Por: Javier Biardeau R.
"El término hegemonía deriva del griego eghestai, que
significa 'conducir', 'ser guía', 'ser líder'; o también del verbo eghemoneuo,
que significa 'ser guía', 'preceder', 'conducir', y del cual deriva 'estar en
el frente', 'comandar', 'ser el señor'. Por hegemonía, el antiguo griego
entendía la dirección suprema del ejército. Tratase, por tanto, de un término
militar. Hegemónico era el jefe militar, el guía y también el comandante del
ejército. En la época de las guerras de Peloponeso, se hablaba de ciudad
hegemónica para indicar la ciudad que dirigía la alianza de las ciudades
griegas en lucha entre sí". (Gruppi: Gruppi, L (1978) Il concetto di
egemonia in Gramsci. Roma. Editori Riuniti. [O conceito de hegemonia em
Gramsci. Traduçâo de Carlos Nelson Coutinho. Rio de Janeiro, pag.1)
Las palabras no son neutras. Gramsci realizó una
trasmutación de la hegemonía política como supremacía, y la recolocó en la
problemática de las alianzas sociales y políticas, en la articulación
ético-cultural de una voluntad colectiva nacional-popular a partir de la
construcción de un liderazgo no solo político, sino ético cultural, de un nuevo
bloque histórico. Sin embargo, en Venezuela, el uso del termino hegemonía
significa para diversas capas, sectores y clases supremacía política. En los
casos más burdos, se trata de la imposición, del uso de medios de fuerza. En
los casos más sofisticados de la supremacía política, uso de estrategias de
presiones directas o indirectas, de coacciones veladas o encubiertas, de
manipulación, fraude y engaño. Sin embargo, hegemonía no es simple persuasión
coactiva. Hay diferencias con el uso que le daba la socialdemocracia rusa en el
proceso revolucionario. No solo hay coacción en los procesos de
dominación/subordinación, también hay construcción de consenso. Pero en
Venezuela, Gramsci fue solo una seña tardía de algunos núcleos intelectuales y
políticos, sobre todo del emergente Movimiento al Socialismo (1971) desde la
recepción de su obra desde finales de los 60 hasta principios del los 70. Pero
aún así, el uso político, los sentidos y significaciones dominantes del término
fueron fijados por la “subcultura de la adequidad”. Son historia conocida los pactos
y compromisos de Betancourt para facilitar la penetración de la dominación
norteamericana sobre Venezuela. Rómulo Betancourt fue un gran lector del
marxismo, sobre todo un gran conocedor del leninismo. Manejaba la máxima de Sun
Tzu referida en el capitulo sobre la “estrategia ofensiva”: “Por tanto os digo:
Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo; en cien batallas, nunca saldrás
derrotado. Si eres ignorante de tu enemigo pero te conoces a ti mismo, tus
oportunidades de ganar o perder son las mismas. Si eres ignorante de tu enemigo
y de ti mismo, puedes estar seguro de ser derrotado en cada batalla.” Rómulo se
dedicó a aprender todo lo que pudo del marxismo, simuló ser “marxista de tierra
caliente” (calificativo que le dio Mariano Picón Salas); en algunas ocasiones,
como sofisticado actor de la historia, realizó acciones que lo acercaban al
“marxismo heterodoxo”. Esto confundió a más de uno, que todavía anda
“resentido” por la victoria de Betancourt sobre la izquierda histórica
venezolana. Pero no es desde el “resentimiento” que se superará la actitud de
derrota que todavía habita en las mentalidades de la vieja izquierda.
Betancourt tuvo la habilidad de derrotar a una izquierda doctrinaria, que
anticipaba mecánicamente sus maniobras y estrategias Hay que aprender
definitivamente de Sun Tzu.
Muchos olvidan que lo más importante de esta máxima se
desprende de la lectura de la totalidad del capítulo y de la obra de Sun Tzu,
sobre todo cuando dice: “Someter al enemigo sin luchar es la suprema
excelencia. De este modo, lo que es de máxima importancia en la guerra es
atacar la estrategia del enemigo. Lo segundo mejor es romper sus alianzas
mediante la diplomacia. En tercer lugar viene atacar a su ejército. Y la peor
de todas las estrategias es atacar ciudades”. Difícil de comprender y utilizar
el arte de la estrategia de desarmar la estrategia del enemigo. Cuando Sun Tzu
dice “vencer sin luchar” no implica pasividad alguna, simplemente se trata de
no llegar a inútiles “derramamientos de sangre”. Desmantelar, desmontar,
desarmar por tanto la iniciativa estratégica del enemigo, a través del máximo
conocimiento de su estrategia; allí comienza también el juego entre hegemonía y
contra-hegemonía, allí comienza el pensamiento estratégico, un saber de
interdependencias tácticas, de reciprocidades, de encuentros, aproximaciones
directas e indirectas, ofensivas y defensivas, un juegos complejo de
condiciones, causas, accione, azares e incertidumbres. Y el pensamiento
estratégico del Imperio ha identificado como enemigo a Gramsci. Como buenos
estrategas, han re-utilizado los instrumentos teóricos elaborados por Gramsci
para su propio beneficio e intereses estratégicos.
Recuperemos la memoria, y leamos el documento conocido como
Santa Fe II. Una estrategia para América Latina en la década de 1990, elaborado
por llamado Comité de Santa Fe (Sr. L.Francis Bouchey, Dr. Roger Fontaine, Dr.
David C. Jordan, y el Tte. Gral. Gordon Summer, hijo). Este documento planteó
identificar y neutralizer la llamada “ofensiva cultural marxista”:
“El importante e innovador teórico marxista que reconoció la
relación de los valores que la gente observa en la creación del régimen
estatista fue Antonio Gramsci (1881-1937). Gramsci afirmaba que la cultura o el
conjunto de valores de la sociedad mantienen primacía sobre la economía. Según
Gramsci, los trabajadores no conquistarían el régimen democrático, pero los
intelectuales sí. Para Gramsci, la mayoría de los hombres tiene los valores
comunes de su sociedad, pero no están conscientes de por qué sostienen sus
puntos de vista o de cómo los adquirieron en primera instancia. Del este
análisis se desprendía que era posible controlar o dar forma al régimen a
través del proceso democrático si los marxistas podían crear los valores
comunes dominantes de la nación. Los métodos marxistas y los intelectuales
marxistas podían lograrlo mediante la dominación de la cultura de la nación, un
proceso que requería una fuerte influencia en su religión, escuelas, medios de
difusión masiva y universidades. Para los teóricos marxistas, el método más
prometedor para crear un régimen estatista en un ambiente democrático era a
través de la conquista de la cultura de la nación. Conforme a este patrón, los
movimientos marxistas en América Latina han sido encabezados por intelectuales
y estudiantes y no por trabajadores Es en este contexto que debe entenderse la
Teología de la Liberación: es una doctrina política disfrazada de creencia
religiosa con un significado anti-libre-empresa y anti-papal, para debilitar la
independencia de la sociedad del control estatista. Es un retroceso al
galicanismo del Siglo XVII donde los reyes que gobernaban según los derechos
divinos, trataban de subordinar a la Iglesia tradicionalmente independiente.
Así vemos la innovación de la doctrina marxista vinculada a un viejo fenómeno
religioso y cultural. El ataque no abarca solamente uno o dos componentes de la
cultura. Es efectivo en un amplio frente que trata de redefinir toda la cultura
en una nueva terminología, de manera que, de la misma forma que el catolicismo
es redefinido por los teólogos de la liberación, se transforma el arte, los
libros son reinterpretados y los curriculums son reacondicionados. El impulso
de la penetración cultural en América Latina es seguido por diferentes teóricos
educacionales marxistas en escuelas y universidades. El control del Estado
sobre la educación está aumentando a través de los libros de texto y manuales y
las burocracias educacionales exigen más. Un ejemplo típico fue expresado
verbalmente en el gobierno de Lázaro Cárdenas en México, en la década de 1930.
González Vázquez Vela, ministro de educación del gobierno de Cárdenas afirmó
que el "materialismo dialéctico era la base filosófica de la educación
mexicana". El predominio de la izquierda en gran parte de los medios de
difusión en toda América Latina, también debe entenderse en este contexto.
Ningunas elecciones democráticas pueden modificar la continua inclinación hacia
el régimen estatista, si la "industria de elevación de la conciencia"
está en manos de intelectuales estatistas. Los medios de difusión, las iglesias
y las escuelas continuarán desviando las formas democráticas hacia el estatismo
si EEUU y los nuevos gobiernos democráticos no reconocen esto como una lucha
del régimen. La cultura social y el régimen deben estar concebidos para proteger
una sociedad democrática.”
Una retórica imbuida por el establishment
neoliberal/neoconservador norteamericano, que inicio vastas estrategias de
“guerra fría cultural”. Las medidas mas extremas implicaban “neutralizar de la
influencia de intelectuales de izquierda” a los aparatos educativos,
religiosos, culturales y comunicacionales de la “sociedad civil democrática”.
Una suerte de “higiene ideológica”, muy similar a la campaña de “purificación
ideológica” Pinochetista. Sus medidas implicaron “aumentar el presupuesto de la
USIA (Agencia de Información de Estados Unidos) y fortalecer la Oficina de
Diplomacia Pública. De allí surgieron las tesis para crear la NED y otros
organismos similares:
“Estados Unidos tiene que mantener y desarrollar programas
que cultiven los valores democráticos dentro del gobierno permanente. En este
sentido, el programa IMET es de extraordinario valor en cuanto a dar forma al
régimen democrático, haciendo que los militares norteamericanos compartan sus
conocimientos sobre la democracia. El impacto de este programa, por tanto, no
puede verse exclusivamente en términos de sus beneficios militares, sino
también en cuanto a su contribución a los esfuerzos por la democratización.”
También propusieron:
“El desarrollo de una política cultural es decisivo para el
apoyo de EEUU a la gestión latinoamericana encaminada a mejorar la cultura
democrática. El esfuerzo gramsciano por socavar y destruir la tradición
democrática mediante la subversión o corrupción de las instituciones que contienen
o mantienen esa tradición debe ser combatido. El aumento del presupuesto de la
USIA con este problema particular en mente, debe tener la prioridad número uno.
La USÍA es nuestra agencia para llevar a cabo la guerra cultural.”
De nuevo es conveniente regresar a Sun Tzu: desarticular la
iniciativa estratégica del enemigo. ¿Guerra fría cultural? Es ante este
fenómeno que la pluralidad socialista democrática para el siglo XXI se
enfrenta, ya que al parecer solo el pensamiento político del imperio es portador
del canon democrático. Todo se reduce a lo siguiente: “No hay más modelo de
democracia que la democracia de los EE.UU”. Obviamente, quienes se acerquen al
modelo norteamericano serán “democráticos”, quienes se alejen “estatistas” y
enemigos” de los EE.UU. El pensamiento neoconservador/neoliberal se pretende
proyectar hacia todo el globo como el pensamiento único sobre la democracia.
Suponer que hay que abandonar la democracia, que ésta es burguesa, liberal y
capitalista, es entregarse justamente a la estrategia del Imperio. Así mismo,
copiar el guión Gramsciano, sin crear estrategias innovadoras, flexibles, que
anticipen el escenario donde se mueve el Imperio, es cederle la iniciativa
estratégica. La conclusión es que no hay que volverse dogmáticamente Gramscianos,
hay que leer críticamente a Gramsci. El núcleo del mensaje es que cualquier
pensamiento crítico socialista debe ser un pensamiento estratégico, no un
pensamiento doctrinario.
Por otra parte, insiste en esta línea el documento de Santa
Fe IV. El futuro de las Américas para el Nuevo Milenio: temas para el nuevo
milenio (2000). Lewis Arthur Tambs. Diplomático. Historiador. Profesor en
Arizona State University. Nacido en San Diego, Estados Unidos, en julio de
1927. Ph. D. En San Francisco, Standart Brands (1953-1954). Profesor en Caracas
– Maracaibo, Venezuela (1954-1957). Director del Centro de Estudios
Latinoamericanos (1972-1976). Embajador en Costa Rica (1985-1987). Autor de
Europa del Este y Economía Soviética (1975). Política Interamericana de los
´80, publicado en Police Counsel, spring 1997, Estados Unidos. Como
colaboradores aparecen Rachel Ehrenfeld, David Foster, Sol Sanders, Gordon
Summer Jr., Lewis Tambs. En este documento Santa Fe IV se plantea:
“Al mismo tiempo, los comunistas e izquierdistas de Estados
Unidos están en pleno avance. Siguen la agenda establecida hace muchas décadas
por Antonio Gramsci (1891-1937) y otros para traer el comunismo a este
hemisferio a través de los muchos canales: la religión (la teología de la
liberación), la prensa, las instituciones educativas en su relación con la
cultura (el comunismo está vivito y coleando en las universidades del
hemisferio) y el sistema judicial. (…)En este momento de la historia, Estados
Unidos se encuentra en los primeros estadios de un desafío mayor a nuestro
sistema político, concretado en la penetración de nuestro hemisferio. No está
usando necesariamente medios militares tradicionales. Por el contrario, están
comprometidos en esfuerzos no convencionales, que son difíciles de enfrentar
para nuestro país, sobre todo cuando se entra en la zona de los derechos
humanos, que ha sido el bastión de los intentos de la izquierda para abortar
todos los esfuerzos tendientes a proteger la libertad del individuo en esta
parte del mundo.”
Al convertir a la cultura como ámbito de guerra, se
comenzaban a prefigurar las llamadas doctrinas de la IV generación. Ya se han
actualizado los paradigmas de Gramsci sobre la hegemonía ético-cultural. Existe
una vasta escuela de persuasión, comunicación política y manipulación de
imaginarios por parte del Imperio. Luchar en el terreno de valores, creencias e
ideales que configuran y sostienen el sistema mayoritario es parte de la
batalla mediática de todos los días. Perseguir la organización de un modo de
conformismo ideológico en el pensamiento y acción es lo que comúnmente la
oposición venezolana denuncia como “ideologización”, una verdadera impostura
que encubre su propia proyección y posición ideológica. “A la Guerra Cultural
de la CIA y de los tanques pensantes de Santa Fe hemos llegado”, podría decir
Don Quijote, a Sancho…y ladran los perros.
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