, en la que hemos eliminado solamente algunos breves comentarios sin importancia para el contenido fundamental del texto y difíciles de entender fuera de Francia].

[…] El momento en que se desencadena una revuelta pertenece a la categoría del acontecimiento. Un acontecimiento es siempre una singularidad, cuya especificidad consiste en inscribirse en un determinado estado del espacio-tiempo. Todas las revueltas son singulares. Pueden hacerse aproximaciones entre diferentes revueltas, intentar establecer series históricas, pero esto no quita nada, a fin de cuentas, a la singularidad de cada acontecimiento de este tipo.

Ahora bien, las ciencias sociales están construidas en gran medida según el modelo de las ciencias de la naturaleza, que se apoya a su vez en un esquema heredado del pensamiento griego antiguo que pretende distinguir claramente lo accidental de lo esencial. Según este esquema, la ciencia no tiene nada que ver con lo accidental y sus investigaciones sólo pueden tratar de las dimensiones esenciales, y por tanto permanentes, de los procesos que toma como objeto. Volvemos a encontrar esta idea en el estructuralismo moderno. De donde se derivan, por ejemplo, muchos debates sobre si la historia, o la medicina, la política o la estrategia, deberían ser consideradas propiamente ciencias o si estas disciplinas empíricas no serían más próximas al arte, o a lo que los antiguos denominaban la prudencia, entendida como una especie de capacidad, más o menos imprecisa, interiorizada, que permite comprometerse con éxito en el terreno de la acción práctica. Pienso que sería muy importante para las ciencias sociales superar esta oposición y construir conceptos y métodos que permitieran a estas disciplinas pensar estos acontecimientos. Pero por ahora no es el caso. Como saben los historiadores o los sociólogos, calificar un trabajo histórico de “referido a un acontecimiento” o un trabajo sociológico de “anecdótico”, sigue siendo todavía hoy una forma de descalificarlo, como si la vida social no fuera otra cosa que una sucesión de “anécdotas”. La rehabilitación del acontecimiento y de la anécdota es por tanto, a mi juicio, una tarea importante para las ciencias sociales.

Por tanto, las ciencias sociales consideran que su objeto lo constituyen sobre todo las dimensiones estables y permanentes de las acciones humanas. Lo que los sociólogos denominan “regularidades”, a veces establecidas desde el siglo XIX apelando a técnicas estadísticas. Esto tiene dos consecuencias para el objeto de nuestra reflexión. La primera es que la cuestión de por qué no hay revueltas parece mas accesible que la cuestión de saber por qué las hay, y que ha sido tratada, me parece, más minuciosamente por los sociólogos, los politólogos o los filósofos, que la cuestión inversa de por qué hay rebeliones. En efecto, el estado de no-rebelión puede ser tratado como un estado estable, dotado de cierta permanencia, y puede ser aprehendido bastante fácilmente por medio de la descripción de los condicionamientos, asociados a estructuras, que aseguran la robustez de lo que se denomina un cierto orden social. La segunda es que la cuestión de por qué hay revueltas ha sido aprehendida sobre todo intentando reconstruir las circunstancias en que se manifiestan las revueltas. Con el objetivo de establecer, comparando diferentes revueltas, clases de circunstancias favorables a su aparición, lo que vuelve a llevarnos, más o menos, a un planteamiento de aspecto estructural. Dicho de otra manera, existirían condiciones estructurales que se pueden calificar de “normales”, en las cuales los actores aceptan, más o menos implícitamente, el orden tal cual es, y otras condiciones estructurales, más raras, que serían favorables al desarrollo de las revueltas. Pero, para estos enfoques, cada revuelta particular sigue siendo una especie de misterio sobre el cual, en el fondo, no hay mucho que decir. Otro efecto, paradójico, de este tipo de enfoque tan frecuente en las ciencias sociales es la tentación de reducir la singularidad del acontecimiento de la revuelta tomada como objeto de estudio, e incluso cuestionar que se trate verdaderamente de una revuelta. Muchos sociólogos e incluso historiadores se ingenian así en demostrar que bajo la apariencia de un acontecimiento que vendria a modificar profundamente el orden político y social existente, están actuando las estructuras, capaces de rehacerse en el periodo largo –como decia Fernand Braudel–. Son siempre los mismos grupos los que intervienen. Los dominantes de antes de la revuelta son también los dominantes después, aunque hayan cambiado de aspecto. Para estos analistas, que podrían calificarse de pesimistas o de optimistas según sus compromisos politicos les inclinen hacia la izquierda o hacia la derecha, nunca ha habido nada nuevo bajo el sol.

Explicar la ausencia de revuelta vs. explicar la revuelta

Voy a partir de la oposición que acabo de plantear, para defender la idea de que uno de los problemas centrales de la sociología política se presenta de la siguiente manera. Por una parte, existe en sociología política marcos teóricos, bastante numerosos y bastante sólidos, para explicar por qué la gente no se rebela. Son, por decirlo brevemente, las teorías del consenso y, sobre todo, las teorías de la dominación. Existen por otra parte teorías, a mi juicio menos elaboradas conceptualmente, que pretenden explicar por qué la gente se rebela. Pero estos dos géneros de teorías se han desarrollado de forma más o menos independiente las unas de las otras y han tenido tendencia a ignorarse.

Añadiré que, de forma bastante paradójica, hay que decirlo, las teorías que pretenden conocer por qué la gente no se rebela han sido elaboradas sobre todo por teóricos de izquierdas. Esto es cierto, desde luego, en el caso de las llamadas teorías de la dominación o de la reproducción. A la inversa, las teorías que pretenden comprender por que la gente se rebela han sido elaboradas más bien por teóricos conservadores o, a lo sumo, socialdemócratas.

Las teorías de la dominación. Voy a señalar brevemente algunos ejemplos de marcos teóricos que pretenden comprender por qué la gente no se rebela y parece aceptar el orden en que está sumergida, incluso cuando se encuentra desfavorecida o explotada. Estas teorías han sido asociadas con una decepción, respecto a las esperanzas de revolución en Europa occidental, sobre todo tras el fracaso de la revolución alemana de 1918. Pero también con una decepción ante el rumbo tomado por la revolución soviética con el ascenso del estalinismo. El desarrollo de este tipo de teorías vino después estimulado por el rápido y poderoso ascenso de los movimientos fascistas y por su capacidad de suscitar la adhesión de una parte de la clase obrera. Estas teorías pretenden proporcionar marcos analíticos que permitan comprender por qué las promesas del marxismo aparentemente no se han cumplido (en vez de preguntarse si no había sido una mala interpretación del marxismo. Es en cierto modo un movimiento comparable a las escatologías apocalípticas de los primeros siglos del cristianismo, que intentaban comprender por qué Cristo tardaba en volver para cumplir las promesas del Reino).

La historia de la Escuela de Frankfurt ofrece buenos ejemplos de construcción de estas teorías de la dominación y de la aceptación de la dominación. El giro pesimista en la reflexión de los filósofos de la Escuela de Frankfurt, que conducirá a la Dialéctica negativa de Adorno, pretende comprender cómo las promesas de emancipación han podido quedar sumergidas por el ascenso del fascismo, del nazismo y del estalinismo, con la aceptación, al menos pasiva, de una parte importante de la clase obrera.

Este pesimismo se reforzó por el malestar que suscitaba entre muchos filósofos de Frankfurt refugiados en los Estados Unidos el choque con la sociedad americana, cuyas clases populares parecen aceptar la explotación de que son objeto. Este fenómeno es achacado a mecanismos psico-sociológicos complejos, que conducen a los actores a interiorizar los valores en cuyo nombre son explotados. Los filósofos de Frankfurt, sobre todo Adorno y Marcuse, destacan el papel que juega en la sociedad americana la industria cultural, el cine, los medios de comunicación, la cultura de masas, etc., y en los procesos de aceptación de la autoridad a través de la represión sexual durante la educación primaria. Para un pensador como Marcuse, el modelo de dominación desarrollado en los Estados Unidos no es menos totalitario que el fascismo o el estalinismo, aunque se efectúe por medios menos violentas y parezca compatible con ideales democráticos. En el curso de estas reflexiones, se hace una interpretación de la violencia social que después será retomada y reelaborada por Pierre Bourdieu. Para comprender la violencia, no sólo hay que considerar la violencia física patente, sino también la violencia simbólica que conduce a resultados similares, aunque de manera disimulada y con una aceptación al menos aparente por quienes sufren esta violencia.

Veinte años más tarde, la sociología critica francesa de los años 1960-1970 se plantea un problema similar. A comienzos de los años 1960, hay un tema que ocupa un lugar muy importante en la sociología conservadora y/o de izquierda socialdemócrata. Es el tema del final de las ideologías, desarrollado en Francia sobre todo por Raymond Aron. Y del final de la lucha de clases. Según estos teóricos conservadores, el mundo occidental ha entrado en una “sociedad de la abundancia”, que anuncia la disolución progresiva de las clases sociales (en provecho de una gran clase media) y el debilitamiento de las luchas de clases. Sociólogos como el inglés John Goldthorpe describen al nuevo obrero de la sociedad de la abundancia, que ha abandonado el proyecto de emancipación por medio de la revolución, sustituyéndolo por esfuerzos para integrarse en la sociedad socialdemócrata, combinación de estatismo y de mercado, mediante la escuela, la movilidad social y el acceso al consumo.