jueves, 21 de noviembre de 2013

En fotos: esclavos de Brasil, entre la emancipación y la exclusión

bbcmundo.com

Una exposición en Sao Paulo titulada "Emancipación, inclusión y exclusión" reúne 74 fotografías de negros en Brasil en el siglo XIX, muchos de ellos esclavos. Esta imagen, "Salida para la cosecha de café en carreta", fue tomada en el Valle del Paraíba, en 1885.

(Foto: Marc Ferrez/Colección Gilberto Ferrez/Acervo Instituto Moreira Salles)

Las fotos no documentan actos de "violencia explícita" contra esclavos pero expresan su opresión, explica Sergio Burgi, curador de la exposición del Museo de Arte Contemporáneo de la USP en asociación con el Instituto Moreira Salles.

 (Foto: Marc Ferrez/Colección Gilberto Ferrez/Acervo Instituto Moreira Salles)

Brasil fue el último país de Occidente en abolir la esclavitud: lo hizo en 1888, cuando "la fotografía ya había madurado mucho", dice el curador Burgi a BBC Mundo. Eso se percibe en imágenes como ésta, "Primera foto del trabajo en el interior de una mina de oro", tomada en 1888 en Minas Gerais. 

(Foto: Marc Ferrez/Colección Gilberto Ferrez/Acervo Instituto Moreira Salles)

"Lavado de oro" es otra imagen de Marc Ferrez, uno de los fotógrafos de la época más destacados en Brasil. Uno de sus objetivos fue documentar el proceso de producción económica en las haciendas, dice el curador Burgi. Esta toma fue realizada en Minas Gerais en 1880. 

(Foto: Marc Ferrez/Colección Gilberto Ferrez/Acervo Instituto Moreira Salles)

Negra con niño blanco atado a la espalda, en Bahía 1870. "En muchos aspectos, por la propia fotografía se percibe cómo el legado de la esclavitud permaneció en la sociedad brasileña por décadas", sostiene el curador Burgi. 

(Fotógrafo no identificado/Acervo Instituto Moreira Salles)

Foto de la hacienda de Quititi, en Río de Janeiro, 1865. Se observa un niño blanco, bien vestido y con un juguete, junto a varios niños negros en harapos en el piso. Este miércoles se conmemora en Río y otros estados brasileños el Día de la Conciencia Negra. 

(Foto: Georges Leuzinger/Colección Gilberto Ferrez/Acervo Instituto Moreira Salles)

"Esclavos en la cosecha de café", 1882. El curador Burgi indica que "es más fácil para las generaciones contemporáneas pensar ese período a través de fotos que a través de dibujos, que en cierto modo proyectan un pasado aparentemente distante de algo que es tan próximo". 

(Foto: Marc Ferrez/Colección Gilberto Ferrez/Acervo Instituto Moreira Salles)

"Negra con su hijo", otra imagen de Marc Ferrez, esta vez en Salvador, Bahía, 1884. Además de imágenes de trabajo rural y minería, la exposición reúne escenas urbanas o situaciones domésticas de la época. 

(Foto: Marc Ferrez/Colección Gilberto Ferrez/Acervo Instituto Moreira Salles)

"Siempre están todos posando para el fotógrafo", nota el curador Burgi. Y explica que eso refleja las necesidades del proceso fotográfico del siglo XIX, con grandes cámaras sobre trípode. 

(Foto: Marc Ferrez/Colección Gilberto Ferrez/Acervo Instituto Moreira Salles)

"Quitandeiras", nombre de vendedoras ambulantes que proviene de Angola, en una calle de Río de Janeiro en 1875. "En cierto sentido es un gran retrato colectivo a cielo abierto", dice Burgi sobre la exposición. 

(Foto: Marc Ferrez/Acervo Instituto Moreira Salles)

"Señora en la litera con dos esclavos", inagen tomada en Bahía en 1860 por un autor no identificado. La exposición continuará en el Museo de Arte Contemporáneo de la USP hasta el 29 de noviembre, pero ya hay planes para que circule por Brasil e interés de otros países en recibirla. 

(Foto: Acervo Instituto Moreira Salles).

martes, 19 de noviembre de 2013

Continúa el debate popular constituyente este 22 de noviembre en el IALA Barinas

Este viernes 22 de noviembre se dará continuidad al Debate Constituyente por una Nueva Ley de Semillas Revolucionaria. El debate se realizará en el Instituto Latinoamericano de Agroecología Paulo Freire, Barinas. Adjuntamos el programa, dirección y número de contacto en Barinas.

Este nuevo encuentro del Pueblo Legislador, activo por la Soberanía Alimentaria, es continuación del proceso que se viene dando para la construcción colectiva de la Nueva Ley de Semillas Revolucionaria. Además de los Debates Constituyentes realizados en el Día de la Semilla CampesinaMontecarmelo Estado Lara y en la Aldea Héroes de Canaima en Valencia Estado Carabobo, Se han realizaod otras discusiones en diferentes comunidades y universidades como la UBV Caracas, Centro Campesino el Convite en Mucuchíes, estado Mérida y en el Encuentro Agroecológico en La Azulita Estado Mérida.

En estos debates han participado además de diferentes organizaciones sociales, campesinas, estudiantiles, agroecológicas, representantes de instituciones del estado y diputados de la asamblea nacional, lo que demuestra un ejercicio constituyente de carácter vinculante que desde el debate popular fortalece la construcción de políticas públicas soberanas, en este caso la ley de semillas.

Esto tiene vital importancia en un contexto de Guerra Económica en la cual las fuerzas desestabilizadoras de la derecha intentan sabotear el proceso revolucionario, además de un contexto internacional en el cual el imperalismo global busca privatizar las semillas e instaurar con mas fuerza el paquete transgénico (leyes, semillas, agrotóxicos, latifundio), que hoy en día ha demostrado su capacidad devastadora sobre los sistemas agrícolas.

Así en este mismo instante, en México, Chile, Argentina y Colombia los pueblos están luchando en contra de la aprobación de leyes neoliberales que privatizan las semillas y promueven los transgénicos, que están siendo empujadas por el lobby de las transnacionales, entre ella destaca MONSANTO, DUPONT, BAYER, SYNGENTA, BASF, entre otras.

Hoy en Venezuela el Pueblo Legislador junto a la Asamblea Nacional e instituciones del estado, en un ejercicio constituyente avanzamos hacia la construcción de una nueva ley de semillas revolucionaria, ejemplo al mundo de ejercicio de soberanía y construcción del socialismo.

Defendiendo el Legado del Nuestro Comandante Chávez y avanzando juntos por la soberanía de la Patria!

Nos juntamos en Barinas por la defensa de la semilla!!

Chavéz Vive!! La Lucha Sigue!!

En el día de la alimentación ¡Dejen de jugar con la comida!

Delia Polanco-Loaiza 
Colectivo CARIACO*
17 de noviembre de 2013

Recuerdo a mi Abuela allá en la Montaña de Tocópero, diciéndonos: ¡Dejen de jugar con la comida, eso es malo, el alimento es sagrado!  ¡Ah, sabiduría!  Legado de la cosmovisión de nuestras sociedades originarias, y que han guardado nuestros campesinos y campesinas: el alimento es un regalo de la Madre Tierra, el alimento somos nosotrxs mismxs.

Hoy el alimento pasó a ser ‘cosa’, mercancía, lo dejamos en ‘Otras’ manos, no conocemos quién lo produce, cómo y cuándo se produce, de dónde viene, cómo llegó al ‘supermercado’, no sabemos qué comemos, a menos que suenen las alarmas –léase, las consecuencias- del sistema globalizado de alimentos: leche contaminada, cereales con aflatoxinas, pepinos con Escherichia coli, vacas locas, pollos con dioxinas, carnes saturadas de antibióticos y hormonas, o contaminados por cualquier químico para conservar los largos recorridos para llegar a nuestros platos.  Y así van en aumento las enfermedades trasmitidas por alimentos (ETAs).

Mi Abuela no lo creería, ¡el alimento que nutre que es vida para dar vida, ahora nos enferma!  Tampoco creería que ya no comemos ‘a la hora’, y todos juntos en la mesa, ni que el dulce de cerezo y de semeruco no se utilizan pa enamorá; que desapareció la arepa de mijo y casi no hay arepa pelá;  que en semana santa no se hace mazamorra, ni majarete ni dulce de batata morá, y que en navidad ya no sabemos quién hizo la mejor hallaca porque ahora se compran.  Que ya los muchachxs no se comen las guayabas ni los nísperos, escondios’ en el cogollito de los arboles o la lechosa ‘pajarito’ sentados en el tronco de la mata; que tenemos que comprar medicinas pa’ la tos porque nadie sabe hacer el jarabe taparita;  que ya no hacemos espantapajáros con la ropa vieja rellenos de rastrojo porque no hay conuco…  ¡Ah mundo, todos se fueron pa’ ‘la compañía’, -algunos quedaban-, pero llegó la cementera –que además-, nos quitó el cerro de Turupía, el que atrapaba las nubes pa’ que lloviera.  Lo dinamitan a diario porque necesitan ‘la piedra’, o sea, sus entrañas pa’ el desarrollo… ¿Y el ojo de agua?  Seco.

El alimento es mucho más que un plato de comida, –que ya es bastante-.

*Docente-Investigador Fagro-UCV/Militante de CARIACO (Colectivo Amplio para la Retoma e Investigación de la Agricultura Campesina y Originaria). Correos: cariaco.vzla@yahoo.com.ve; polanco.delia@yahoo.es

domingo, 17 de noviembre de 2013

¿Quién nos alimentará? ¿La cadena industrial de producción de alimentos o las redes campesinas de subsistencia?

Quienes gobiernan, quienes elaboran las políticas, y la inmensa mayoría de los habitantes de las ciudades, no saben que existen importantes sistemas alimentarios invisibles. Han pasado el último medio siglo sin cuestionar el modelo occidental de producción, procesado y consumo de alimentos.

Casi todo lo que se ha pensado sobre seguridad alimentaria en las últimas décadas se basa en ese modelo.

Nos hemos vuelto dependientes de las limitadas estadísticas e interpretaciones que promueven las agroempresas y cada vez hay menos información accesible al público sobre la realidad de los mercados y sus utilidades.

El gran público y quienes diseñan las políticas aceptan que el aumento del consumo de carne y lácteos, la obesidad y la necesidad de fertilizantes y agroquímicos es incontrovertible. Urge debatir lo que sabemos (y lo que suponemos) de la cadena industrial de producción de alimentos.

Para unos, la producción basada en las multinacionales de agronegocios, dominante en la mayor parte del mundo occidental, es el único paradigma realmente creíble y posible. Para otros, son los campesinos quienes deben estar en el punto de partida, en el centro de todas las políticas de alimentación, locales, nacionales y globales.

Usamos el término “campesinos” y “campesinas” para describir a todos aquellos que producen alimentos principalmente para ellos mismos y sus comunidades, sean agricultores rurales, urbanos o peri-urbanos, pescadores de costas y ríos, pastores o cazadores y recolectores. Muchos campesinos entran en todas esas categorías. Los sembradores frecuentemente tienen estanques o animales de traspatio, cazan o recolectan. Muchos van y vienen entre el campo y la ciudad. Por “red” entendemos la complejidad de relaciones que se apoyan unas a otras y que comparten campesinos y comunidades.

La variedad de fuentes de alimentos de las que se nutren las comunidades campesinas dificulta las estadísticas: los campesinos trabajan con unos 7 mil cultivos mientras los analistas de la industria se enfocan en 150. Casi nunca consideran las “cosechas ocultas” (recolección estacional en bosques, orillas y sabanas) o la abundancia de cosechas urbanas (hortalizas, piscicultura y animales).

También es difícil calcular cuánta comida se produce y se consume en la cadena industrial. Se ha escrito mucho acerca del desperdicio que proviene de descartar frutas y vegetales “imperfectos” o de los problemas del transporte a largas distancias, de la buena calidad de los alimentos descartados por los supermercados y lo que los propios consumidores tiran en sus hogares; hay muy poca investigación sobre el consumo excesivo: ¿qué porción del 80% de la tierra agrícola y los fertilizantes que a nivel planetario se destinan a alimentación animal y se convierte en carne y productos lácteos se desperdicia? Cada vez más consumidores rebasan con mucho la ingesta recomendada por las autoridades de salud. Al calcular todas esas formas de desperdicio concluimos que la cadena sólo entrega un 30% de la comida que la humanidad consume y necesita.

Definitivamente la producción industrial de alimentos no es capaz de proporcionar lo que en verdad necesitan aquellos que padecen hambre o desnutrición.

Quién nos alimenta

La cadena industrial provee el 30% de los alimentos utilizando de 70% a 80% de la tierra arable. Usa más de 80% de los combustibles fósiles y 70% del agua destinados para uso agrícola; ocasiona entre el 44 y 57% de las emisiones de gases con efecto de invernadero (GEI) al año; deforesta 13 millones de hectáreas y destruye 75 mil millones de toneladas de cubierta vegetal cada año. Aunque domina los 7 billones de dólares que vale el mercado mundial de comestibles, controla sólo 15% de la comida que se produce en el planeta, (la que se comercia internacionalmente) y deja 3 mil 400 millones de personas desnutridas u obesas.

En un año normal y con buenas tierras, las variedades más productivas de los principales monocultivos comerciales producirían más masa crítica para el mercado por hectárea que las variedades campesinas del mismo cultivo, pero a un costo mucho mayor, que incluye daños a la salud, a los medios de subsistencia de las comunidades y devastación ambiental.

Las redes campesinas producen más de 70% de la comida que consume la humanidad. Entre un 15% y un 20% proviene de agricultura urbana; otro 10 a 15% de la caza y recolección; 5 a 10% de la pesca y entre 35 y 50% de parcelas agrícolas de pequeña escala. Cosecha 60-70% de cultivos alimentarios con el 20-30% de la tierra arable; utiliza menos del 20% de los combustibles fósiles y 30% del agua destinados para usos agrícolas. Nutre y usa la biodiversidad de manera sostenible y es responsable de la mayor parte del 85% de los alimentos que se producen y consumen en las fronteras nacionales. Es el proveedor principal, y a veces el único, de los alimentos que llegan a los dos millones de seres humanos que sufren hambre y desnutrición en el planeta.

En un año normal o malo, en suelos buenos o empobrecidos, las variedades campesinas en sistemas de asociación de varios cultivos, junto con la pesca y la cría de ganado de traspatio producen en total más comida por hectárea y más nutritiva que cualquier monocultivo de la cadena industrial, a una fracción del costo, empleando a más personas y cuidando el ambiente.

Quién nos alimentará

La cadena industrial: Con los acaparamientos de tierras, los tratados comerciales que favorecen a las industrias, los más y más abusivos monopolios de patentes, la criminalización de los intercambios de semillas, los subsidios ventajosos a los combustibles fósiles baratos y el hecho de transferirle a los consumidores y los productores campesinos más y más costos de la producción industrial de alimentos y de la seguridad alimentaria, el porcentaje de población urbana en el planeta llegará al 70%, la obesidad se duplicará, la carne y la producción de lácteos crecerán 70%; la demanda total de alimentos aumentará 50% y la necesidad de agua crecerá 30%. Las emisiones de GEI aumentarán 60%.

La red campesina: Con respeto irrestricto a los territorios campesinos, si se salvaguarda el derecho a la tierra y el agua, a los intercambios de semillas y al mejoramiento vegetal y pecuario comunitarios; si se eliminan las regulaciones que sabotean los mercados locales y la diversidad, si se generaliza el comercio social y ambientalmente justo, si se democratiza la investigación y el desarrollo de prácticas agroecológicas, la población rural planetaria se mantendría en un 50%, el acceso a alimentos y la calidad de los mismos se duplicaría, las tazas de obesidad se desplomarían, las emisiones de GEI se reducirían al menos 60% y la demanda de agua 50%; el uso de combustibles fósiles para labores agrícolas se reduciría entre 75 y 90%.

La cadena industrial usa 150 cultivos, pero se enfoca en sólo 12. 45% de la investigación y desarrollo agrícolas se concentra en la versatilidad del maíz. Se han registrado más de 80 mil variedades bajo propiedad intelectual desde 1970; más de la mitad (59%) son ornamentales. El costo promedio para desarrollar una variedad genéticamente modificada es de 136 millones de dólares. Sólo entre el 10 y el 20% de las semillas que se utilizan en el Sur global provienen del sector comercial. La cadena se centra en el mejoramiento de pocos cultivos y considera sólo 700 de sus parientes silvestres para la adaptación al cambio climático.

La red campesina ha cultivado más de 2 millones 100 mil variedades de 7 mil especies de cultivos desde los años sesenta. Ornamentales, una mínima parte. Producir nuevas variedades no cuesta nada. Entre el 80 y 90% de las semillas se consiguen fuera del mercado. Los campesinos conocen y manejan de 50 a 60 mil especies de parientes silvestres, lo que según la cadena industrial, costaría 115 mil millones de dólares por año.

La cadena industrial trabaja con 5 especies y menos de 100 variedades. Menos de una docena de corporaciones dominan la investigación en genética pecuaria de pollo, cerdo y res. Cuatro empresas dominan 97% de la investigación sobre mejoramiento genético del pollo y 4 dominan 65% de la genética de cerdos. Por la uniformidad genética que promueven, Europa y Norteamérica tienen la proporción más alta de especies pecuarias en peligro de colapso.

La red campesina: Utiliza por lo menos 40 especies pecuarias y mantiene 7 mil variedades locales. 640 millones de agricultores campesinos y 190 millones de pastores cuidan la diversidad animal que nos alimenta. 2/3 de los cuidadores de esas especies pecuarias son mujeres. Hogares rurales y urbanos en el Sur global obtienen de la ganadería doméstica entre 1/3 y 1/2 de sus ingresos.

La cosecha acuática

La cadena industrial captura 363 especies marinas y cría 600 en cautiverio, pero sus programas de mejora se enfocan en sólo 25. La sobreexplotación amenaza a 20% de las especies de agua dulce; 30% de las reservas oceánicas de peces están sobre-explotadas y 57% están al límite de la sobre-explotación. Los barcos pesqueros pescan hoy sólo 6% de lo que se capturaba hace 120 años.

La red campesina pesca más de 15 mil especies de agua dulce y millares de especies en los océanos. Una 5ª parte de la humanidad depende de la pesca como fuente principal de proteínas. Las mujeres representan 33% de la fuerza de trabajo rural dedicada a la acuacultura en China, 42% en Indonesia y 80% en Vietnam.

Quién tiene las tierras y cómo las usa

Por lo menos desde 2001, la cadena industrial se ha apoderado de 15% de la tierra agrícola para producir materias primas industriales y de 2% o más para producir agrocombustibles. Usa entre 70 y 80% de la tierra arable y 176 millones de toneladas de fertilizantes sintéticos, y devasta 75 mil millones de toneladas de suelos (valuadas en 400 mil millones de dólares) cada año. A 78% de la tierra agrícola del planeta la cadena industrial le impone la producción pecuaria (piensos, forrajes o pasturas). 80% del fertilizante se usa en los forrajes pero la mitad de ese fertilizante nunca llega al cultivo por deficiencias técnicas.

La red campesina usa entre 20 y 30% de la tierra arable del planeta, de la cual cultiva por lo menos la mitad sin usar fertilizantes sintéticos. (23% del nitrógeno que se usa en sistemas agrícolas de cultivos asociados proviene de estiércol). La mayoría de los campesinos logran que entre 70 y 140 millones de toneladas de nitrógeno sean fijadas anualmente a los suelos, lo que en un esquema de mercado costaría más de 90 mil millones de dólares.

Quién protegerá nuestros bosques

La industria de productos madereros primarios, con valor de 186 mil millones de dólares, se enfoca en el 0.5% de las especies conocidas (450) . En Centroamérica, el cambio del uso de suelo de bosques a forrajes destruyó 40% de los bosques en 40 años. El 75% de las tierras deforestadas en el Amazonas brasileño está ocupado por ganaderos. Más de 90% de la madera tropical se comercia de manera ilegal.

En las redes campesinas se conservan unas 80 mil especies forestales que 80% de las comunidades del Sur global utilizan de diversas formas. De los bosques y sabanas se recolecta entre el 10 y 15% de la alimentación mundial. Mil 600 millones de personas dependen de los bosques para su subsistencia y las tierras llamadas “ociosas” generan aproximadamente 90 mil millones de dólares por año. La mitad de la tierra de cultivo en el planeta cuenta con al menos 10% de bosques, que tienen un rol vital en la conservación y almacenamiento de los GEI.

Producir destruyendo o producir cuidando

Con la agricultura industrial, se calcula que las emisiones de gas metano aumentarán 60% para 2030. Las parcelas no orgánicas emitirán una cantidad adicional de 637 kg/ha de CO2por año. La explotación del área de lecho submarino que actualmente hacen los buques de pesca industrial cada año contribuye a la destrucción del 1.5% de los prados submarinos y libera 299 millones de toneladas de carbono a la atmósfera.

La agricultura de las redes campesinas mantiene los pastos, las variedades y la diversidad microbiana que contribuyen a reducir las emisiones de metano y óxido nitroso. La agricultura orgánica y campesina, así como las prácticas agroecológicas de restauración de suelos pueden almacenar entre 3 y 8 toneladas adicionales de carbono por hectárea, reduciendo hasta el 60% de las emisiones de GEI. Las tecnologías de los pescadores artesanales no destruyen los prados submarinos.

Quién se acaba el agua

El 76% del agua que cruza las fronteras nacionales se usa para la agricultura industrial y el procesamiento de sus productos (el comercio de frijol de soya [soja] y sus derivados gasta 20% del total de los flujos de agua internacionales de aguas limpias). El comercio de productos animales e industriales requieren cada uno de 12% del uso del agua. La dieta basada en proteína animal necesita hasta 5 veces más agua que una dieta vegetariana. El agua usada para la producción de alimentos que luego se desperdician sería suficiente para satisfacer las necesidades domésticas de 9 mil millones de personas.

En las parcelas que no usan agroquímicos, las filtraciones de nitrato hacia los mantos freáticos son cuatro veces menores. Unos mil millones de personas consumen productos agrícolas que se cultivaron en principio con aguas residuales. El agua de una ciudad con un millón de habitantes puede irrigar entre 1 500 y 3 500 hectáreas de tierras semiáridas. Entre 15 y 20% de la producción global de alimentos ocurre en áreas urbanas. Una dieta vegetariana requiere unas 5 veces menos agua que una dieta basada en la proteína animal.

Quién gasta energía

La cadena industrial consume enormes cantidades de carbón fósil (en combustibles, fertilizantes y plaguicidas) contribuyendo a la degradación ambiental y la emisión de gases. Los fertilizantes y plaguicidas químicos equivalen a la mitad de la energía que se utiliza para producir trigo. La manufactura de nitrógeno sintético usa el 90% de toda la energía que se usa en la industria de fertilizantes.

La red campesina trabaja con una eficiencia energética muchísimo mayor: mientras que para la cadena industrial se requieren 2.7 mega calorías (Mcal) de energía externa para producir un kilo de arroz, la red campesina lo produce con sólo 0.03 Mcal. Para el maíz, el costo energético de la cadena es de 1.4 Mcal, mientras que para la red es 0.04.

La producción industrial alimenta las enfermedades y lucra con el desperdicio. Las conservas se inventaron para alargar la vida de los comestibles, pero actualmente la meta comercial del procesamiento es homogenizar, transportar y concentrar ingredientes en un mercado con valor de 1 billón 370 mil millones de dólares. Desde 1950, el procesamiento de alimentos ha ocasionado que se reduzcan los contenidos nutricionales, se uniformen las dietas, se reduzca la diversidad y se incrementen las tasas de obesidad y enfermedades crónicas relacionadas.

Entre las redes campesinas se procesan y conservan los alimentos para consumo local. Dos mil millones de personas en el Sur dependen de los procesos locales artesanales de fermentación y procesamiento de gran parte de los alimentos que consumen.

De la comida producida industrialmente, entre el 33 y el 40% se desperdicia durante la producción, transporte, procesamiento y en los hogares; un 25% se pierde por el sobreconsumo.

El desperdicio per cápita de alimentos en Europa y Norteamérica es de 95 a 115 kilos por año. Menos de 5% de la investigación agrícola se dedica a comprender y remediar las pérdidas post-cosecha. Los barcos pesqueros industriales arrojan de vuelta al mar 7 millones de toneladas de producto cada año y asesinan 40 millones de tiburones para comerciar sus aletas.

Sumados las pérdidas y desperdicios de todo tipo se calculan entre 280 a 300 kg per cápita en Europa y América del Norte.

En contraste, el desperdicio en los hogares de África Subsahariana y el Sudeste de Asia es de 6 a 11 kilos per cápita, menos de 10% de lo que se desperdicia en los países industrializados.

En esa misma región, la suma de pérdidas y desperdicios daría 120 y 170 kilos per cápita. Gran parte de los desperdicios de los cultivos y alimentos procesados de modos locales en el Sur global fertilizan los suelos, alimentan los peces o el ganado doméstico.

Pese a que la cadena industrial tiene grandes costos y desperdicios, 2 mil millones de personas tienen deficiencias de micronutrientes (868 millones están por debajo de la línea de hambre) y mil 400 millones más padecen sobrepeso (de los cuales 500 millones son obesos). El consumo de carne en los países ricos es casi 2.2 veces más de lo que recomienda la FAO. Se espera que la obesidad se duplique para 2030. Las pérdidas en productividad y en gastos por enfermedades relacionadas con la malnutrición y el sobreconsumo excedieron ya los 4 billones de dólares por año, equivalentes a más de la mitad del valor mundial del mercado de comestibles.

Las redes campesinas de subsistencia en el Sur global son el principal proveedor de comida para quienes padecen hambre o desnutrición. Evitan los monocultivos agrícolas y pecuarios y promueven la diversidad genética. Las dietas diversas, en los lugares donde no dominan las corporaciones de comida rápida, podrían ahorrarle al mundo hasta 4 billones de dólares por año y son la forma más segura para resolver las deficiencias de micronutrientes entre la población. Los valores nutricionales de los cultivos campesinos, debido a su diversidad genética, pueden variar hasta mil veces comparados con la cadena industrial: 200 gramos de arroz por día pueden representar el 25 o hasta 65% de los requerimientos de proteína; un plátano puede brindar entre el 1 y el 200% de la porción diaria de vitamina A que necesita un cuerpo humano.

¿Y los bichos chiquititos?

La apicultura comercial da servicio a una tercera parte de los cultivos en los países industrializados. Las colonias de abejas están teniendo bajas dramáticas a causa de los insecticidas, lo que amenaza con una pérdida de la productividad de unos 200 mil millones de dólares.

Gracias a las redes campesinas, 71 de los 100 cultivos alimentarios más importantes son polinizados principalmente por abejas silvestres que sobreviven con quienes comparten los mismos hábitats, de donde obtienen alimentos y medicinas.

La uniformidad genética de cultivos y animales, combinada con el uso masivo de fertilizantes sintéticos y plaguicidas, ha diezmado las poblaciones de microbios benéficos para la agricultura, erosionando los suelos, afectando la eficiencia alimentaria de los animales y haciéndolos vulnerables en extremo a enfermedades. La industria recolecta y conserva ex-situ 1 millón 400 mil cepas microbianas, sin embargo menos del 2% de la diversidad de los microbios ha sido identificada.

Las redes campesinas de producción de alimentos conservan la diversidad microbiana agrícola en la medida en que logran mantener la integridad de los suelos y la diversidad de cultivos y animales. Los microbios gastrointestinales, al variar entre razas y piensos, ayudan a la eficiencia alimentaria y a la salud general de los animales y reducen las emisiones de metano de las reses.

Trabajo, salud y tecnología

En la cadena industrial la tecnología procede desarrollando micro-invenciones para macro-ambientes: innovaciones o modificaciones genéticas desarrolladas celosamente en laboratorios privados, para aplicar a cultivos que se pretende distribuir a nivel global. Esta tecnología necesita establecer monopolios cerrados, que provocan uniformidad y vulnerabilidad a enfermedades.

En las redes campesinas la experimentación constituye sistemas de tecnología amplias y horizontales que aplican macro-soluciones que son útiles en micro-ambientes: cambios multidimensionales y diversos en los ecosistemas agrícolas de cada parcela. No son patentables, (son el pan de cada día), se benefician de la investigación compartida y de los sistemas de saberes tradicionales.

En los países industrializados se redujo el número de familias de campesinos o agricultores a la mitad o menos, en los últimos 50 años, con el desarrollo agroindustrial y el procesado de alimentos. Millones de familias en todo el planeta han sido desterradas por el advenimiento de la industria en todos sus órdenes.

Además de quitarles su sustento, la agroindustria es una fábrica de exterminio de comunidades: los plaguicidas causan 3 millones de enfermedades severas y 220 mil muertes cada año. Por cada dólar gastado en plaguicidas en el África subsahariana, la región pierde más 6 mil 300 millones por año en costos médicos y baja de productividad ocasionada por enfermedades relacionadas con el uso y consumo de plaguicidas.

En las redes campesinas, 80% de los hogares cultiva algún alimento. Más de dos mil 600 millones de personas en el planeta dependen de la agricultura, la pesca y la cría de animales. Las parcelas campesinas dan empleo a 30% más personas que los monocultivos y desiertos verdes industriales. Aunque el número y tamaño de las parcelas campesinas no está bien documentado, es verificable que la agricultura en pequeña escala es más productiva y sus productos más nutritivos: una de las variedades campesinas de papas en Perú tiene 28 veces más fitonutrientes útiles para prevenir el cáncer que su pariente industrial. Las tortillas hechas de variedades indígenas de maíz azul contienen 20% más de proteínas y son más fácilmente digeribles que las tortillas hechas de maíz de variedades comerciales.

La diversidad

La cadena alimentaria industrial considera que la diversidad es un obstáculo para la producción y para los monopolios. Por su ubicación y sus procesos, está eliminando la mitad de las 7 mil lenguas y culturas que habitamos el planeta. Una tercera parte de los territorios en América del Sur (la República de la Soja y alrededores) ya no cuenta con hablantes de lenguas indígenas.

Las redes campesinas consideran necesaria la diversidad agrícola para asegurar la existencia. En cada región, la supervivencia depende del conocimiento específico y profundo que se tenga de cada cultivo, suelo, clima o raza animal que allí exista. Si se pierden las culturas y las lenguas que estoicamente permanecen en el mundo y que resisten la invasión industrial, nuestra generación será tal vez la primera en la historia en perder más saberes de los que ha ganado.

Asumir que podemos contar con la cadena industrial para solucionar el cambio climático y la crisis de alimentos no se sostiene estadísticamente. La cadena no sólo NO es la respuesta, sino que es gran parte del problema. Urge apoyar los sistemas campesinos de producción de alimentos y las prácticas agroecológicas. Urge más investigación, debate informado y diversidad para terminar los mitos que sabotean los sistemas de alimentación justos y saludables.

Ver el texto completo “Quién nos alimentará: ¿La cadena industrial de producción de alimentos o las redes campesinas de subsistencia? en el sitio del Grupo ETC:www.etcgroup.org/es

Un abismo de riqueza entre países ricos y pobres

COLECTIVO IOÉ
vientosur.info
Sábado 9 de noviembre de 2013

Una nueva estadística sobre la distribución de la riqueza en el mundo muestra que el patrimonio de la población de los 40 países más ricos supera en 198 veces el de las 40 naciones más pobres. La riqueza por persona de los 5 países con mayor riqueza supera en 1.700 veces la de los 5 países más pobres. El descenso de la desigualdad en la última década se debe más a un retroceso de la riqueza especulativa de los ricos que de avances en los países pobres. Hasta ahora conocíamos la brecha económica Norte-Sur/1a través de las desigualdades de renta existentes en el mundo (el “flujo” de lo que se ingresa cada año), pero no se contaba con información de las diferencias de riqueza (el “stock” total de bienes acumulados por los hogares) entre países. El Instituto de Investigación de un banco suizo (Credit Suisse) ha desarrollado una estadística bastante completa sobre la riqueza en 174 países (Global Wealth Report) que resulta de sumar los “activos” que poseen los hogares, incluyendo los bienes financieros (ahorros, inversiones, dinero disponible…) y no financieros (inmuebles, joyas, obras de arte…) y restar los “pasivos” (deudas pendientes). Según esta fuente las diferencias de riqueza por persona entre los 40 países más ricos y los 40 más pobres son siete veces mayores que las diferencias de renta. Si la ratio entre los grupos de más y menos renta en 2012 es de 27, llega a 198 en el caso de la riqueza. La desigualdad es de tal magnitud que obliga a construir un gráfico muy alargado para que los valores de los países pobres resulten mínimamente visibles (Gráfico 1).
Abismo_1
En los primeros 40 países del ranking (cuyos habitantes suman algo más de mil millones de personas) la riqueza media supera casi en cuatro veces su renta anual; es decir, lo acumulado históricamente es muy superior al flujo de ingresos anual. En cambio, en los 40 últimos (también algo más de mil millones de personas) la riqueza acumulada es la mitad de la renta anual, por tanto, las rentas se gastan en consumos básicos y apenas se pueden dedicar a incrementar los patrimonios. Entre estos dos polos se sitúan los 94 países intermedios (cuatro mil millones de personas, más de la mitad en China e India), cuyo patrimonio medio es muy similar a su renta anual.

Distribución de la riqueza por grandes regiones

América del Norte y la Unión Europea, donde vive el 13,2% de la población mundial, concentran el 59,3% de la riqueza (136 billones de dólares en 2012). En el otro extremo, se sitúan el continente africano, la India, el resto de Europa, América Latina y China, que reúnen al 63,1% de la población y sólo al 17,8% de la riqueza (41 billones). En situación intermedia el resto de Asia y del Pacífico (que incluye países muy dispares, como Japón, Filipinas o Vietnam), con tasas más equilibradas: 23,6% de la población mundial y 22,9% de la riqueza (53 billones) (Gráfico 2).

Los cinco países más ricos, en valores absolutos, son Estados Unidos, Japón, China, Francia y Alemania, que concentran el 60% de la riqueza mundial de los hogares. Sin embargo, la riqueza relativa (por persona) es mayor en Suiza, Australia, Noruega, Luxemburgo y Suecia, cuya población de 45 millones de habitantes dispone de un patrimonio medio de 303.000 dólares. La riqueza por persona de estos 5 países es mil setecientas veces mayor que la de los 5 países más pobres, todos africanos (Guinea-Bissau, Etiopía, Burundi, República Democrática del Congo y Malawi) cuyos 193 millones de habitantes sólo alcanzan 161 dólares de patrimonio medio.

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La brecha de desigualdad se ha reducido en la última década

Hasta aquí tenemos una foto fija de la distribución de riqueza en la actualidad. Pero es importante conocer cuál es la dinámica que se ha registrado en los últimos años, que coinciden con el cambio de ciclo económico, a partir de la crisis de 2007-2008. En 2001 la riqueza media por persona en los 40 países más ricos del mundo experimentó una bajada del 8,4%, como consecuencia del pinchazo de la burbuja especulativa de las empresas “punto com”, para subir un 32,5% entre ese año y 2007, y caer de nuevo un 19,2% a raíz de la crisis económica de los últimos cinco años (línea azul del Gráfico 3). En conjunto, el patrimonio medio por persona en el grupo de países más ricos ha experimentado un descenso del 2% entre 2000 y 2012 (-3.600 dólares en valor monetario constante, a precios de 2012). Sin embargo, existen diferencias regionales importantes dentro de este club de países ricos: en la Unión Europea se registró un incremento del 21% (+17.000$), y en América del Norte una disminución del 14% (-31.000$). El punto de partida era muy favorable a los hogares norteamericanos cuyo patrimonio medio en el año 2000 doblaba al de los europeos /2, una ventaja se ha reducido a la mitad (+53%) en el año 2012.

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España se sitúa en 2012 en el grupo de los países más ricos, ocupando el puesto 26 en el ranking de riqueza por persona (el décimo del mundo por la riqueza total de los hogares). Su evolución desde el año 2000 ha estado marcada por los dos ciclos económicos de la década, de expansión hasta 2007 y de recesión a partir de entonces. Después de una caída del 5,2% en 2001, más suave que la experimentada por el grupo de países ricos, experimentó un crecimiento extraordinario del 93,7% entre 2001 y 2007, para bajar un 43,2% entre 2007 y 2012. Fluctuaciones muy elevadas que han estado asociadas a la expansión y posterior pinchazo de las burbujas inmobiliaria y financiera /3, principales activos del patrimonio de los hogares. De esta manera, la riqueza por persona en España en 2012 es sólo un 4,4% más elevada que en el año 2000 (+3.800 euros), un saldo bastante inferior a la media de la Unión Europea (+21%) y con una tendencia a la baja más pronunciada en los últimos años. Por su parte, los 40 países más pobres y los 94 intermedios duplicaron su riqueza por persona entre 2000 y 2007 para reducirla en 2008 en una cuarta parte. A partir de entonces, los intermedios siguieron aumentado su riqueza y los más pobres la redujeron de nuevo en un 13%. En el caso de los 94 países intermedios, conviene destacar el peso determinante de China, pues su riqueza por persona creció un 138% entre 2000 y 2012, mientras el resto de países intermedios aumentó un 49,6%.
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En definitiva, la brecha de desigualdad entre países sigue siendo inmensa, pero las diferencias se han reducido de forma significativa entre los 40 países más ricos y los países intermedios (en este caso por la incidencia de China y, en menor medida, la India), y de forma menos intensa con los 40 países más pobres, que han incrementado su patrimonio medio por persona en un 25% (de 700 a 872 $). Si la riqueza media de los 40 países más ricos en el año 2000 era 34 veces mayor que la de los países intermedios y 252 veces mayor que la de los 40 países más pobres, en 2012 esa ratio pasó a ser de 19 y 198, respectivamente. ¿Quiere decir esto que caminamos progresivamente hacia un mundo menos desigual en términos de riqueza monetaria? A la vista de la evolución que muestra el ver Gráfico 4 parece que estamos ante una caída de la riqueza de los países ricos, producto de la desvalorización de patrimonios basados en la especulación, y no ante un avance importante de los países pobres. En todo caso, hay una cierta expansión en algunos espacios de la antigua “periferia”, basados en una extensión del modelo capitalista y de la acumulación a zonas que habían permanecido al margen de las inversiones globalizadas. Por otra parte, siguen faltando datos para mostrar la evolución del reparto de la riqueza entre las poblaciones de los distintos países. Con ellas nos veríamos obligados a matizar un diagnóstico demasiado optimista. Al menos, en el caso español sabemos que en España las diferencias de patrimonio entre el 25% de hogares más ricos y el 25% más pobre aumentaron de 39 a 50 veces entre 2005 y 2009 (ver indicador 10 del ámbito Renta y Patrimonio del Barómetro social) y que entre 2011 y 2013 se ha incrementado el número de “ultra ricos”, como comentábamos en un post anterior.

8/11/2013

Notas
1/ Indicador nº 1 del ámbito de Relaciones internacionales del Barómetro social de España. Se obtiene a partir de los datos de población y PIB en paridad de poder adquisitivo que publica anualmente el Banco Mundial para 173 países. En las próximas semanas se incluirá un nuevo indicador de distribución de la riqueza en el mundo basado en la nueva estadística que avanzamos aquí.
2/ En los cálculos se incluyen los 28 países que forman actualmente la Unión Europea.
3/ El precio del metro cuadrado de vivienda, en euros constantes, subió un 76% entre 2001 y 2007 y bajó un 24,8% entre 2007 y 2012; y el valor de las acciones aumentó un 96,4% en el primer período para bajar el 24,8% en el segundo. Ver indicadores 11 de Renta y 1 de Vivienda del Barómetro Social de España. La comparación entre las tendencias del PIB mundial, más moderada y regular, y la de la riqueza, con picos y caídas mucho más pronunciados (Gráfico 3) muestran la importancia del componente especulativo de buena parte de la riqueza, ligadas a las fluctuaciones de los valores monetarios, bursátiles e inmobiliarios.